Las voces familiares de los narradores clásicos se unen al coro. La Pulgarcita de Hans Christian Andersen aparece, llevada por un abejorro a una casa en la copa de un árbol solo para ser abandonada cuando él decide que no es tan bonita como había pensado al principio, dejándola caer sobre una margarita abajo mientras el abejorro y sus compañeros se alejan volando. Los hermanos Grimm aportan el relato del humilde zapatero y su esposa, que están sentados junto al fuego una tarde de invierno, maravillados ante la misteriosa fortuna que ha sonreído a su oficio: cada mañana aparecen zapatos finos ya terminados en su mesa de trabajo, aunque ninguno de los dos pueda decir quién ha hecho la labor. El Pequeño Boy Blue toma su nombre de las flores a la orilla del arroyo que florecen en primavera; sus ojos, chaqueta, pantalones y todo lo demás son tan azules como la estación de su nacimiento.
El lado pastoril del volumen brota en un solo momento bañado por el sol: una mañana de verano llama a todos los seres vivos —la cabra, los terneros, la gata con sus zapatos blancos, los patos, los polluelos que se tambalean, las palomas de plumas suaves—. El césped está mojado y el sol cálido, y el niño que los llama se encuentra entre ellos, mientras la mañana rebosa vida. La campana del domingo resuena baja sobre Smithville, y en algún lugar del pueblo una niña pequeña con vestido de volantes blancos y toda vestida de azul está sentada esperando a que papá le corte la carne: hambrienta como solo un niño puede estarlo a las dos del día de reposo. En una buhardilla que huele a cedro y papel antiguo, Mabel y su hermano Theodore, diez minutos mayor que ella y por ello convencido de que lo sabe todo, revisan con atención el mismo libro verde enorme, el tipo de descubrimiento compartido que convierte a los hermanos en cómplices.
Por último, una alegre marcha del alfabeto cierra el volumen, guiando a los lectores jóvenes de la V a la Z. Las verduras aportan vigor a los delgados, el agua refresca entre comidas, los complementos cremosos fortalecen a la niña delgada, y la juventud se convierte en la época para aprender y crecer. Desde la lección que le dejó su ruptura en el muro a Humpty Dumpty hasta la Z que cierra tanto el alfabeto como el capítulo, la Estantería de Niños y Niñas reúne sus cuentos, rimas y fábulas en un solo abrazo cálido, recordando a cada lector joven que el mundo está lleno de caídas, canciones, persecuciones, gestos de amabilidad y tardes tranquilas, y que cada una de ellas guarda su propio pequeño trozo de sabiduría que vale la pena atesorar muy cerca.
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