Moby Dick; Or, The Whale cover
Narrative Pressure

Moby Dick; Or, The Whale

Hace años, encontrándome pobre y sin rumbo en tierra, decidí navegar y ver el mundo acuático.

Melville, Herman 2001 204 min

Llamadme Ismael. Hace años, encontrándome pobre y sin rumbo en tierra, decidí navegar y ver el mundo acuático. Este es mi método para curar la melancolía y regular mi sangre. Siempre que mi boca se torna sombría, o mi alma se siente como un húmedo y lloviznoso noviembre, sé que es hora de partir. El impulso se vuelve innegable cuando me detengo ante almacenes de ataúdes, sigo cortejos fúnebres, o siento un impulso maníaco de derribar sombreros en la calle. Ir al mar es mi alternativa al suicidio. Mientras Catón murió sobre su espada con un gesto teatral, yo embarco silenciosamente en un barco. Este impulso no es único; casi todos los hombres sienten una atracción magnética hacia el océano.

Llámenme Ishmael. Hace años, al encontrarme pobre y sin rumbo en tierra, decidí navegar y contemplar el mundo acuático. Este es mi método para curar la melancolía y regular mi sangre. Siempre que mi boca se torna adusta, o mi alma se siente como un húmedo y llovioso noviembre, sé que es hora de partir. El impulso se vuelve innegable cuando me detengo ante almacenes de ataúdes, sigo cortejos fúnebres, o siento un impulso maníaco de derribar sombreros en la calle. Ir al mar es mi alternativa al suicidio. Mientras Catón murió sobre su espada con un gesto teatral, yo tranquilamente me embarco. Este impulso no es único; casi todos los hombres sienten una atracción magnética hacia el océano.

Consideren Manhattan, una isla rodeada de muelles. En tardes soñadoras, miles de hombres permanecen inmóviles en trance oceánico como silenciosos centinelas. Aunque confinados toda la semana en oficinas de yeso, deambulan hacia los muelles, acercándose lo más posible al agua sin caer en ella. Esta atracción es universal. Incluso en el campo, un soñador perdido inevitablemente los conducirá al agua si existe cerca. El pensamiento y el fluido están eternamente vinculados. El mito de Narciso, quien se ahogó persiguiendo su reflejo, explica esto: buscamos la esencia esquiva e intangible de la vida que se encuentra en ríos y mares.

Nunca viajo como pasajero, pues carezco de fondos, ni como oficial, pues desprecio la carga del mando. Me embarco como marinero común ante el mástil. El trabajo es duro y las órdenes constantes, lo cual hiere mi orgullo, sin embargo lo acepto. ¿Quién no es un sirviente en algún sentido grandioso? Además, insisto en que me paguen por mi molestia, una satisfacción muy superior a gastar dinero. También anhelo el aire puro del castillo de proa, sabiendo que los oficiales solo respiran lo que les llega filtrado.

Por qué elegí un viaje ballenero es un misterio que solo las Parcas pueden explicar plenamente. Parece ser un interludio escrito en el gran drama de la Providencia, intercalado entre elecciones y guerras. Mi motivo principal era la propia ballena. Tal monstruo misterioso despertó mi curiosidad, al igual que los mares remotos y peligrosos que habita. Me atormenta un anhelo por lo distante. Amo navegar aguas prohibidas y desembarcar en costas salvajes. Las compuertas del mundo de las maravillas se abrieron, y en mi alma nadaron interminables procesiones de ballenas, dominadas por una forma masiva y encapuchada que se elevaba como una montaña nevada en el aire.

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