Orgullo y Prejuicio
"Orgullo y prejuicio" de Austen, Jane se desarrolla a lo largo de 60 capítulos. Este capítulo se centra en la visita secreta del señor Bennet al señor Bingley y las revelaciones y conversaciones posteriores entre la familia Bennet con respecto a su nuevo vecino. La narrativa muestra la dinámica entre el ingenio mordaz del señor Bennet y las ambiciones sociales de su esposa, culminando finalmente en la emoción de la familia ante la posibilidad de una conexión romántica entre el señor Bingley y una de las hijas. La señora Bennet y sus cinco hijas intentan diversas tácticas para obtener información sobre el señor Bingley por parte del señor Bennet, pero él evade sus preguntas. Finalmente, se basan en información de segunda mano proveniente de lady Lucas, quien informa que el señor Bingley es joven, apuesto, agradable y que planea asistir al próximo baile de asamblea con un gran grupo. La perspectiva llena de esperanza a la señora Bennet de que una de sus hijas pueda conseguir un matrimonio ventajoso. Este capítulo continúa con Jane y Elizabeth Bennet manteniendo una conversación privada sobre su reciente encuentro con el señor Bingley en el baile de Meryton, explorando las personalidades contrastantes de las hermanas y sus perspectivas sobre asuntos sociales.
CAPÍTULO II.
Este capítulo se centra en la visita secreta del señor Bennet al señor Bingley y en las revelaciones y conversaciones posteriores entre la familia Bennet acerca de su nuevo vecino. La narración muestra la dinámica entre el ingenio seco del señor Bennet y las ambiciones sociales de su esposa, culminando finalmente en la emoción de la familia ante la posibilidad de una conexión romántica entre el señor Bingley y una de las hijas.
La visita sin avisar del Sr. Bennet al Sr. Bingley
El señor Bennet siempre había tenido la intención de visitar al señor Bingley, aunque le había asegurado repetidamente a su esposa que no lo haría. La visita permanece desconocida para la señora Bennet hasta la noche siguiente de ocurrir, cuando él revela estratégicamente la información a su familia de una manera característicamente bromista.
Desacuerdo sobre la promesa de presentación de la Sra. Long
Elizabeth menciona que la señora Long les ha prometido presentar al señor Bingley en las próximas reuniones. La señora Bennet desestima esta promesa de inmediato, declarando que no cree que la señora Long cumpla su palabra, señalando que la mujer tiene dos sobrinas propias y es a la vez egoísta e hipócrita.
La Sra. Bennet regaña a Kitty y se habla del próximo baile
Sin poder controlar su irritación, la señora Bennet regaña a Kitty por su persistente tos, suplicándole que tenga compasión de sus nervios. Cuando Kitty le pregunta a Elizabeth sobre el próximo baile, la señora Bennet se lamenta de que la señora Long no regresará hasta el día antes del evento, lo que hace imposible que ella le presente al señor Bingley.
El Sr. Bennet se burla de la Sra. Bennet por presentar a Bingley ella misma
El Sr. Bennet sugiere en tono jocoso que la Sra. Bennet debería aprovecharse de su amistad con la Sra. Long y presentar al Sr. Bingley en su lugar. Cuando su esposa protesta diciendo que esto es imposible, ya que no lo conoce personalmente, él continúa burlándose de ella acerca de la formalidad de las presentaciones, llegando finalmente a ofrecer de manera juguetona encargarse él mismo del asunto.
El Sr. Bennet se burla de sus hijas y revela su visita ya realizada
Continuando con sus bromas, el señor Bennet le pide a Mary su opinión sobre el asunto de las presentaciones. Luego anuncia a su familia, cada vez más curiosa, que ya ha visitado al señor Bingley esa misma mañana, expresando un fingido arrepentimiento por no haber sabido antes del repentino desagrado de su esposa hacia su nuevo vecino. El asombro de las damas llena de gran alegría a la señora Bennet, quien declara que la visita era exactamente lo que había esperado desde el principio.
La señora Bennet elogia a su marido y comenta sobre Lydia
Después de que la puerta se cierra tras el señor Bennet, la señora Bennet declara calurosamente que es un padre excelente y expresa su gratitud por sus esfuerzos. Se dirige con cariño a Lydia, augurándole que el señor Bingley bailará con ella en el próximo baile, a pesar de ser la hija menor. Lydia le responde con confianza que no siente ningún miedo, alardeando de que, aunque es la más joven, también es la más alta de todas sus hermanas.
Velada dedicada a especular sobre la visita de devolución del señor Bingley
El resto de la velada se dedica a que la familia haga conjeturas sobre cuándo el señor Bingley devolverá la visita al señor Bennet y planifique cuándo deberían invitarlo a cenar. El capítulo concluye con la familia anticipando futuras interacciones con su adinerado nuevo vecino.
Capítulo III
La señora Bennet y sus cinco hijas intentan diversas tácticas para obtener información sobre el señor Bingley de parte del señor Bennet, pero este esquiva sus preguntas. Finalmente, dependen de información de segunda mano proporcionada por la señora Lucas, quien reporta que el señor Bingley es joven, apuesto, agradable y que planea asistir a la próxima reunión con un grupo numeroso. Esta perspectiva llena de esperanza a la señora Bennet de que una de sus hijas pueda conseguir un matrimonio ventajoso.
Especulaciones sobre el señor Bingley
Después de que el señor Bingley devuelve la visita al señor Bennet, pasa solo diez minutos en la biblioteca con el señor Bennet, sin lograr conocer a las jóvenes señoritas a pesar de haber oído hablar de su belleza. Las señoras Bennet lo observan desde una ventana del piso superior, notando su abrigo azul y su caballo negro. La señora Bennet envía una invitación a cenar, pero el señor Bingley debe declinar debido a asuntos en Londres. Lady Lucas sugiere que quizás esté viajando a Londres para reunir invitados para un baile, y los rumores se extienden de que traerá a doce señoras y siete caballeros— noticia que inicialmente decepciona a las jóvenes Bennet.
La visita del señor Bingley a Longbourn
La señora Bennet envía una invitación a cenar al señor Bingley y comienza a planificar el menú. Sin embargo, llega la respuesta del señor Bingley posponiendo la cena, ya que debe viajar a Londres por asuntos de negocios. A la señora Bennet le preocupa que quizás nunca se establezca debidamente en Netherfield, pero lady Lucas calma sus inquietudes al sugerir que simplemente está reuniendo invitados para un baile. Los informes indican que el señor Bingley traerá una compañía numerosa, aunque esta cifra luego se reduce.
La cena pospuesta y los preparativos de la asamblea
Lady Lucas calma la ansiedad de la señora Bennet al sugerir que el viaje a Londres del señor Bingley tiene como propósito reclutar invitados para un baile. Los informes iniciales afirman que este traerá a doce damas y siete caballeros, lo cual preocupa a las jóvenes Bennet. Más tarde, estas se sienten aliviadas al enterarse de que solo trae a seis acompañantes desde Londres: sus cinco hermanas y un primo. La noche del baile, la comitiva de Netherfield llega a la sala de reuniones, compuesta por el señor Bingley, sus dos hermanas, el señor Hurst y el señor Darcy.
La asamblea de Meryton
El señor Bingley se muestra complaciente, baila en cada pieza y expresa su deseo de organizar un baile en Netherfield. Su acompañante, el señor Darcy, aunque apuesto y rico con diez mil libras al año, granjearía la antipatía del salón con su porte orgulloso y su renuencia a bailar o conversar con desconocidos. Rehúsa toda presentación a las damas y pasa la mayor parte de la velada en silencio, lo que provoca el rechazo unánime de los asistentes al evento, en particular de la señora Bennet.
El señor Darcy insulta a Elizabeth Bennet
Elizabeth Bennet, después de haberse quedado sin bailar dos piezas por falta de caballeros, alcanza a oír cómo el señor Bingley insta al reacio señor Darcy a bailar. Darcy responde que no encuentra en la sala a ninguna mujer que valga la pena como compañera de baile. Cuando Bingley le señala a Elizabeth como bonita, Darcy se vuelve para observarla y declara con frialdad que es «tolerable, pero no lo suficientemente hermosa como para tentarme». Elizabeth guarda desde entonces un amargo resentimiento hacia él, aunque luego relata la anécdota con gracia y buen humor entre sus amistades.
Regreso a Longbourn
La familia Bennet regresa a Longbourn con muy buen ánimo. La señora Bennet comparte con entusiasmo los detalles con el señor Bennet: Jane fue muy admirada, bailó dos veces con el señor Bingley y se distinguió entre sus hermanas. El señor Bennet interrumpe con impaciencia su relato sobre los compañeros de baile. La señora Bennet describe entonces con amargura la grosería del señor Darcy, declarando que no vale la pena complacerlo y expresando alivio porque Elizabeth no haya capturado su interés.
Capítulo IV
Este capítulo continúa con Jane y Elizabeth Bennet manteniendo una conversación privada sobre su reciente encuentro con el señor Bingley en el baile de Meryton, explorando las personalidades contrastantes de las hermanas y sus perspectivas sobre asuntos sociales.
La conversación de Jane y Elizabeth sobre el Sr. Bingley
Después de quedarse a solas, Jane —quien antes había sido mesurada en sus elogios— ahora expresa abiertamente a Elizabeth su admiración por el señor Bingley. Lo describe como «justo lo que un joven debería ser»: sensato, de buen humor, animado, con modales afables y perfecta educación. Elizabeth añade en tono burlón que también es apuesto, completando así su retrato. Jane confiesa sentirse halagada de que él le haya pedido bailar por segunda vez, pero Elizabeth le hace notar que no debería sorprenderle, dada la belleza de Jane —«cinco veces más hermosa que cualquier otra mujer en la sala». Elizabeth le concede a su hermana permiso para que le guste, al tiempo que señala lo distintas que son: Jane se sorprende perpetuamente ante los cumplidos, mientras que Elizabeth nunca lo hace. Elizabeth reprende con dulzura a su hermana por estar «demasiado propensa» a caer bien a la gente en general, observando que Jane nunca ve defectos en nadie y solo habla bien de todo ser humano.
