Notas de lectura: Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas
Libro: Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas Autor: Lewis Carroll Idioma: Inglés
Primera parte: Curiosidad y Transformación (Módulos 1–2)
Capítulo I: Por la madriguera del conejo
La aventura de Alicia comienza una calurosa tarde de verano a orillas del río. Está sentada, aburrida y adormilada, junto a su hermana, que lee un libro sin dibujos ni conversaciones. Mientras debate si hacer una guirnalda de margaritas, Alicia nota un Conejo Blanco con ojos rosados que lleva un reloj en la mano—un espectáculo peculiar que despierta de inmediato su curiosidad. El conejo se lamenta por llegar tarde, lo que impulsa a Alicia a perseguirlo por una madriguera bajo un seto.
El descenso se prolonga, dándole tiempo a Alicia para observar armarios, estanterías, mapas y cuadros que adornan las paredes del pozo. Intenta agarrar un tarro etiquetado como “Mermelada de naranja” pero lo encuentra vacío. Durante la caída, sus pensamientos vagan por la geografía, las matemáticas y la imaginación. Calcula que debe estar cerca del centro de la tierra y bromea con preguntarles a las Antipatías en qué país se encuentran.
Al caer sobre un montón de ramas, Alicia persigue al conejo hasta un largo y bajo salón donde todas las puertas están cerradas con llave. Descubre una mesa de cristal con una pequeña llave dorada que abre una puertecita de unas quince pulgadas de alto, la cual revela un pasaje hacia un hermoso jardín. Sin embargo, su cabeza no cabe por la abertura. Bebe de una botella que dice “BÉBEME”, encogiéndose hasta diez pulgadas, pero entonces se da cuenta de que ha dejado la llave sobre la mesa y no puede alcanzarla. Encuentra un pastel marcado “CÓMEME” y se lo come, sin saber si la hará crecer o encoger.
Capítulo II: El charco de lágrimas
Después de comer el pastel, el cuerpo de Alicia fluctúa enormemente de tamaño—crece hasta más de nueve pies de altura, y luego se encoge hasta cerca de dos pies. Ella se maravilla ante los cambios, exclamando “¡Cada cosa es más curiosa!”. Sus lágrimas forman un charco de cuatro pulgadas de profundidad en el salón. El Conejo Blanco regresa, murmurando sobre la Duquesa, y huye cuando Alicia le habla, dejando atrás unos guantes blancos de cabritilla y un abanico. Alicia se pone un guante y se encoge aún más, lo que desencadena una crisis de identidad en la que cuestiona si se ha convertido en Ada o en Mabel. Sus intentos de aritmética y geografía salen cómicamente mal.
Alicia encuentra un ratón en el charco e intenta conversar tanto en inglés como en francés (“Où est ma chatte?”), pero el ratón reacciona con miedo ante cualquier mención de los gatos. Otras criaturas han caído en las lágrimas—un Pato, un Dodo, un Loro y un Aguilucho, entre ellas. Alicia lidera al grupo hasta la orilla, nadando juntos.
Capítulo III: Una carrera electoral y un largo relato
Un grupo mojado y desalinado se reúne en la orilla. Consultan cómo secarse, y Alicia se encuentra hablando con familiaridad con las criaturas como si las hubiera conocido toda su vida. El Loro inicia una discusión con Alicia sobre la edad. El Ratón intenta recitar historia —“Guillermo el Conquistador, cuya causa fue favorecida por el papa”— pero el Loro lo interrumpe con escalofríos, el Pato hace preguntas irrelevantes, y la recitación se tambalea.
El Dodo propone una “carrera electoral”, una carrera sin principio ni fin claros. El grupo corre en círculos hasta secarse, y cuando la carrera concluye, el Dodo declara que todos son ganadores. Alicia reparte confites como premios de su bolsillo, y el Dodo le entrega solemnemente un dedal.