El elogio de Jane a las hermanas de Bingley y el escepticismo de Elizabeth
Jane afirma que también le agradan las hermanas del señor Bingley, pues las encuentra mujeres encantadoras una vez que se conversa con ellas. Espera que la señorita Bingley, que vivirá con su hermano y se encargará de llevar la casa, resulte ser una vecina encantadora. Elizabeth escucha en silencio escéptico, sin convencerse del parecer de su hermana. Observa que su comportamiento en el baile no había sido calculado para agradar, y, con su mayor agudeza observadora y su temperamento menos condescendiente—sumado a su juicio desinteresado—, Elizabeth está poco dispuesta a aprobarlas. Las describe como «damas muy distinguidas» a quienes no les falta buen humor cuando están satisfechas ni la capacidad de resultar agradables cuando lo desean, pero que en el fondo son orgullosas y vanidosas. Son bastante agraciadas, recibieron educación en un internado de primera categoría en Londres, poseen veinte mil libras cada una y están acostumbradas a gastar más allá de sus posibilidades mientras se relacionan con gente de rango. En consecuencia, se creen con derecho a pensar bien de sí mismas y mal de los demás. Elizabeth señala que, si bien recuerdan proceder de una respetable familia del norte de Inglaterra, parecen haber olvidado que la fortuna de su hermano y la de ellas mismas provenían del comercio.
La fortuna del Sr. Bingley y su arriendo en Netherfield
El señor Bingley heredó de su padre una fortuna de casi cien mil libras, que tenía intención de comprar una propiedad, pero murió antes de lograrlo. El propio señor Bingley pensaba adquirir una finca en el condado y a veces elegía el lugar de su preferencia; sin embargo, como ya poseía una buena casa y la libertad de una mansión como arrendatario, quienes mejor conocían su carácter apacible dudaban de que fuera a abandonar Netherfield jamás. Muchos creían que pasaría el resto de sus días allí y dejaría la compra a la siguiente generación. Sus hermanas deseaban que tuviera una propiedad propia; no obstante, la señorita Bingley estaba muy dispuesta a presidir su mesa a pesar de que él no fuera más que un arrendatario, al igual que la señora Hurst, que se había casado con un hombre más de modas que de fortuna y trataba Netherfield como su casa cuando le convenía. El señor Bingley no había cumplido aún los dos años de edad cuando, por una recomendación casual, fue a ver Netherfield House. La examinó durante media hora, le agradaron la situación y las habitaciones principales, consideró satisfactorias las alabanzas del propietario y la tomó de inmediato.
La amistad entre Bingley y Darcy
A pesar de sus caracteres marcadamente opuestos, existe una amistad muy firme entre el señor Bingley y el señor Darcy. Bingley se hace querer por Darcy gracias a su carácter apacible, franco y dúctil, aun cuando ninguna disposición podría ofrecer un contraste mayor con la suya, y nunca parece mostrarse descontento con la naturaleza de Darcy. Bingley deposita la más sólida confianza en la estima de Darcy y abriga la más alta opinión de su juicio. En cuanto al entendimiento, Darcy es el superior; Bingley dista mucho de ser deficiente, pero Darcy es más ingenioso. Darcy es al mismo tiempo altivo, reservado y quisquilloso, y, aunque sus modales son de buena crianza, no resultan atrayentes. En este aspecto, Bingley lleva una gran ventaja: tiene la certeza de caer bien dondequiera que se presente, mientras que Darcy continuamente ofende.
Las opiniones contrastantes de Bingley y Darcy sobre la asamblea de Meryton
La manera en que los dos amigos hablaban de la asamblea de Meryton ilustraba perfectamente sus caracteres opuestos. Bingley relataba haber conocido a las personas más agradables y a las muchachas más bonitas que jamás hubiera encontrado; todos habían sido amables y atentos, no había existido formalidad ni rigidez, y muy pronto se sintió como si conociese a toda la sala. En cuanto a la señorita Bennet, no podía concebir un ángel más hermoso. Darcy, por el contrario, no había visto más que un grupo de personas con poca belleza y sin elegancia, ninguna de las cuales le había interesado ni le había procurado atención o placer alguno. Reconocía que la señorita Bennet era bonita, pero observó que sonreía demasiado. La señora Hurst y la señorita Bingley convinieron en que era bonita, pero no dejaron de admirarla y de sentir afecto por ella, declarando que era una dulce muchacha a quien no les disgustaría conocer mejor. Esta aprobación de sus hermanas autorizó a Bingley a pensar en ella como quisiera.
CAPÍTULO V.
Este capítulo presenta a la familia Lucas como vecinos cercanos de los Bennet, estableciendo tanto el contexto social inmediato de Longbourn como la amistad duradera entre Elizabeth Bennet y Charlotte Lucas, que tendrá un papel destacado a lo largo de la novela.
Antecedentes e Introducción de la Familia Lucas
Sir William Lucas, anteriormente comerciante en Meryton, obtuvo el título de caballero durante su alcaldía al presentar una alocución al rey. Tal distinción lo hizo sentirse insatisfecho tanto con los negocios como con la vida del pueblo, por lo que trasladó a su familia a Lucas Lodge, una propiedad situada a aproximadamente una milla de Meryton. Aunque elevado de rango, Sir William sigue siendo afable y cortés con todo el mundo, pues su presentación en la corte lo refinó aún más. Se describe a Lady Lucas como una mujer de buen carácter, cuya falta de brillantez intelectual la convierte en la vecina ideal de la señora Bennet. El hogar de los Lucas incluye varios hijos, siendo la mayor Charlotte, una joven sensata e inteligente de unos veintisiete años que es la confidente más íntima de Elizabeth.
Visita Post-Asamblea y Conversación Relacionada con el Baile
La mañana siguiente al baile de Netherfield, las hermanas Lucas visitan Longbourn para intercambiar impresiones sobre la velada anterior. Charlotte Lucas cuenta que oyó al señor Bingley declarar públicamente que la señorita Bennet era la mujer más hermosa de la reunión, lo que provoca que la señora Bennet se entregue a optimistas especulaciones sobre un posible enlace. La conversación gira entonces hacia el señor Darcy, cuyo orgullo y reserva en el baile se han convertido en tema de especulación. Charlotte relata el comentario de Elizabeth que fue oído casualmente, según el cual Darcy era "apenas tolerable", aunque intenta racionalizar el orgullo de Darcy señalando sus ventajas de familia, fortuna y atractivo personal. Elizabeth responde que podría perdonar fácilmente su orgullo si este no hubiera mortificado el de ella misma. Jane intenta defender a Darcy señalando que la señorita Bingley afirma que es extraordinariamente agradable entre sus conocidos íntimos, pero su madre lo descarta como meras excusas. La señora Bennet atribuye su frialdad al rumor de que desprecia a quienes carecen de carruajes. La visita concluye con bromas más ligeras sobre las promesas imprudentes del joven Lucas respecto a la caza del zorro y al consumo de vino.
CAPÍTULO VI.
Este capítulo documenta los lazos que se van forjando entre las hermanas Bennet y los caballeros de Netherfield, destacando en particular los enfoques contrastantes hacia el romance y la atracción creciente entre personajes que en un principio parecían destinados a no sentir otra cosa más que indiferencia mutua.
Visitas entre Longbourn y Netherfield y la Dinámica entre Jane y Bingley
El intercambio de visitas entre Longbourn y Netherfield se desarrolla de manera formal. La señorita Bingley y la señora Hurst cobran afecto por los agradables modales de Jane Bennet, mientras que las hermanas menores no atraen atención alguna y la señora Bennet es considerada intolerable. La admiración de los hermanos genera especial calidez hacia las dos hermanas mayores. Elizabeth percibe arrogancia en el modo en que las damas de Netherfield tratan a todos, aunque la amabilidad mostrada hacia Jane tiene valor, ya que probablemente proviene de la estima que Bingley siente por su hermana. Elizabeth observa que Bingley admira claramente a Jane, y que Jane parece estar cediendo a una inclinación que ha abrigado desde su primer encuentro—caminando hacia un profundo enamoramiento—aunque la serenidad y el buen humor de Jane la protegen de toda sospecha impertinente.
El debate de Elizabeth y Charlotte sobre el cortejo
Elizabeth se confía a Charlotte Lucas sobre el afecto cuidadosamente guardado de Jane. Charlotte arguye que si bien ocultar el apego puede ser gravoso a la luz pública, una cautela excesiva arriesga perder la oportunidad de asegurar la devoción del objeto amado. Sostiene que, aunque una ligera inclinación es algo natural al comienzo, pocos tienen suficiente valor para enamorarse de verdad sin algo de aliento. Charlotte aconseja que una mujer debe mostrar más afecto del que siente, pues es posible que Bingley únicamente llegue a sentir afecto por Jane si ella no lo ayuda activamente a seguir adelante. Elizabeth replica que la naturaleza de Jane le permite ayudarlo a seguir adelante tanto como le es posible, y que cualquier hombre perspicaz sabría reconocer un aprecio genuino. Charlotte insiste en que a Bingley le falta un conocimiento íntimo del carácter de Jane, y que sus encuentros en reuniones numerosas ofrecen escasas oportunidades para conectar. Elizabeth defiende el proceder más mesurado de Jane, señalando que esta no puede aún determinar la plenitud de sus propios sentimientos tras apenas una quincena de trato. Charlotte, en definitiva, le desea toda la felicidad a Jane, pero sugiere que la dicha en el matrimonio es pura cuestión de azar, consejo que Elizabeth juzga poco sensato.
La evolución de la opinión de Darcy sobre Elizabeth
El señor Darcy al principio apenas reconoció a Elizabeth como bonita, viéndola sin admiración en el baile de Meryton y buscando posteriormente solo criticarla. Sin embargo, una vez que determinó que carecía de un rasgo agraciado en su rostro, descubrió que su cara cobraba una inteligencia poco común gracias a la hermosa expresión de sus ojos oscuros. Siguieron descubrimientos más mortificantes: a pesar de detectar una simetría imperfecta en su figura, reconoció que su cuerpo era ligero y agradable. A pesar de que sus modales no se ajustaban a los cánones de la moda, se encontró cautivado por su despreocupada vivacidad. Para Elizabeth, él seguía siendo simplemente el hombre antipático que no la había considerado lo suficientemente hermosa como para sacarla a bailar.
La reunión de Lucas y la negativa al baile
En la reunión de Sir William Lucas, Elizabeth nota que Darcy escucha su conversación con el Coronel Forster. Cuando él se acerca sin intención aparente de hablar, Charlotte incite a Elizabeth para que se dirija a él directamente. Elizabeth pregunta con picardía si encontró su expresión inusualmente enérgica mientras conversaba con el Coronel. Él confirma su energía, pero señala que el tema invariablemente hace enérgicas a las damas. Durante el entretenimiento musical de la velada, Elizabeth toca de manera agradable, aunque no excelentemente, y luego cede el turno a Mary. Sir William Lucas, buscando emparejar a Elizabeth con Darcy, de repente la declara deseable e intenta presentarla como compañera de baile. Elizabeth se echa atrás, insistiendo en que no tiene intención de bailar y que no se acercó hacia ellos para rogar por un compañero. Cuando Darcy solicita formalmente el honor de su mano, Elizabeth permanece firme, y ni su petición ni la persuasión de Sir William logran hacer vacilar su propósito. Su resistencia aumenta la favorable impresión que él tiene de ella.
La confrontación de la señorita Bingley con Darcy
La señorita Bingley se acerca a Darcy, conjeturando que su ensimismamiento se debe a la insulsez de la velada. Él la corrige con suavidad, revelando que sus pensamientos se habían dirigido al placer que pueden conferir los bellos ojos en el rostro de una hermosa mujer. El asombro de la señorita Bingley al descubrir que la dama en cuestión es Elizabeth Bennet la impulsa a bromear sobre el inminente matrimonio de Darcy y una suegra en Pemberley. Darcy permanece perfectamente indiferente ante su diversión, mientras su compostura le asegura que la situación no requiere alarma.
CAPÍTULO VII
El Sr. Bennet heredó una hacienda de dos mil libras al año que estaba vinculada a un pariente masculino lejano, dejando a sus hijas dependientes de la fortuna de su madre de cuatro mil libras y de las conexiones de su tío el Sr. Philips en Meryton. La proximidad del pueblo a Meryton resultó muy conveniente para Catherine y Lydia, quienes visitaban a su tía tres o cuatro veces por semana para recoger chismes y admirar a los oficiales del recién llegado regimiento de milicias que pasaría el invierno en las cercanías. Cuando el Sr. Bennet declaró burlonamente que las dos jóvenes más pequeñas eran las más tontas del país, la Sra. Bennet las defendió confesando que ella misma había gustado en su día de una casaca roja y no rechazaría a un apuesto coronel con cinco o seis mil libras al año para ninguna de sus hijas. La invitación de Caroline Bingley a Jane para cenar en Netherfield obligó a la familia a considerar el clima, y el ardid de la Sra. Bennet para mantener a Jane en Netherfield enviándola a caballo bajo una lluvia amenazante tuvo éxito más allá de sus expectativas. Jane cogió un fuerte resfriado a causa del paseo bajo la lluvia, y Elizabeth, decidida a visitar a su hermana a pesar del fangoso camino de tres millas a través de los campos, llegó a Netherfield con las medias sucias pero resplandeciente por el ejercicio. La Srta. Bingley y la Sra. Hurst consideraron la caminata de Elizabeth casi increíble y la despreciaron levemente, aunque el Sr. Darcy observó su cutis con una admiración entremezclada. La enfermedad de Jane empeoró con síntomas febriles, y Elizabeth permaneció a su lado durante toda la jornada, aceptando finalmente la oferta de la Srta. Bingley de quedarse cuando Jane manifestó su angustia ante la separación.
Finanzas de la familia Bennet, antecedentes y ubicación de Longbourn
La principal posesión del Sr. Bennet es una finca que rinde dos mil libras anuales, la cual, por desgracia, pasa mediante un mayorazgo a un pariente varón lejano, dejando a sus hijas sin herencia. Las cuatro mil libras de herencia de la Sra. Bennet, aunque considerables para su posición, no compensan del todo esta carencia. Su padre ejerció como procurador en Meryton, y ella mantiene lazos con su antiguo bufete a través de su hermana, casada con el Sr. Philips, quien lo sucedió como pasante. Un hermano se ha establecido en Londres dedicado a un comercio respetable. La cercanía de Longbourn a Meryton—a tan solo una milla de distancia—resulta práctica para las hijas Bennet, que suelen visitar a su tía y una sombrerería cercana varias veces por semana.
La preocupación de Catherine y Lydia por la milicia local
Las hermanas menores de Bennet, Catherine y Lydia, demuestran un entusiasmo particular por estas excursiones a Meryton, sus mentes aparentemente más vacías que las de sus hermanas mayores y requiriendo entretenimiento constante. La residencia de su tía se ha convertido en una puerta de acceso a las más fascinantes novedades sobre un regimiento de milicia llegado recientemente al vecindario, que permanecerá durante todo el invierno con cuartel general en Meryton. Las hermanas han pasado rápidamente de conocer los nombres y conexiones de los oficiales a conocer a los propios oficiales, facilitado por las presentaciones del señor Philips. Su conversación se ha reducido exclusivamente a asuntos militares. Cuando el señor Bennet declara su convicción de que representan «dos de las muchachas más tontas del país», la señora Bennet las defiende mientras revela su propia susceptibilidad ante los uniformes apuestos, expresando la esperanza de que un coronel con cinco o seis mil libras anuales pudiera eventualmente desear a una de sus hijas. Lydia admira abiertamente al capitán Carter, comentando sus movimientos con su tía.
La invitación de Jane a Netherfield y el plan de la Sra. Bennet para que pase la noche
Llega una nota de la señorita Bingley en la que invita a Jane a cenar en Netherfield, advirtiendo que ella y Louisa corren el riesgo de una mutua antipatía si se ven obligadas a pasar un día entero solas juntas, y señalando que los caballeros cenarán con los oficiales. Las maniobras estratégicas de la señora Bennet se hacen evidentes cuando insiste en que Jane vaya a caballo a pesar del tiempo favorable, asegurando así que no pueda regresar el mismo día. Cuando Jane sugiere preferir el carruaje, su madre inventa una excusa sobre las necesidades de la granja, que el señor Bennet desinfló al señalar que los caballos se necesitan allí con frecuencia. El comentario sardónico de Elizabeth sobre el ardid de su madre pasa desapercibido; Jane parte a caballo mientras la señora Bennet ofrece alegres pronósticos de un día desfavorable. La lluvia que la señora Bennet había anticipado cae efectivamente, garantizando la ausencia prolongada de Jane de Longbourn.
La enfermedad de Jane y la decisión de Elizabeth de ir caminando a Netherfield
Por la mañana, un sirviente trae la noticia de que Jane ha caído enferma, atribuyendo su estado a haberse mojado durante el viaje del día anterior. La familia de Netherfield insiste en que permanezca allí hasta su recuperación y ha mandado llamar al señor Jones, el boticario. El humor sombrío del señor Bennet señala la ironía de que su hija arriesgue la muerte en la persecución del señor Bingley siguiendo las instrucciones de su madre, mientras que la señora Bennet descarta tales preocupaciones como infundadas. Elizabeth, genuinamente preocupada, resuelve ir a visitarla a pesar de no tener coche disponible y de carecer de habilidad para montar a caballo. La señora Bennet protesta por la indignidad de llegar sucia, pero Elizabeth insiste en que la disposición para ver a Jane importa más que la apariencia. Cuando el señor Bennet ofrece los caballos, Elizabeth los rechaza, declarando que tres millas no son nada con la motivación adecuada. Mary cita la importancia del esfuerzo proporcionado, pero Elizabeth acepta la compañía de sus hermanas menores hasta Meryton, donde Lydia espera ver por un instante al capitán Carter antes de su partida hacia Londres. Sola, Elizabeth cruza campos y vallas rápidamente, llegando embarrada y despeinada por el viento.
La llegada de Elizabeth a Netherfield y la recepción inicial
Elizabeth aparece en el salón del desayuno vestida de acuerdo con su caminata de tres millas bajo un tiempo inclemente: medias sucias, tobillos agotados y un cutis arrebolado por el esfuerzo. La señora Hurst y la señorita Bingley observan su llegada con algo que se aproxima a la incredulidad y un desprecio evidente. La atención del señor Darcy se divide entre la admiración por su cutis resplandeciente y las reservas sobre la conveniencia de que haya viajado sola. El señor Hurst, indiferente como de costumbre, concentra toda su atención en el desayuno. El señor Bingley es el único que demuestra genuina calidez y bondad junto con una cortesía convencional. Elizabeth percibe su desprecio, pero recibe de las damas un trato lo suficientemente cortés.
La evaluación médica de Jane y la estancia prolongada de Elizabeth en Netherfield
Jane, habiendo dormido mal, permanece febril y confinada en su habitación. Elizabeth se une a ella inmediatamente, descubriendo que Jane había omitido expresar en su nota anterior cuán desesperadamente había añorado tal compañía. A Jane le cuesta mantener la conversación, expresando repetidamente su gratitud por la extraordinaria amabilidad que recibe. Miss Bingley les concede privacidad, y Elizabeth atiende silenciosamente a su hermana. El examen del boticario confirma un fuerte resfriado, que requiere reposo en cama y medicación. Elizabeth permanece al lado de Jane sin interrupción mientras las damas la visitan con frecuencia, estando los caballeros ocupados en otra parte. Cuando llegan las tres, Elizabeth anuncia con desgana su partida, lo que induce a Miss Bingley a ofrecerle el carruaje. La evidente aflicción de Jane ante la separación convence a Miss Bingley de transformar la oferta en una invitación para que Elizabeth permanezca en Netherfield. Elizabeth acepta agradecida, y se envía a un criado a Longbourn para avisar a la familia y traer la ropa necesaria.
Capítulo VIII
Ambientada en Netherfield Park poco después de la llegada de Elizabeth Bennet para cuidar a su hermana enferma Jane, el capítulo comienza con la cena vespertina, donde Elizabeth informa que Jane no ha mejorado. Después de la comida, las hermanas Bingley se burlan del aspecto desaliñado de Elizabeth debido a su larga caminata y de los bajos vínculos sociales de la familia Bennet, mientras que Bingley defiende a Elizabeth y Darcy expresa una silenciosa admiración por ella. Más tarde, en la sala de estar, Elizabeth declina una invitación a jugar a las cartas con apuestas altas, lo que desencadena una conversación sobre libros y la biblioteca de Darcy en Pemberley, que conduce a un debate sobre la definición de una "mujer accomplished". El capítulo cierra con la noticia de que el estado de Jane ha empeorado, lo que provoca un desacuerdo sobre la atención médica, y un contraste entre la genuina preocupación de Bingley por Jane y el fingido e indiferente dolor de sus hermanas.
La cena y la preocupación por Jane
A las seis y media, Elizabeth se une al grupo de Netherfield para la cena y, ante las preguntas corteses, responde que Jane no se encuentra mejor. Bingley muestra una preocupación por el estado de Jane mucho más sincera que la del resto de los invitados, lo que hace que Elizabeth se sienta favorablemente dispuesta hacia él, mientras que la señorita Bingley, la señora Hurst y el señor Hurst apenas le prestan atención. La señorita Bingley y la señora Hurst fingen repetidamente una gran sorpresa e inquietud por el resfriado de Jane antes de descartar el asunto por completo, lo que hace que Elizabeth recupere la antipatía que originalmente sentía hacia ellas.
Crítica de la apariencia de Elizabeth
Inmediatamente después de que Elizabeth sale del comedor, la señorita Bingley y la señora Hurst lanzan una dura crítica personal sobre su carácter y apariencia, descartándola como orgullosa, impertinente y carente de belleza, estilo, conversación o cualquier cualidad redentora más allá de ser una hábil caminante.