El Ratón acepta contar su historia, suspirando por su “largo y triste relato”. Alicia entiende mal “relato” como “cola”, lo que provoca confusión. El Ratón se ofende y se aleja, negándose a regresar a pesar de las súplicas de Alicia y los demás. Un Cangrejo viejo aconseja a su hija que nunca pierda la calma, pero la joven Cangreja replica que su madre bastaría para poner a prueba la paciencia de una ostra.
Cuando Alicia menciona a su gata Dina, los pájaros huyen aterrados, y una Urraca se envuelve para marcharse a casa porque el aire nocturno no le conviene a su garganta. Un Canario llama a sus hijos para que se vayan a la cama. Alicia se queda sola, lamentando que parece que a nadie le gusta Dina.
Capítulo IV: El Conejo envía a un pequeño Bill
El Conejo Blanco regresa, murmurando sobre guantes perdidos y un abanico. Confundiendo a Alicia con Mary Ann, su criada, le ordena traerlos. Alicia entra en la casa del Conejo y encuentra un abanico y guantes en una pequeña habitación ordenada, junto con una botella sin etiqueta de la que bebe. Comienza a crecer rápidamente hasta que su cabeza presiona contra el techo. Intenta arrodillarse, luego acostarse con un codo contra la puerta, un brazo por la ventana y un pie en la chimenea. El crecimiento se detiene pero la deja atrapada.
El Conejo intenta abrir la puerta, no lo logra, y planea entrar por la ventana. Alicia hace un movimiento brusco y escucha un grito y un estruento—posiblemente una caída en un armazón de pepinos. El Conejo llama a Pat, quien identifica el brazo de Alicia llenando la ventana. Discuten cómo retirarlo, y Alicia escucha planes para traer escaleras y demoler la casa. “Bill” es enviado por la chimenea, y Alicia lo echa a patadas. Las criaturas deciden incendiar la casa, pero Alicia amenaza con enviar a Dinah contra ellos, causando un silencio inmediato.
Guijarros caen repiqueteando por la ventana, convirtiéndose en pequeños pasteles al golpear el suelo. Alicia come uno y se encoge lo suficiente como para escapar por la puerta. Una multitud de animales espera afuera, incluyendo a Bill la Lagartija sostenido por cobayos. Alicia huye hacia un bosque espeso.
En el bosque, Alicia conoce a un enorme cachorrito que salta hacia un palo que ella extiende. Se esquiva detrás de un cardo, jugando a un juego similar a jugar con un caballo de tiro, hasta que el cachorro se cansa y se sienta jadeando. Corre hasta estar a salvo, luego nota un gran hongo cercano. Asomándose por su borde, encuentra a una Oruga azul sentada con los brazos cruzados, fumando una hookah.
Segunda parte: Identidad, transformación y absurdo (Módulos 3–4)
Capítulo V: El consejo de la Oruga
La Oruga pregunta repetidamente “¿Quién eres?”, lo que confunde a Alicia. Cuando ella no puede explicarse con claridad, él le exige que recite un poema. Alicia intenta “How doth the little busy bee” pero se equivoca, así que él le exige en cambio “You are old, Father William”. Ella lo recita incorrectamente de principio a fin.
La conversación se desplaza al tamaño de Alicia. Ella desea ser “un poco más grande” ya que tres pulgadas son miserables, lo que enfurece a la Oruga, que mide exactamente tres pulgadas. Después de que Alicia suplica que no está acostumbrada a esa estatura, la Oruga le ofrece una guía crucial: un lado del hongo la hará crecer, el otro lado la hará encoger. Él se aleja arrastrándose.
Alicia rompe pedazos de cada lado del hongo. Mordisquear el pedazo de la derecha le causa un violento golpe bajo la barbilla mientras encoge. Come el pedazo de la izquierda pero se pasa, encogiendo hasta que su cuello se extiende enormemente mientras sus hombros y manos se vuelven imposibles de localizar. Su cuello serpentino llama la atención de una Paloma enfadada, que la acusa de ser una serpiente que intenta robar sus huevos. Alicia protesta que es una niña pequeña, pero la Paloma sigue sin convencerse.