El desdén de las hermanas por su ropa embarrada
Las hermanas se obsesionan con la apariencia desaliñada de Elizabeth tras su caminata de tres a cinco millas hasta Netherfield en solitario: se burlan de su cabello despeinado y desaliñado, así como de sus enaguas embarradas con seis pulgadas de lodo que la falda no alcanzó a cubrir por completo, y presentan su decisión de caminar tan lejos en condiciones de barro como una señal de independencia engreída y de desprecio por el decoro social.
La defensa de Bingley y la admiración de Darcy
Bingley defiende a Elizabeth, diciendo que no reparó en su enagua embarrada y que le pareció que se veía notablemente bien esa mañana, además de elogiar su larga caminata como una conmovedora muestra de cariño hacia su hermana. Cuando la señorita Bingley pregunta si Darcy quedó impresionado por su apariencia, Darcy responde que no lo estuvo, y se limita a señalar que el ejercicio había dado brillo a sus bonitos ojos.
Burla de las bajas conexiones de los Bennet
Las hermanas Bingley dirigen sus burlas hacia la baja posición social de la familia Bennet, quejándose de que Jane no tiene ninguna posibilidad de contraer un matrimonio ventajoso debido a las relaciones vulgares y de bajo estatus de sus padres: señalan que su tío en Meryton es abogado, y que otro tío vive cerca de Cheapside en Londres, y ríen a carcajadas de la vulgaridad de estas conexiones. Bingley desdeña su esnobismo, diciendo que ni siquiera una docena de tíos de Cheapside harían que los Bennet resultaran menos agradables, mientras que Darcy coincide en que sus bajas conexiones reducirán sustancialmente sus posibilidades de casarse con hombres de buena posición social.
La velada en la sala de estar
Después de confirmar que Jane sigue enferma, Elizabeth entra al salón y encuentra a todo el grupo jugando al loo con apuestas elevadas, por lo que rechaza su invitación a sumarse, optando en cambio por leer un libro. El señor Hurst considera su elección insólita, y la señorita Bingley afirma falsamente que Elizabeth aborrece los juegos de cartas y solo disfruta de la lectura, una afirmación que Elizabeth desmiente con modestia. Bingley se ofrece a traerle más libros de su biblioteca, lo que desencadena una conversación sobre la biblioteca de Darcy en Pemberley.
Elizabeth eligiendo un libro en lugar de las cartas
Al entrar en la sala de estar y encontrar al grupo jugando a las cartas con fuertes apuestas, Elizabeth rechaza su invitación a sumarse, utilizando como excusa la necesidad de quedarse con Jane, y dice que se entretendrá con un libro durante el breve tiempo que pueda permanecer abajo. El señor Hurst manifiesta abiertamente su asombro de que prefiera leer antes que jugar a las cartas.
Discusión sobre bibliotecas y Pemberley
Bingley inmediatamente se ofrece a traerle más libros de su biblioteca a Elizabeth, disculpándose porque su colección no es más amplia para beneficio de ella y crédito propio, confesando que es un lector perezoso que rara vez ha hojeado la mayoría de sus libros. La conversación luego pasa a la extensa biblioteca de varias generaciones de Darcy en Pemberley, que la señorita Bingley elogia efusivamente, lo que lleva a Bingley a bromear con que comprará Pemberley misma si Darcy la vende, en lugar de intentar imitarla cuando construya su propia casa de campo.
El debate sobre las mujeres consumadas
La conversación del grupo gira en torno a las cualidades que definen a una joven verdaderamente "educada" o "accomplished". Bingley abre con una definición amplia y común que incluye habilidades femeninas convencionales y ampliamente disponibles, lo que provoca un desacuerdo con Darcy, quien expone criterios mucho más estrictos y exclusivos para merecer tal título.
La amplia definición de Bingley
Bingley afirma que casi todas las jóvenes son instruidas, enumerando habilidades femeninas estándar como pintar mesas, tapizar biombos y tejer bolsos como los requisitos esenciales, y diciendo que nunca ha conocido a una joven que no haya sido descrita como instruida cuando fue presentada por primera vez.
Los criterios estrictos de Darcy y el escepticismo de Elizabeth
Darcy rechaza la vaga definición de Bingley, diciendo que solo media docena de mujeres en todo su conocimiento son verdaderamente consumadas, y expone criterios estrictos: una mujer debe tener un conocimiento profundo de la música, el canto, el dibujo, el baile y los idiomas modernos, además de una elegancia natural en su porte, manera de caminar, voz, trato y expresiones, y también debe cultivar su mente mediante la lectura extensiva. Elizabeth se burla diciendo que nunca ha conocido a una mujer que cumpla con esta completa descripción, y la señorita Bingley y la señora Hurst protestan asegurando que conocen a muchas mujeres así, hasta que el señor Hurst las llama al orden por estar ignorando su partida de cartas en curso.
El empeoramiento del estado de Jane
Más tarde, por la noche, Elizabeth regresa al salón para informar que el estado de Jane ha empeorado y que no puede separarse de su lado. Surge de inmediato un desacuerdo sobre cuál es el mejor tratamiento médico para Jane, y el grupo llega a un plan de compromiso. El capítulo se cierra con un marcado contraste entre la genuina y activa preocupación de Bingley por Jane y el fingido e indiferente dolor de sus hermanas.
Desacuerdo sobre la atención médica
Cuando Elizabeth reporta que Jane está peor, Bingley insta a enviar de inmediato a buscar al boticario local, el señor Jones. Sus hermanas argumentan que ningún consejo médico del campo puede posiblemente ayudar a Jane, y recomiendan enviar a buscar a un destacado médico de Londres, un plan con el que Elizabeth se niega a estar de acuerdo. El grupo se decide por enviar a buscar al señor Jones a primera hora de la mañana siguiente si Jane no ha mostrado una clara mejoría para entonces.
La indiferencia de las hermanas versus la preocupación de Bingley
Bingley está profundamente afligido por el empeoramiento del estado de Jane, y no encuentra otro alivio para su preocupación que darle a su ama de llaves instrucciones detalladas y estrictas para que brinde todo el cuidado y atención posibles a Jane y a Elizabeth. Sus hermanas afirman sentirse desdichadas por la enfermedad de Jane, pero rápidamente se consuelan cantando dúos después de la cena, lo cual pone de manifiesto su indiferencia ante el sufrimiento de Jane, en contraste con la auténtica preocupación de Bingley.
CAPÍTULO IX.
Este capítulo se abre con Elizabeth permaneciendo en Netherfield durante la noche para cuidar a su hermana Jane, que se encuentra enferma. A la mañana siguiente envía noticias al señor Bingley y a sus hermanas, y después le ruega a su madre que acuda para evaluar personalmente el estado de Jane. La señora Bennet llega acompañada de sus dos hijas menores y, en privado, se siente aliviada al comprobar que Jane no corre peligro inmediato, pues una recuperación completa la alejaría de Netherfield y del señor Bingley. La familia Bennet se reúne con Bingley, la señorita Bingley y el señor Darcy para desayunar, ocasión en la que la señora Bennet comete una serie de torpezas sociales: ofende a Darcy al desdeñar el valor de la sociedad rural, presume en exceso de la belleza de Jane y de la posición social de los Bennet, y hace comentarios poco halagüeños sobre la familia Lucas. Entre Elizabeth y Darcy surge un intercambio de bromas ligeras sobre el carácter, la poesía y el amor, y el capítulo concluye con Lydia reclamando a Bingley que cumpla su promesa de celebrar un baile en Netherfield; tras ello, la familia Bennet se marcha y Elizabeth vuelve al lado de Jane.
Elizabeth se queda con Jane durante la noche, la Sra. Bennet visita Netherfield
Elisabeth pasa la mayor parte de la noche en la habitación de Jane en Netherfield, y a la mañana siguiente envía una noticia satisfactoria al señor Bingley por medio de una criada, seguida de un mensaje de sus dos hermanas. Luego solicita que se envíe una nota a Longbourn para pedir a su madre que visite a Jane y se forme su propio juicio sobre su enfermedad. La señora Bennet accede de inmediato, y llega a Netherfield poco después del desayuno familiar acompañada de sus dos hijas menores.
La Sra. Bennet se opone a trasladar a Jane, conversación durante el desayuno con los Bingley
Aunque la señora Bennet se siente aliviada al ver que Jane no se encuentra en peligro grave, se opone a trasladar a Jane a casa, ya que su recuperación la separaría del señor Bingley en Netherfield. Rechaza tanto la solicitud de Jane de ser trasladada como el consejo del boticario de que el cambio de lugar es desaconsejable. Después de una breve visita con Jane, la señora Bennet y sus tres hijas se unen a la señorita Bingley y al señor Bingley en la sala del desayuno. Bingley las recibe con corteses deseos de que Jane no esté peor de lo esperado, ante lo cual la señora Bennet afirma falsamente que está demasiado enferma para ser trasladada.
Debate sobre el estudio del carácter y la sociedad rural frente a la urbana, la Sra. Bennet ofende a Darcy
Bingley y la señorita Bingley le aseguran a la señora Bennet que Jane recibirá toda la atención posible durante su estancia en Netherfield, y la señora Bennet les prodiga abundantes agradecimientos mientras alaba la paciencia de Jane, su dulce carácter y los hermosos jardines de Netherfield. Bingley bromea diciendo que si alguna vez decide irse de Netherfield, partirá en menos de cinco minutos, un comentario que Elizabeth dice entender perfectamente. Bingley la reprende en broma por ver a través de su carácter con tanta facilidad, y Elizabeth responde que los caracteres intrincados y complejos no son inherentemente más estimables que los sencillos y directos como el suyo. La conversación gira hacia el estudio del carácter, cuando Darcy afirma que los vecindarios rurales ofrecen muy poca variedad de personas para tal propósito. Elizabeth rebate que las personas cambian tanto que siempre hay algo nuevo que observar, lo que provoca que la señora Bennet se ofenda por el desaire de Darcy hacia la vida rural. Ella insiste en voz alta en que hay tanta variedad social en el campo como en la ciudad, y continúa alabando los placeres del campo por encima de Londres, dejando a Darcy en silencio y atónito ante su grosería. Elizabeth intenta suavizar la situación aclarando que Darcy solo quiso decir que hay menos variedad de personas en el campo que en la ciudad, pero la señora Bennet se niega a ceder, jactándose de que su vecindario es lo suficientemente grande como para que cenen regularmente con veinticuatro familias.