Recordando que sostiene los pedazos del hongo, Alicia alterna cuidadosamente entre mordisquear cada pedazo hasta regresar a su estatura normal. Descubre un claro que contiene una casita de unos cuatro pies de altura. Para evitar asustar a quienquiera que viva allí, encoge hasta nueve pulgadas antes de acercarse.
Capítulo VI: Cerdo y pimienta
Alicia se acerca a una casa donde dos lacayos —uno parecido a un pez y el otro a una rana— intercambian una invitación de la Reina a la Duquesa para jugar al croquet. Ambos se inclinan profundamente y sus rizos se enredan entre sí. Alicia se ríe y se retira al bosque.
Cuando Alicia llama a la puerta, el Lacayo-Rana le explica que llamar es inútil, ya que están del mismo lado de la puerta y el ruido interior impide que nadie la oiga. Un plato sale volando de la casa y se rompe contra un árbol, pero él continúa sentado impasible. Alicia simplemente abre la puerta y entra.
Dentro, una cocina humeante contiene a la Duquesa amamantando a un bebé mientras una cocinera les lanza cosas a ambos. El exceso de pimienta provoca estornudos universales, excepto en un sonriente Gato de Cheshire. La Duquesa canta una violenta canción de cuna sobre golpear a los niños cuando estornudan, luego le lanza el bebé a Alicia y se marcha a jugar al croquet. Mientras Alicia acuna a la criatura, retorciéndola hasta hacer un nudo, nota que le sale una nariz respingona y unos ojos pequeños. Se transforma en un cerdo ante sus ojos y se aleja trotando hacia el bosque.
El Gato de Cheshire aparece en la rama de un árbol, sonriendo. Cuando Alicia le pregunta qué camino tomar, él le explica que la dirección depende enteramente de adónde quiera ir. Ella admite que no le importa, siempre y cuando llegue a algún lugar. Él revela que un Sombrerero y una Liebre de Marzo viven cerca, ambos locos. El Gato desaparece lentamente, conservando su sonrisa hasta el final.
Capítulo VII: Una merienda de locos
Alicia se acerca a la mesa y se sienta a pesar de las afirmaciones de “¡No hay sitio!”. Le ofrecen un vino que no existe. El Sombrerero hace un comentario grosero sobre que su pelo necesita un corte, lo que provoca que Alicia le dé una lección sobre la grosería. La conversación gira hacia los acertijos.
El Sombrerero plantea el famoso acertijo: “¿Por qué un cuervo se parece a un escritorio?” Alicia declara que sabe la respuesta, lo que desencadena un debate sobre las palabras y el significado. La Liebre de Marzo, el Sombrerero y el Lirón ofrecen ejemplos paralelos que demuestran falacias de equivalencia lógica: “Veo lo que como” es lo mismo que “Como lo que veo”. Cuando Alicia exige la respuesta, ambos admiten que no tienen ni idea.
El Sombrerero saca un reloj que indica el día del mes pero no la hora, ya que fue reparado con mantequilla y un cuchillo de pan. Trata al Tiempo como si fuera un ser vivo, explicando que el Tiempo permanece detenido a las seis en punto debido a una pelea con la Liebre de Marzo en el concierto de la Reina, donde fue acusado de “asesinar el tiempo”. Esto explica su merienda eterna y por qué se mueven continuamente alrededor de la mesa a medida que se van usando las tazas.
El somnoliento Lirón comienza a contar una historia sobre tres hermanas llamadas Elsie, Lacie y Tillie que viven en el fondo de un pozo y “se alimentan de melaza”. Cuando Alicia cuestiona esto, el Lirón aclara que era un “pozo de melaza”. La historia se vuelve absurda cuando las hermanas solo extraen “cosas que empiezan con M”: trampas para ratones, la luna, la memoria y “muchosidad”. Los intentos de Alicia de aplicar la lógica racional son desestimados.
Alicia no puede soportar la grosería y se marcha, dejando que el Lirón sea metido dentro de la tetera. Atraviesa el bosque, encuentra la puerta en un árbol y entra en el largo salón con la mesa de cristal. Recoge la llave dorada, abre la puerta del jardín, mordisquea el hongo para crecer hasta aproximadamente un pie de altura, y avanza por el pasillo hacia el hermoso jardín.
Tercera parte: Disparates y sátira social (Módulos 5–6)
Capítulo VIII: La pista de croquet de la Reina
Alicia descubre a tres jardineros pintando con urgencia rosas blancas de rojo, habiendo plantado por error el árbol del color equivocado. Explican que la Reina mandaría decapitarlos por el error. Al oír “¡La Reina!” los jardineros se tiran al suelo, y llega una gran procesión con soldados con forma de cartas, cortesanos adornados con diamantes, niños reales con corazones, y el Rey y la Reina de Corazones. Cuando la Reina exige saber quién es Alicia, ella responde con descaro que no es asunto suyo. La Reina ordena decapitar a los jardineros, pero Alicia los rescata escondiéndolos en macetas de flores.
La Reina anuncia croquet usando erizos vivos como bolas, flamencos como mazos, y soldados doblados formando los arcos. Alicia lucha por manejar su flamenco, que se retuerce para mirarle la cara, mientras los erizos se escabullen. Los jugadores ignoran los turnos y las reglas por completo, y la Reina grita repetidamente “¡Que le corten la cabeza!”. Durante el caos, el Conejo Blanco susurra que la Duquesa está sentenced under sentence de ejecución por haber abofeteado las orejas de la Reina.
Alicia se topa con la sonrisa del Gato de Cheshire apareciendo en el aire. El Gato critica el juego, y Alicia debe elogiar cuidadosamente las posibilidades de la Reina para evitar llamar la atención. El Rey intenta deshacerse del Gato pero no puede determinar cómo decapitar algo sin cuerpo. Estalla una discusión entre el verdugo, el Rey y la Reina. Alicia sugiere preguntar a la Duquesa, pero para cuando la traen, la cabeza del Gato ha desaparecido.
Capítulo IX: La Historia de la Falsa Tortuga
La Duquesa habla de varias sustancias que afectan el temperamento: la pimienta hace a la gente de mal genio, el vinagre los hace agrios, la manzanilla los hace amargos, el azúcar de cebada hace a los niños dulces de temperamento. Encuentra una moraleja en cada tema, pero explica “Sé lo que parecerías ser” mediante una frase increíblemente enrevesada que Alicia no puede seguir.
La voz de la Duquesa se apaga cuando aparece la Reina de Corazones, amenazando con que o la Duquesa o su cabeza debían partir en media hora. La Duquesa se va inmediatamente. Durante el partido de croquet, la Reina discute constantemente y condena a los jugadores a la ejecución. En media hora, todos los jugadores excepto el Rey, la Reina y Alicia han sido sentenciados a muerte. Cuando la Reina pregunta si Alicia ha visto a la Falsa Tortuga, Alicia admite que no sabe qué es una Falsa Tortuga. La Reina explica que es la criatura de la que viene la Sopa de Falsa Tortuga. Alicia oye al Rey perdonar a todos.
La Reina presenta a Alicia a un Grifo que yace dormido al sol. Cuando la Reina se va, el Grifo se frota los ojos y se ríe entre dientes, explicando que la Reina en realidad nunca ejecuta a nadie—todo es su capricho. Viajan hasta la Falsa Tortuga, sentada triste y solitaria en una repisa rocosa, suspirando como si su corazón fuera a romperse.
La Falsa Tortuga relata su educación bajo el mar. Al maestro lo llamaban Tortuga porque les enseñaba. El plan de estudios incluía Dar Volteretas y Retorcerse, seguido de las ramas de la aritmética: Ambición, Distracción, Feificación e Irrisión. El Grifo llama tonta a Alicia por no saber que Feificación significa embellecer lo contrario. Las materias adicionales eran Misterio (antiguo y moderno), Seargrafía y Garrapateo, enseñadas por una vieja anguila de mar. El Grifo fue al maestro de Clásicas, un viejo cangrejo, que enseñaba Risa y Pena. Las lecciones duraban diez horas el primer día, nueve el siguiente, y así sucesivamente—porque van disminuyendo de día en día.