La señora Bennet elogia a Jane, habla sobre la familia Lucas, Elizabeth y Darcy bromean sobre poesía
Para distraer a su madre de más desatinos sociales, Elizabeth le pregunta si Charlotte Lucas ha visitado Longbourn desde que se fue. La señora Bennet se lanza a una elogiosa reseña de sir William Lucas, calificándolo de un hombre de buenos modales y a la moda, y luego critica a Charlotte por haberse ido a casa en lugar de quedarse a cenar, afirmando que las hijas Bennet han sido criadas con estándares domésticos más elevados que las Lucas, aunque insiste en que las chicas Lucas son de buen natural. Continúa jactándose de que Jane no tiene igual en belleza, recordando a un caballero que quedó tan enamorado de Jane a los quince años que escribió unos versos muy bonitos para ella antes de marcharse sin declararse. Elizabeth bromea diciendo que la poesía suele ahuyentar el amor, y Darcy replica que él siempre ha considerado la poesía el alimento del amor. Elizabeth responde que la poesía mata de hambre al afecto ligero y débil, lo que deja a Darcy sonriendo en silencio mientras Elizabeth teme que su madre siga haciéndose pasar vergüenza.
Lydia solicita el prometido baile de Netherfield, la familia parte y Elizabeth regresa con Jane
La señora Bennet termina agradeciendo a los Bingley nuevamente por su amabilidad hacia Jane, disculpándose por la molestia de hospedar también a Elizabeth. La señorita Bingley cumple con las cortesías requeridas sin calidez, pero la señora Bennet queda satisfecha y llama a su carruaje. Lydia, que ha estado susurrándole a Kitty durante toda la visita, aprovecha el momento para recordarle al señor Bingley su promesa de organizar un baile en Netherfield cuando llegó por primera vez al vecindario. Bingley acepta gustosamente mantener su palabra una vez que Jane se haya recuperado, lo cual satisface a Lydia, quien añade que insistirá en que el regimiento del coronel Forster también organice un baile una vez que se celebre el de Bingley. La familia Bennet se marcha entonces, y Elizabeth regresa inmediatamente junto a Jane, dejando el comportamiento incómodo de su propia familia a los comentarios privados de la señorita Bingley y el señor Darcy, quien se niega a sumarse a sus críticas hacia Elizabeth a pesar de las pullas de la señorita Bingley sobre sus "bellos ojos".
Capítulo 11
Este capítulo narra un día en Netherfield que se desarrolla de manera muy similar al anterior: la señora Hurst y la señorita Bingley pasan la mañana atendiendo a Jane, quien se recupera lentamente, y Elizabeth se une al grupo en la sala de estar por la noche. El capítulo abarca un debate sobre la naturaleza de la humildad y la persuasión entre Darcy y Elizabeth, un interludio musical en el que Darcy invita a Elizabeth a bailar, las burlas mezquinas de la señorita Bingley hacia la familia y las cualidades de Elizabeth, y la decisión de Elizabeth de apartarse de una caminata grupal con Darcy y los Bingley.
La carta de Darcy y la adulación de la señorita Bingley
El segmento inicial del capítulo se centra en la incesante y desatendida adulación de la señorita Bingley hacia el señor Darcy mientras este escribe una carta a su hermana. Ella elogia repetidamente su caligrafía, la uniformidad de sus renglones y la extensión de su carta, se ofrece a arreglarle la pluma (lo cual él rechaza, señalando que siempre arregla la suya propia) y le pide que transmita su satisfacción por el reciente avance de su hermana con el arpa y por su nuevo diseño de mesa. Él accede a transmitir sus cumplidos, pero le pide aplazar compartir sus propios entusiasmos hasta disponer de espacio para hacerles justicia en su próxima carta. Bingley interviene para burlarse de Darcy por su estilo de escritura deliberado y laborioso, y Elizabeth observa que la humildad desenfadada de Bingley desarma cualquier reprimenda.
El debate sobre la humildad y la persuasión
Darcy rebate el valor de la humildad, argumentando que la apariencia de humildad a menudo es engañosa: o bien se trata de un desprecio por las opiniones ajenas o de una jactancia indirecta, y emplea la afirmación que Bingley hiciera antes sobre que podría abandonar Netherfield en cinco minutos como ejemplo de esto último. Elizabeth objeta que Darcy tergiversa el temperamento afable de Bingley, y ambos debaten si ceder al ruego de un amigo sin necesidad de que insistan es un mérito o una afrenta al propio entendimiento. Bingley bromea diciendo que la imponente estatura y el semblante serio de Darcy lo convierten en un oponente intimidante en las discusiones, lo cual provoca que Elizabeth ría hasta que teme haber ofendido a Darcy, momento en el que la señorita Bingley reprende a Bingley por sus tonterías. Darcy termina su carta solo después de que Elizabeth le sugiere que lo haga para poner fin al tedioso intercambio de réplicas.
La música de la señorita Bingley y la invitación de Darcy a bailar
Una vez que Darcy termina su carta, pide música al grupo. La señorita Bingley ocupa con entusiasmo su lugar en el pianoforte y, tras una invitación cortés (pero poco sincera) a Elizabeth para que dirija, comienza a tocar. Elizabeth nota que los ojos de Darcy se fijan en ella repetidamente y supone que la está criticando en silencio, aunque es completamente indiferente a su aprobación. Después de que la señorita Bingley interprete un animado aire escocés, Darcy se acerca a Elizabeth para invitarla a bailar un reel. Elizabeth lo provoca, diciendo que rechazará su invitación para negarle el placer de despreciar su mal gusto, y Darcy responde que no se atreve a despreciarla. Elizabeth se sorprende ante su galantería inesperada, mientras que Darcy está secretamente cautivado por ella, preocupado únicamente de que sus inferiores conexiones sociales hagan imposible una unión entre ellos. La señorita Bingley se pone visiblemente celosa y comienza a intentar provocar a Darcy contra Elizabeth al mencionar su supuesta boda próxima.
La burla de la señorita Bingley y el elogio de Darcy a Elizabeth
Al día siguiente, mientras paseaba por los arbustos con Darcy, la señorita Bingley se lanza a una pequeña burla de Elizabeth, enumerando las «mejoras» que Elizabeth tendrá que hacer después de casarse con Darcy: enseñarle a su suegra a morderse la lengua, curar a sus hermanas menores de perseguir a oficiales y contener el «orgullo y la impertinencia» de la propia Elizabeth. También bromea sobre colgar los retratos del tío y la tía de Elizabeth, los Philips, en la galería de Pemberley, junto al retrato del bisabuelo juez de Darcy, y afirma que ningún pintor podría hacer justicia a los bellos ojos de Elizabeth. Darcy la sorprende al responder que, aunque capturar la mirada expresiva de Elizabeth sería difícil, el color, la forma y las extraordinariamente finas pestañas podrían copiarse con facilidad.
La partida de Elizabeth de la arboleda
La señora Hurst y Elizabeth se encuentran con Darcy y la señorita Bingley durante su paseo, y la señorita Bingley se muestra turbada, preocupada de que la pareja haya escuchado sus burlas anteriores. La señora Hurst se queja de que se hayan marchado sin avisar al grupo, luego toma del brazo a Darcy, dejando a Elizabeth para caminar sola por el sendero estrecho. Darcy observa que el camino es demasiado angosto para cuatro personas, y sugiere que se trasladen a la avenida más amplia, pero Elizabeth lo rechaza, riendo que los tres forman un grupo encantador y que añadir un cuarto arruinaría lo pintoresco. Se despide y se aleja corriendo, regocijándose de que Jane se encuentre lo suficientemente bien como para abandonar su habitación esa noche, lo que significa que podrán regresar a Longbourn en uno o dos días.
CAPÍTULO XI.
Este capítulo narra las interacciones sociales en Netherfield tras una cena, centrándose en la dinámica entre las hermanas Bennet (Jane y Elizabeth) y la comitiva de los Bingley y Darcy. Aborda la conversación posterior a la cena, la discusión sobre un baile planeado en Netherfield, el agudo e ingenioso intercambio de réplicas entre Elizabeth y Darcy, y los continuos y cada vez más transparentes esfuerzos de la señorita Bingley por captar la atención del señor Darcy, culminando con la silenciosa comprensión de Darcy de que quizás le está prestando a Elizabeth más atención de la que sería prudente.
La conversación de las damas después de cenar antes de la llegada de los caballeros
Después de la cena, Elizabeth se cerciora de que Jane se mantenga abrigada y luego la acompaña a la sala de estar, donde son recibidas con calidez por la señorita Bingley y la señora Hurst. Las cuatro mujeres se llevan inusualmente bien durante la hora previa a la llegada de los caballeros, demostrando grandes habilidades conversacionales: relatan los hechos con precisión, comparten anécdotas humorísticas y se ríen con entusiasmo de las peculiaridades de sus conocidos comunes.
Llegan los caballeros; Bingley se centra en la comodidad de Jane
Cuando los caballeros entran en la sala, la señorita Bingley dirige inmediatamente toda su atención al señor Darcy, dirigiéndose a él antes de que haya dado muchos pasos en el espacio. Darcy, sin embargo, se dirige directamente hacia Jane para ofrecerle una cortés felicitación por su reciente recuperación, y el señor Hurst también le da un saludo tenue y tibio. Bingley es efusivo en su calidez y atención hacia Jane: atiende el fuego para protegerla del frío de la nueva sala, le pide que se acerque más a la chimenea, lejos de la puerta donde hay corriente, se sienta junto a ella y apenas habla con nadie más durante la primera media hora. Elizabeth observa esta interacción con evidente deleite desde un rincón al otro lado de la sala.
Actividades después del té: propuesta de cartas rechazada, la señorita Bingley imita la lectura de Darcy
Después del té, el señor Hurst propone jugar a las cartas, pero la señorita Bingley rechaza la propuesta, pues ha averiguado en privado que al señor Darcy no le interesan los juegos de cartas, e insiste en que nadie más en la reunión tiene intención de jugar. El señor Hurst desiste de la idea y se estira en un sofá para dormir. Darcy coge un libro, y la señorita Bingley escoge el segundo volumen del mismo libro para leer junto a él. Le hace preguntas sin cesar o echa vistazos a su página para intentar entablar conversación con él, pero él solo le da respuestas cortas y escuetas y continúa leyendo sin interrupción.
La conversación gira hacia el baile planeado en Netherfield
Finalmente agotada por su fallido intento de entretenerse con su libro, la señorita Bingley bosteza ruidosamente y declara que la lectura es la forma más agradable de pasar una velada, prometiendo que será miserable si no tiene una excelente biblioteca cuando posea su propia casa. Cuando oye a su hermano mencionar a Jane un baile planeado en Netherfield, interrumpe para argumentar en contra del evento, asegurando que un baile sería más un castigo que un placer para algunos invitados. Bingley insiste en que el baile ya es un plan decidido, y enviará las invitaciones tan pronto como el servicio de la casa haya preparado suficiente sopa blanca. La señorita Bingley se queja de que los bailes serían mucho mejores si la conversación, en lugar del baile, fuera el foco principal del evento, pero Bingley señala que eso no se sentiría como un verdadero baile en absoluto.