Capítulo X: La Cuadrilla de la Langosta
La Falsa Tortuga describe la Cuadrilla de la Langosta como un delicioso baile bajo el mar, con lágrimas corriendo por sus mejillas. El Grifo explica los pasos: los bailarines se forman en dos filas a lo largo de la orilla del mar, avanzan dos veces con sus parejas-langostas, cambian de langostas y se retiran en orden, lanzan las langostas lo más lejos posible hacia el mar, nadan tras ellas, dan una voltereta en el mar, cambian de langostas otra vez, y regresan a tierra.
La Falsa Tortuga y el Grifo lo demuestran mientras la Falsa Tortuga canta sobre una merluza y un caracol. La canción describe a criaturas que avanzan sobre las piedrecitas del mar, el caracol negándose a unirse al baile porque está “demasiado lejos”, y la merluza tranquilando al caracol asegurándole que Francia se encuentra más allá de Inglaterra.
La Falsa Tortuga explica que las merluzas tienen la cola en la boca porque fueron lanzadas al mar con las langostas y cayeron tan lejos que sus colas se quedaron atascadas. El Grifo ofrece un juego de palabras: una merluza “hace las botas y los zapatos”. Alicia sugiere que la marsopa debería haberse quedado atrás, pero la Falsa Tortuga explica que los peces sabios nunca viajan sin una marsopa, jugando con las palabras: “¿Con qué marsopa?”
El Grifo exige que Alicia repita “Tis the voice of the sluggard”, pero ella lo recita con sustituciones absurdas influenciadas por la Cuadrilla de la Langosta: “Es la voz de la Langosta; le oí declarar: / ‘Me has cocido demasiado, debo azucarar mi pelo.’” Explica que es “la primera posición del baile”. Recita otro verso sobre el Búho y la Pantera compartiendo un pastel.
El Grifo pide a la Falsa Tortuga que cante “Sopa de Tortuga”: “¡Hermosa Sopa, tan rica y verde, / esperando en una sopera caliente! / ¿Quién no se rebajaría por tales manjares?” La canción repite “Her—mosa So—pa”. Un grito de “¡El juicio está empezando!” los interrumpe.
Capítulo XI: ¿Quién robó las tartas?
El Rey y la Reina de Corazones presiden el juicio del Sota de Corazones, que se encuentra de pie ante ellos encadenado y rodeado de soldados. El Conejo Blanco hace de heraldo, sosteniendo una trompeta y un rollo de pergamino. Una gran fuente de tartas descansa sobre una mesa central. Alicia identifica al Rey como juez debido a su gran peluca y localiza el banco del jurado, donde doce jurados—algunos animales y algunas aves—escriben afanosamente en sus pizarras. El Grifo susurra que están anotando sus nombres para no olvidarlos.
El Rey ordena al Heraldo leer la acusación: «La Reina de Corazones, hizo unas tartas, / Todo en un día de verano: / El Sota de Corazones, robó esas tartas, / ¡Y se las llevó por completo!» Cuando el Rey pide un veredicto, el Conejo insiste en que aún queda mucha prueba por venir. El primer testigo es el Sombrerero, que entra con una taza de té y pan con mantequilla, disculpándose por no haber terminado su té. Da tres fechas diferentes para cuándo empezó—el 14, 15 o 16 de marzo—que el jurado anota y suma. Cuando se le ordena quitarse el sombrero, explica que vende sombreros para ganarse la vida y no conserva ninguno propio. La Reina lo mira fijamente, haciendo que tiemble y muerda su taza de té en lugar del pan con mantequilla. Alicia crece durante la vista, lo que provoca que el Lirón se queje de que lo están aplastando.
La cocinera de la Duquesa entra llevando un pimentero, haciendo estornudar a todos los que están cerca de la puerta. Se niega a declarar. Cuando el Rey pregunta de qué están hechas las tartas, responde «pimienta, sobre todo». El Lirón interrumpe diciendo «melaza», lo que provoca que la Reina chille órdenes de arresto, supresión y decapitación. Mientras el tribunal saca al Lirón, la cocinera desaparece. El Rey llama al siguiente testigo, y el Conejo Blanco lee el nombre «Alicia».
Capítulo XII: La declaración de Alicia
Alicia vuelca accidentalmente la caja del jurado en su prisa por responder, derramando a los jurados como pececillos de colores. Se disculpa y 忙着把他们捡起来. El Rey declara que el juicio no puede continuar hasta que todos los jurados regresen. El jurado escribe diligentemente una historia del accidente. El Lagarto parece demasiado abrumado para participar. El Rey interroga a Alicia sobre lo que sabe, y ella responde firmemente “Nada” tres veces.
El Rey lee de su cuaderno la Regla Cuadragésima Segunda: todas las personas de más de una milla de altura deben abandonar la corte. Alicia se niega a obedecer, declarando que no mide una milla de altura y desafiando al Rey a que inventó la regla en el momento. El Rey insiste en que es la regla más antigua del libro, pero Alicia replica ingeniosamente que debería ser la Número Uno, provocando que él palidezca y cierre su cuaderno.
El Conejo Blanco presenta un misterioso papel que contiene versos. El Sota niega haberlo escrito debido a la falta de una firma, pero el Rey argumenta que esto empeora las cosas. Cuando el Conejo Blanco lee los versos en voz alta, Alicia los descarta como carentes de significado, aunque el Rey intenta interpretarlos como evidencia.
La Reina exige “Sentencia primero—veredicto después”, pero Alicia protesta en voz alta contra esta injusticia. Cuando Alicia se niega a obedecer la orden de la Reina de morderse la lengua, la Reina grita furiosamente “¡Que le corten la cabeza!”, pero nadie obedece. Alicia declara que solo le tiene miedo a una baraja de cartas, y de repente toda la baraja se levanta y desciende sobre ella. Despierta en la orilla del río con la cabeza en el regazo de su hermana.
Alicia comparte su curioso sueño con su hermana, quien está sentada viendo el atardecer. La hermana comienza a soñar su propio sueño, imaginando a las criaturas del País de las Maravillas —el Conejo Blanco pasando apresuradamente, la infinita merienda del Liebre de Marzo, las ejecuciones de la Reina, y los sollozos del Falso Tortuga—. Imagina cómo su hermanita un día se convertirá en una mujer adulta y aun así conservará su corazón simple y amoroso, tal vez compartiendo estos mismos cuentos con otros niños algún día.
Síntesis Temática
La obra maestra de Lewis Carroll entrelaza varios temas centrales a través de sus aventuras aparentemente sin sentido. Los constantes cambios de tamaño de Alicia reflejan la inestabilidad de la identidad en un mundo donde la lógica falla y las convenciones sociales se desmoronan. Sus interacciones con la Oruga, que le exige recitar poemas incorrectamente, y la Liebre de Marzo, que plantea acertijos sin respuesta, demuestran cómo el lenguaje mismo se vuelve poco fiable cuando se le despoja de significados fijos.
Las escenas del juicio critican la justicia autoritaria, donde la Reina exige «¡La sentencia primero—el veredicgo después!» y reglas arbitrarias como «todas las personas de más de una milla de altura deben abandonar la sala» surgen sin explicación. Carroll satiriza la jerarquía social a través de la corte de naipes y la formalidad absurda de los lacayos que no pueden oír los golpes porque se encuentran del mismo lado de la puerta.
A lo largo de la obra, Carroll mezcla el sinsentido juguetón con un agudo comentario social. La carrera del Caucus, donde todos ganan y todos reciben premios, parodia los procesos políticos. La educación de la Falsa Tortuga bajo el mar—que incluye materias como Fealdad, Declamación y Tristeza—se burla de las prácticas educativas victorianas mientras crea poesía genuina en sus combinaciones absurdas.
Estas notas de lectura trazan el viaje de Alicia desde niña curiosa hasta soñadora, terminando donde comenzó junto al río, lo que sugiere que la imaginación y el asombro infantil ofrecen su propia forma de sabiduría que sobrevive hasta la edad adulta.