La señorita Bingley invita a Elizabeth a caminar; Darcy declina con un comentario ingenioso
Frustrada porque Darcy sigue completamente concentrado en su libro a pesar de sus esfuerzos por caminar alrededor de la habitación para presumir de su elegante figura, la señorita Bingley invita a Elizabeth a dar un paseo por la habitación con ella, presentándolo como un cambio refrescante tras estar sentada tanto tiempo. Cuando invitan a Darcy a unirse a su paseo, él declina con un ingenioso comentario: dice que solo hay dos razones posibles por las que elegirían caminar juntas, o bien tienen secretos privados que discutir (en cuyo caso él sería una interrupción inoportuna) o bien quieren exhibir sus figuras de la mejor manera posible mientras caminan (en cuyo caso él puede admirarlas mucho mejor desde su asiento junto al fuego).
Intercambio ingenioso entre Elizabeth, la señorita Bingley y Darcy
La señorita Bingley está horrorizada por la brusca observación de Darcy y le suplica que explique qué quiso decir. Elizabeth dice que no puede adivinar su significado, pero supone que está siendo crítico con las dos, y que la mejor manera de decepcionarlo es no pedir ninguna explicación en absoluto. La señorita Bingley se niega a dejar el asunto y exige que Darcy explique las dos razones que ha dado para rechazar. Él las expone con claridad, y Elizabeth se burla de la señorita Bingley, sugiriendo que todos pueden burlarse y fastidiarse mutuamente, señalando que el temperamento sereno y el ingenio agudo de Darcy hacen que sea casi imposible burlarse de él con eficacia. Elizabeth declara que le encanta reírse, pero solo de las locuras, los disparates y las incongruencias, no de las personas sabias o buenas. Darcy replica que ha pasado la vida esforzándose por evitar el tipo de debilidades que hacen que hasta las personas más inteligentes parezcan ridículas. Elizabeth bromea diciendo que su único defecto real es la tendencia a odiar a todo el mundo, y Darcy le responde que su defecto es la costumbre de malinterpretar deliberadamente a los demás. La señorita Bingley, que no ha participado en el intercambio, finalmente interrumpe la conversación con frustración.
La señorita Bingley pide música; Darcy reflexiona sobre su atención hacia Elizabeth
Cansada de la conversación en la que no tiene ninguna participación, la señorita Bingley le pide a su hermana que toque el pianoforte. Tras un breve momento de reflexión, Darcy se alegra de la distracción, ya que comienza a darse cuenta de que podría estar prestándole a Elizabeth más atención de la apropiada, dado su estatus social más bajo y sus propias reservas personales.
CAPÍTULO XII.
Este capítulo documenta la partida de las hermanas Bennet de Netherfield, las variadas reacciones de la casa de Netherfield ante su salida, su tibia bienvenida de regreso a Longbourn, y las novedades compartidas por sus hermanas menores sobre recientes acontecimientos locales.
Acuerdo para partir de Netherfield y la negativa de la madre a enviar el carruaje
Acuerdo para partir de Netherfield y negativa de la madre a enviar el carruaje Elizabeth y Jane acuerdan partir de Netherfield, por lo que Elizabeth escribe a su madre esa mañana para solicitar que el carruaje familiar sea enviado a recogerlas ese día. La señora Bennet había esperado que sus hijas permanecieran hasta el final de la visita de Jane, que duraba una semana, así que rechaza la petición, manifestando que el carruaje no estará disponible hasta el martes, y añade en una posdata que, si el señor Bingley y su hermana invitasen a las hermanas a prolongar su estancia, ella estaría encantada de que lo hicieran. Elizabeth se muestra firme en su decisión de no extender su visita, y no espera que los Bingley insistan en que permanezcan, por lo que persuade a Jane de que pidan prestado el carruaje del señor Bingley en su lugar. Las hermanas deciden informar a la concurrencia de Netherfield ese mismo día de su plan original de partir de inmediato.
Reacciones a la partida planeada de las hermanas Bennet
Reacciones a la partida planeada de las hermanas Bennet Cuando la familia de Netherfield se entera de que las hermanas tienen la intención de marcharse tan pronto, muchos expresan su pesar y les piden que se queden al menos hasta el día siguiente para darle a Jane más tiempo para recuperarse. La señorita Bingley se arrepiente de inmediato de haber sugerido previamente la demora de la partida de las hermanas, ya que sus celos y su antipatía hacia Elizabeth superan con creces cualquier afecto que sienta por Jane.
Los intentos de Bingley de persuadir a Jane para que se quede más tiempo
Los intentos de Bingley de persuadir a Jane de quedarse más tiempo El señor Bingley está sinceramente afligido al enterarse de que las hermanas planean partir tan pronto, e intenta repetidamente convencer a Jane de que no se ha recuperado lo suficiente como para viajar sin peligro. Jane se mantiene firme en su decisión de partir, ya que confía en su elección de regresar a casa.
La Satisfacción de Darcy ante su Partida y Resolución de Ocultar su Admiración
La satisfacción de Darcy ante su partida y su resolución de ocultar su admiración Al Sr. Darcy le complace saber que las hermanas pronto dejarán Netherfield: encuentra a Elizabeth más atractiva de lo que le resulta cómodo, y también se siente frustrado por la grosería de la Srta. Bingley hacia Elizabeth y por las crecientes burlas que esta dirige hacia él. Resuelve ser extremadamente cauteloso para evitar mostrar cualquier signo de su admiración por Elizabeth, a fin de impedir que ella conciba falsas esperanzas de un enlace romántico entre ambos, consciente de que su comportamiento reciente tendría un peso considerable en la opinión que ella se formara acerca de sus sentimientos. Se atiene con rigor a esta determinación, apenas dirigiéndole la palabra a Elizabeth en todo el sábado, e incluso se rehúsa a mirarla cuando, por accidente, se quedan a solas durante media hora, optando en cambio por concentrarse afanosamente en su libro.
Partida de Netherfield y el Repentino Cariño de la Srta. Bingley
**Partida de Netherfield y la repentina afabilidad de la señorita Bingley** El domingo, después del oficio religioso de la mañana, las hermanas parten de Netherfield, para alivio de casi todos los miembros de la casa. La actitud de la señorita Bingley hacia las hermanas cambia de manera repentina en el último momento: se vuelve muy atenta con Elizabeth y exageradamente cariñosa con Jane, prometiendo que siempre será un placer recibir a cualquiera de las dos hermanas en Longbourn o en Netherfield, e incluso estrecha la mano de Elizabeth al despedirse. Elizabeth deja a todo el grupo de Netherfield de muy buen ánimo.
Acogida Mixta al Regresar a Longbourn
Recepción Mixta al Regresar a Longbourn Las hermanas reciben una acogida poco cordial de parte de su madre, quien está disgustada porque regresaron antes de tiempo, las reprende por causar molestias innecesarias, e insiste en que Jane volverá a resfriarse a causa del viaje. Su padre, aunque reservado al manifestar su satisfacción, se alegra sinceramente de tenerlas de vuelta, pues el hogar se había sentido incompleto sin ellas. La conversación familiar de esa noche resulta mucho menos animada y carece de gran parte de su ingenio habitual sin la presencia de Jane e Elizabeth.
Noticias Familiares de Mary, Catherine y Lydia
Noticias familiares de Mary, Catherine y Lydia Mary está, como de costumbre, absorta en el estudio del bajo continuo y la filosofía moral, y tiene nuevos extractos musicales y observaciones de teoría moral que compartir con sus hermanas. Catherine y Lydia tienen noticias muy diferentes que comunicar: ha ocurrido mucho en el regimiento local de milicia desde el miércoles anterior, varios oficiales han cenado recientemente con su tío, un soldado raso ha sido azotado, y circulan rumores de que el coronel Forster va a casarse.
La Carta y la Llegada del Sr. Collins
Este capítulo se centra en la llegada del señor William Collins, primo lejano de la familia Bennet y heredero de la propiedad de Longbourn según las condiciones de la vinculación familiar. El señor Bennet anuncia por primera vez la próxima visita a su familia durante el desayuno, comparte el texto completo de la carta de presentación del señor Collins, en la que explica su deseo de reconciliar un antiguo conflicto familiar y su nombramiento clerical bajo el patrocinio de lady Catherine de Bourgh, y la familia analiza el carácter de Collins a partir del tono y el contenido de la carta. El capítulo se cierra con la llegada puntual del señor Collins a Longbourn, donde su trato formal, obsequioso y sus incómodos cumplidos revelan su excesiva deferencia hacia lady Catherine y su desmedido interés por su futura herencia de la propiedad.
El Anuncio del Sr. Bennet en el Desayuno
En el desayuno de la mañana siguiente a la recepción de la carta del señor Collins, el señor Bennet hace una broma a su familia al anunciar que espera un nuevo miembro en la reunión de la casa, lo que lleva a la señora Bennet a suponer inicialmente que el visitante es el señor Bingley. Cuando él revela que el visitante es un primo varón hasta entonces desconocido, la familia queda asombrada, y el señor Bennet explica que el hombre es el señor Collins, el heredero de la propiedad de Longbourn que heredará la finca tras la muerte del señor Bennet, según los términos del mayorazgo que impide que las hijas Bennet hereden. La señora Bennet se queja amargamente de la injusticia del mayorazgo, antes de que el señor Bennet comparta que recibió la carta de Collins un mes antes, la respondió dos semanas antes, y leerá su contenido completo a la familia.
La Carta del Sr. Collins
El texto completo de la carta del señor Collins, fechada el 15 de octubre desde Hunsford, Kent, se comparte íntegramente. En la carta, Collins explica que la larga desavenencia entre su difunto padre y el señor Bennet le ha causado gran inquietud, y ahora que ha sido ordenado como clérigo y se le ha concedido la valiosa rectoría de su parroquia por el mecenazgo de la Muy Honorable Lady Catherine de Bourgh, está resuelto a sanar la ruptura familiar. Presenta su propuesta como un esfuerzo de reconciliación acorde con sus deberes clericales, se disculpa por ser el beneficiario no intencionado del mayorazgo que desplaza a las hijas de los Bennet, y anuncia que visitará Longbourn el lunes 18 de noviembre a las cuatro en punto, permaneciendo hasta el sábado siguiente, señalando que Lady Catherine aprueba su ausencia temporal de sus obligaciones parroquiales siempre y cuando otro clérigo cubra sus responsabilidades del domingo.
Discusión sobre el Carácter del Sr. Collins
Después de leer la carta, la familia Bennet analiza el carácter del señor Collins. El señor Bennet bromea diciendo que tiene grandes esperanzas de que Collins resulte ser un conocido valioso, sobre todo si Lady Catherine permite futuras visitas a Longbourn. La mala voluntad que la señora Bennet sentía previamente hacia Collins se disipa en gran medida gracias a la carta, y se prepara para recibirlo con una compostura que sorprende a su esposo y a sus hijas. Jane se siente encantada por la amable intención de Collins de reconciliarse con las hermanas Bennet, mientras que Elizabeth queda impactada por la excesiva y aduladora deferencia que muestra hacia Lady Catherine, así como por su tono pomposo y pretencioso, lo que la lleva a dudar de su buen juicio. Mary señala que la carta está bien redactada, y que la metáfora de la "rama de olivo" se emplea con eficacia. Catherine y Lydia no muestran ningún interés en la carta ni en su autor, y solo esperan que su primo sea lo suficientemente a la moda como para resultar divertido.
La Llegada y Presentación del Sr. Collins
El señor Collins llega a Longbourn exactamente a las cuatro en punto, la hora que había indicado, y es recibido con cortesía por toda la familia Bennet. Se lo describe como un hombre alto y corpulento de veinticinco años, con un porte grave y formal y modales muy tiesos. Inmediatamente después de tomar asiento, elogia a la señora Bennet por sus cinco hermosas hijas, afirma que desde hace tiempo ha oído hablar de su celebrada belleza y dice que viene dispuesto a admirarlas, dando a entender que quizá pueda ayudarlas a conseguir buenos matrimonios en el futuro, comentario que divierte a las hermanas Bennet más jóvenes. A continuación, se deshace en alabanzas sobre el vestíbulo de Longbourn, el comedor y todos sus enseres, lo cual alarma a la señora Bennet al darse cuenta de que él ya está contemplando la propiedad como su futura herencia. Asimismo, pregunta cuál de sus primas se encarga de la excelente cocina de la casa, lo que ofende a la señora Bennet, quien insiste en que sus hijas no tienen ninguna participación en los quehaceres de la cocina, lo cual da lugar a una disculpa larga y embarazosa por parte de Collins.
CAPÍTULO XIV
Este capítulo se centra en la visita del señor Collins a la casa de los Bennet, destacando su excesiva admiración por su protectora lady Catherine de Bourgh, sus interacciones con las hijas de los Bennet, y una velada informal de conversación y juegos después de la cena.
El Sr. Collins elogia a Lady Catherine de Bourgh
El señor Bennet menciona intencionalmente a Lady Catherine de Bourgh para hacer hablar al señor Collins, quien se lanza entonces a dedicarle a su patrona unos elogios efusivos y solemnes. Detalla su amabilidad: aprobar los dos sermones que él ha predicado ante ella, invitarlo a cenar en Rosings Park en dos ocasiones, pedirle que se una a sus partidas vespertinas de cuadrillé, tratarlo con el mismo respeto que a otros caballeros de su rango, alentarlo a casarse discretamente cuanto antes, e incluso visitar su humilde rectoría para aprobar las reformas hechas en la casa y sugerirle añadir estantes en los armarios de la planta de arriba.
La Sra. Bennet pregunta por la familia de Lady Catherine
La señora Bennet responde positivamente a la descripción que el señor Collins hace de lady Catherine, y luego pregunta si vive cerca. Al enterarse de que lady Catherine es viuda, inquiere si la mujer tiene alguna familia.
El Sr. Collins describe a la Srta. de Bourgh
El señor Collins explica que Lady Catherine tiene una sola hija, la señorita de Bourgh, quien es la heredera de Rosings Park y de una extensa propiedad. Afirma que Lady Catherine ha asegurado que la señorita de Bourgh es más hermosa que cualquier otra mujer, pues sus facciones la señalan claramente como mujer de ilustre linaje. Señala que la señorita de Bourgh goza de una salud delicada que le ha impedido cultivar muchos de los talentos que de ella se esperan, aunque es en extremo amable, y con frecuencia se digna a pasar conduciendo frente a su rectoría en un pequeño faetón tirado por ponis.
El Sr. Collins recuerda sus halagadores comentarios a Lady Catherine
El señor Collins recuerda los halagadores comentarios que ha hecho a Lady Catherine sobre su hija: le dijo que la delicada salud de la señorita de Bourgh había privado a la corte británica de su más brillante ornamento, y le ha repetido en varias ocasiones a Lady Catherine que su hija había nacido para ser duquesa, siendo los rangos más altos los adornados por la señorita de Bourgh y no al contrario. Presenta estos comentarios como pequeños y apropiados cumplidos que está obligado a ofrecer para complacer a su patrona.
El Sr. Bennet se burla del Sr. Collins por su adulación
El señor Bennet se burla del señor Collins, preguntándole si sus halagos son espontáneos o el resultado de una planificación previa. El señor Collins responde que son mayormente espontáneos, aunque a veces prepara pequeños cumplidos elegantes para ocasiones ordinarias, siempre expresándolos con un aire de naturalidad. El señor Bennet se divierte enormemente con lo absurdo de su primo, manteniendo una expresión serena mientras disfruta del intercambio, solo lanzando miradas ocasionales a Elizabeth para compartir su placer.
El señor Collins se niega a leer novelas a las señoras
Después del té, el señor Bennet invita al señor Collins a leer en voz alta a las damas, y se presenta un libro de una biblioteca circulante. El señor Collins se echa atrás de inmediato, protesta diciendo que nunca lee novelas, para sorpresa de Kitty y la exclamación abierta de Lydia.
El señor Collins lee los Sermones de Fordyce en voz alta
Se sacan otros libros, y tras alguna deliberación, el señor Collins elige los *Sermones de Fordyce*. Abre el volumen y comienza a leer en voz alta con un tono muy monótono y solemne, pero apenas consigue leer tres páginas antes de ser interrumpido.
Lydia interrumpe al señor Collins con noticias locales
Lidia interrumpe la lectura del señor Collins para compartir chismes locales con su madre: su tía Philips le dijo que su tío Philips está considerando despedir a su sirviente Richard, y si lo hace, el coronel Forster lo contratará. Dice que planea caminar hasta Meryton al día siguiente para saber más sobre la situación y averiguar cuándo regresa el señor Denny de la ciudad.
La familia Bennet se disculpa por la interrupción de Lydia
Las dos hermanas mayores de Lydia la regañan por su grosera interrupción. El señor Collins se ofende, deja su libro a un lado y comenta que a menudo ha notado que las señoritas tienen poco interés en los libros serios e instructivos escritos en su beneficio, lo cual le parece asombroso. Luego dice que ya no impondrá más la lectura a su joven prima. La señora Bennet y sus hijas se disculpan con suma cortesía por el comportamiento de Lydia y le piden al señor Collins que reanude su lectura, pero él les asegura que no guarda ningún resentimiento hacia Lydia.
El señor Collins juega al backgammon con el señor Bennet
El señor Collins se vuelve hacia el señor Bennet y lo reta a una partida de backgammon. El señor Bennet acepta el desafío, comentando que el señor Collins está actuando con mucha prudencia al dejar a las chicas entregadas a sus triviales pasatiempos. Los dos hombres se sientan en otra mesa para jugar.
CAPÍTULO XV.
El señor Collins, un clérigo de escaso entendimiento pero abundante amor propio, ha decidido casarse con una de las hijas Bennet como forma de restitución por haber heredado la propiedad de su padre, fijándose inicialmente en Jane antes de redirigir sus atenciones hacia Elizabeth al enterarse de que Jane podría estar pronto comprometida. Durante un paseo a Meryton con las hermanas Bennet, la comitiva se encuentra con el recién llegado señor Wickham, cuyo apuesto aspecto y agradables modales cautivan inmediatamente a todos, aunque la presentación resulta más notable por lo que sucede a continuación: cuando Darcy y Bingley se topan con el grupo, Darcy y Wickham intercambian una mirada tan cargada que uno palidece y el otro enrojece, apenas rozándose los sombreros a modo de saludo, lo que deja a Elizabeth y Jane perplejas ante la evidente enemistad entre dos hombres que aparentemente deberían ser desconocidos. El señor Collins, entretanto, causa una excelente impresión en la señora Philips con su excesiva cortesía y sus protestas sobre su elegancia, mientras que las hermanas menores Bennet se obsesionan con los oficiales y con la perspectiva de la cena de la noche siguiente.
Trasfondo y carácter del Sr. Collins
El señor Collins carece de juicio sensato, una deficiencia que no se ve favorecida por su limitada educación ni por su experiencia social. Pasó la mayor parte de su vida bajo la guía de un padre iletrado y avaro. Aunque asistió a la universidad, simplemente cumplió con los términos requeridos sin formar conexiones útiles. La subyugación de su padre le dio originalmente una gran humildad, pero esta ha sido contrarrestada por la presunción propia de una mente débil que vive en el retiro, combinada con los sentimientos derivados de una prosperidad inesperada. Una feliz casualidad lo recomendó ante Lady Catherine de Bourgh cuando el beneficio eclesiástico de Hunsford quedó vacante. Su respeto por su alto rango y la veneración que siente por ella como su patrona, mezclados con una muy buena opinión de sí mismo y de su autoridad como clérigo, hacen de él una mezcla de orgullo y servilismo, de presunción y humildad.
Plan de matrimonio de Collins para las hijas Bennet
Con una buena casa e ingresos suficientes, el señor Collins tiene intención de casarse. Buscando la reconciliación con la familia Longbourn, planea elegir a una de las hijas Bennet, pues cree que son hermosas y amables según los rumores comunes. Considera esto como su plan de reparación por heredar la propiedad de su padre, juzgándolo excelente, conveniente, apropiado, generoso y desinteresado de su parte. Al conocerlas, el rostro encantador de la señorita Bennet confirma sus opiniones y establece sus nociones de primogenitura, convirtiéndola en su elección definitiva para la primera velada.
Collins cambia su elección a Elizabeth
A la mañana siguiente, la señora Bennet mantiene una conversación de un cuarto de hora con el señor Collins antes del desayuno. Comenzando por la casa parroquial, la charla lo conduce naturalmente a sus esperanzas de encontrar una señora para ella en Longbourn. Entre sonrisas complacientes y muestras generales de aliento, la señora Bennet le advierte que no se fije en Jane, insinuando que es muy probable que su hija mayor se comprometa muy pronto. El señor Collins cambia de inmediato su elección de Jane a Elizabeth, quien ocupa un lugar igualmente próximo a Jane en cuanto a nacimiento y belleza. La señora Bennet atesora esta insinuación, con la esperanza de tener pronto a dos hijas casadas, y el hombre al que no podía ni ver el día anterior goza ahora de su más alta consideración.
Paseo a Meryton con las hermanas Bennet
La intención de Lydia de caminar hasta Meryton no queda en el olvido. Todas las hermanas, excepto Mary, aceptan acompañarla, y el señor Collins las acompaña por petición del señor Bennet, quien está deseoso de deshacerse de él y quedarse a solas con su biblioteca. El señor Collins había seguido al señor Bennet hasta la biblioteca después del desayuno y continuó hablando sin parar sobre su casa y su jardín en Hunsford, alterando enormemente al señor Bennet. Con la mayor cortesía, este lo invita a sumarse a la caminata, y el señor Collins, mucho más apto para pasear que para leer, se muestra encantadísimo de cerrar su voluminoso libro. El tiempo transcurre entre sus pomposas bagatelas y los corteses asentimientos de las primas, hasta que llegan a Meryton, donde la atención de las más jóvenes es captada de inmediato por los oficiales que se encuentran en la calle.
Presentación del Sr. Wickham
Un joven de apariencia muy caballerosa atrae la atención de todas las damas. El señor Denny, que regresaba de Londres, presenta a su amigo el señor Wickham, quien ha aceptado un cargo en su regimiento. El joven posee todas las mejores prendas de la belleza: un rostro distinguido, una buena figura y un porte muy agradable. Su presentación va seguida de una feliz disposición para la conversación, perfectamente correcta y sin presunción. Kitty y Lydia, decididas a averiguar quién es, se adelantan a cruzar la calle y tienen la fortuna de encontrar a los caballeros, lo cual permite al señor Denny hacer la presentación formal. Kitty y Lydia habrían continuado observándolo si él no hubiera desaparecido, pero ahora solo pasan unos cuantos oficiales que, en comparación, resultan ser unos "tontos y desagradables muchachos".
Encuentro con Darcy y Bingley
Mientras la reunión conversa amistosamente, se ve a Darcy y Bingley cabalgando por la calle. Vienen directamente hacia las damas y comienzan con las cortesías de rigor. Bingley es el principal interlocutor y la señorita Bennet el principal objeto de su atención, pues va de camino a Longbourn para interesarse por ella. El señor Darcy corrobora con una reverencia y empieza a proponerse no fijar los ojos en Elizabeth, cuando de pronto quedan detenidos ante la presencia del desconocido. Elizabeth alcanza a ver el semblante de ambos hombres mientras se miran el uno al otro, y queda completamente asombrada del efecto que les produce el encuentro. Ambos cambian de color: uno se pone blanco, el otro, rojo. El señor Wickham se toca el sombrero, un saludo que el señor Darcy apenas se digna a devolver. Sin parecer advertir lo ocurrido, Bingley se despide y continúa su camino a caballo con su amigo.
Visita a la casa de la Sra. Philips
Los señores Denny y Wickham acompañan a las jóvenes hasta la puerta de la casa del señor Philips antes de despedirse con una reverencia, a pesar de las insistentes súplicas de Lydia y de que la señora Philips secunda la invitación a voces desde la ventana del salón. La señora Philips siempre se alegra de ver a sus sobrinas, y las dos mayores son especialmente bienvenidas tras su reciente ausencia. Expresa su sorpresa por su repentino regreso a casa, del que se enteró por el dependiente del señor Jones, quien le dijo que ya no debían enviar más tisanas a Netherfield. Cuando Jane le presenta al señor Collins, lo recibe con su mejor cortesía, a la que él corresponde con aún más, disculpándose por su intrusión. La señora Philips queda bastante impresionada por tan buena educación, pero su contemplación se ve interrumpida por exclamaciones sobre el otro desconocido. Ha estado observando al señor Wickham durante la última hora y promete que el señor Philips lo visitará con una invitación para cenar la noche siguiente, cuando la familia de Longbourn vendrá a jugar a la lotería y a tomar una cena caliente.
Discusión sobre la interacción entre Darcy y Wickham
Mientras caminan a casa, Elizabeth le relata a Jane lo que presenció entre los dos caballeros: los semblantes cambiados y el saludo apenas reconocido. Aunque Jane habría defendido a cualquiera de los dos, o a ambos, si hubieran parecido estar en un error, no puede explicar tal comportamiento más que su hermana. La misteriosa interacción entre Darcy y Wickham queda sin explicación, creando intriga y curiosidad sobre cuál podría ser su significado.
Collins elogia a la Sra. Philips
Al regresar, el señor Collins complace enormemente a la señora Bennet al admirar los modales y la cortesía de la señora Philips. Protesta que, con excepción de Lady Catherine y su hija, jamás ha visto a una mujer más elegante, pues ella no solo lo recibió con la mayor cortesía, sino que incluso lo incluyó expresamente en su invitación para la noche siguiente, aunque no lo conociera de nada antes. Supone que algo podría atribuirse a su parentesco con ellas, y sin embargo, jamás había recibido tantas atenciones en el curso de toda su vida.
CAPÍTULO XVI.
En la fiesta de los Philips, el señor Collins describe con amplitud la grandeza de Lady Catherine de Bourgh a la señora Philips, en particular la repisa de la chimenea de su salón que costó ochocientas libras, mientras las hermanas Bennet aguardan impacientes la llegada de los caballeros. Cuando el señor Wickham entra, atrae de inmediato todas las miradas femeninas, y Elizabeth se encuentra sentada junto a él en la mesa de juego, donde él comienza a referirle su dolorosa historia con el señor Darcy, revelando que el difunto señor Darcy tenía la intención de procurarle un valioso beneficio eclesiástico, pero que el actual señor Darcy se lo denegó, atribuyendo sus motivos a los celos por la preferencia que su padre sentía por Wickham. Elizabeth, sorprendida y compasiva, encuentra a Wickham más apuesto que nunca mientras él explica que no puede denunciar a Darcy por respeto a la memoria de su padre, y ella acepta su versión de que Darcy únicamente se comporta con honor con aquellos de igual categoría, a diferencia de su trato hacia las personas de menor condición. Una vez que concluye la partida de cartas, Wickham informa a Elizabeth de que Lady Catherine de Bourgh es la tía del señor Darcy y de que se aguarda la unión de sus haciendas mediante Darcy y la señorita de Bourgh, lo que induce a Elizabeth a pensar en las infructuosas ambiciones de la señorita Bingley, y parte con la cabeza llena de Wickham y sus revelaciones, aunque el camino de regreso está colmado de las conversaciones de Lydia sobre la lotería y el relato del señor Collins sobre los placeres de la velada.
El viaje a Meryton
El señor Collins y sus cinco primos viajan en coche de caballos a Meryton para visitar a su tía, la señora Philips. Las muchachas agradecen el entretenimiento de la velada tras varios días en compañía de su primo.
Llegada a la casa de los Philips
Al entrar en la sala de estar, la comitiva se entera de que el señor Wickham ha llegado y ya se encuentra en la casa, para gran satisfacción de todos.
El señor Collins y Rosings
El señor Collins examina el tamaño y el mobiliario de la habitación, comparándola favorablemente con la sala de desayunos de verano en Rosings. La señora Philips solo se impresiona cuando se entera de quién es lady Catherine de Bourgh y se entera de la chimenea de valorada en ochocientas libras. Collins continúa describiendo Rosings mientras la señora Philips reúne con entusiasmo material para compartir con sus vecinas.
La llegada de los caballeros
Los oficiales de la milicia entran en la habitación. El aspecto del señor Wickham supera al de todos los demás en persona, semblante y porte, atrayendo hacia él todas las miradas femeninas al entrar.
La presentación del señor Wickham
Wickham elige a Elizabeth como su compañera e inmediatamente la involucra en una conversación agradable. El señor Collins queda relegado a la insignificancia ante el encanto de los oficiales, aunque la señora Philips sigue siendo su público atento.
Las mesas de juego
Se organizan mesas de cartas para jugar al whist. El señor Collins se une con entusiasmo, declarando su disposición a mejorar a pesar de conocer poco del juego. Wickfield se sienta con Elizabeth y Lydia, aunque Lydia pronto queda absorta en los billetes de lotería y las apuestas.
Conversación con Wickham
Wickham inicia una conversación sobre el Sr. Darcy, revelando su conexión infantil con la familia Darcy a través de su padrino, el difunto Sr. Darcy. Menciona su intención original de ordenarse sacerdote y describe la crianza compartida en el vecindario de Pemberley. Elizabeth se entera de la decepción de Wickham y pregunta sobre la Srta. Darcy, a quien él describe como orgullosa pero hermosa y muy accomplished.
La disputa con Darcy
Wickham explica cómo el señor Darcy le negó un valioso beneficio eclesiástico que le había legado su padrino. A pesar de una promesa verbal, Darcy encontró argumentos técnicos para retener el puesto, concediéndoselo a otro hombre. Wickham atribuye este trato a los celos de Darcy por la preferencia que su padre sentía hacia él y describe el carácter del joven Darcy como impulsado por el orgullo.
La rectoría de Hunsford
Wickham revela que la profesión a la que estaba destinado era la iglesia y que fue educado para ella. El difunto señor Darcy le había prometido proveerlo, pero el actual señor Darcy interpretó el legado de manera flexible y cedió el beneficio eclesiástico a otro. Elizabeth manifiesta su conmoción ante tal deshonestidad y declara que merece la vergüenza pública, aunque Wickham se niega a exponer a la familia de su antiguo amigo.
Miss Darcy
Wickham describe a la señorita Darcy como parecida a su hermano en cuanto al orgullo, aunque de niña era cariñosa y lo quería mucho. Ahora, con quince o dieciséis años, es hermosa y talentosa, y vive en Londres bajo el cuidado de un tutor. Elizabeth se entera de la conexión entre Lady Catherine de Bourgh y la familia Darcy, descubriendo que es probable que la señorita de Bourgh esté destinada a casarse con su primo.
El regreso a Longbourn
Después de que concluyen las partidas de cartas, el grupo disfruta de la cena y los elegantes modales de Wickham se ganan la aprobación de todos. Durante el trayecto de vuelta a casa, Elizabeth reflexiona sobre las revelaciones de Wickham mientras Lydia parlotea sin cesar sobre ganancias y pérdidas en la lotería. El señor Collins llena el silencio con relatos sobre la cortesía de la velada y los platos de la cena, sin detenerse ni siquiera cuando el carruaje llega a Longbourn.
CAPÍTULO XVII.
Este capítulo se centra en las consecuencias de la conversación entre Elizabeth y Wickham, la llegada de la invitación al baile de Netherfield, y los preparativos y reacciones de la familia ante el próximo evento.