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Anjou, Casa de Esquema

Inglaterra bajo los reyes angevinos, Volúmenes I y II

Un esquema en árbol que organiza las partes, giros e ideas principales del libro.

Norgate, Kate · 2022 · 12 min
Inglaterra bajo los reyes angevinos, Volúmenes I y II

Inglaterra bajo los reyes angevinos, Volúmenes I y II de Norgate, Kate se desarrolla a lo largo de 27 capítulos. Este capítulo examina el periodo fundacional de la dinastía de Anjou entre 843 y 987, explorando las fuentes documentales, los restos materiales y los desarrollos políticos que sentaron las bases del poder angevino posterior. Este capítulo examina el panorama político del reino de Francia entre 987 y 1044, centrándose especialmente en la rivalidad entre las casas de Anjou y Blois. El capítulo incluye análisis detallados de las campañas militares, las alianzas dinásticas y el mecenazgo religioso que moldearon las dinámicas de poder del periodo capetio temprano. CAPÍTULO IV** – Visión general del panorama político en Inglaterra, Normandía y Francia desde mediados del siglo XI hasta mediados del siglo XII.

CAPÍTULO II

Este capítulo examina el periodo fundacional de la dinastía de Anjou entre 843 y 987, explorando las fuentes documentales, los restos materiales y los desarrollos políticos que sentaron las bases para el poder angevino posterior.

LOS ORÍGENES DE ANJOU, 843–987

Esta sección traza el surgimiento del condado angevino tras el Tratado de Verdún, abarcando el período desde la división del Imperio Carolingio hasta la muerte del último rey carolingio de la Francia Occidental. Establece el contexto político de las ambiciones angevinas y la consolidación gradual del poder territorial en el valle del Maine-Loir.

Las fuentes de la historia angevina

Esta sección evalúa la evidencia documental de la historia angevina temprana, incluyendo cartas de concesión, crónicas y epístolas episcopales. Analiza la fiabilidad y las limitaciones de diversas fuentes narrativas y examina cómo los historiadores han reconstruido las acciones políticas de los primeros gobernantes angevinos.

El Palacio de los Condes de Angers

Esta sección examina la evidencia arquitectónica y arqueológica del complejo del palacio condal de Angers. Explora la importancia del palacio tanto como residencia como centro administrativo, basándose en el análisis detallado de los restos materiales de la Nota B.

Los matrimonios de Godofredo Greygown

Esta sección analiza las estrategias matrimoniales de Godofredo Greygown, examinando cómo las alianzas dinásticas con familias francas, bretonas y otras regionales impulsaron las ambiciones territoriales angevinas. La Nota C ofrece un análisis especializado de estos vínculos matrimoniales.

Las guerras bretonas y poitevinas de Godofredo el Gris

Esta sección abarca las campañas militares y los conflictos diplomáticos en los que estuvieron involucrados Bretaña y Poitou durante el gobierno de Godofredo el Gris. Examina las complejas relaciones políticas con las potencias vecinas y las estrategias empleadas para expandir la influencia angevina.

La cesión de Maine a Godofredo el Gris

Esta sección aborda las circunstancias y la importancia de la transferencia de Maine al control de Godofredo el Gris. Analiza las negociaciones políticas y las acciones militares que condujeron a esta adquisición territorial, que supuso una gran expansión del poder angevino.

CAPÍTULO III

Este capítulo examina el panorama político del reino francés entre 987 y 1044, con especial atención a la rivalidad entre las casas de Anjou y Blois. El capítulo incluye análisis detallados de las campañas militares, las alianzas dinásticas y el patronazgo religioso que moldearon las dinámicas de poder del periodo capetio temprano.

ANJOU Y BLOIS, 987–1044

Esta sección proporciona el contexto histórico del conflicto entre Anjou y Blois a finales del siglo X y principios del XI. Tras la ascensión de Hugo Capeto en 987, los poderes regionales fueron afirmando cada vez más su autonomía al tiempo que gestionaban su relación con la corona. La narración sigue el surgimiento de Fulco Nerra como conde de Anjou y sus luchas posteriores contra Eudes, conde de Blois, sentando las bases de la competencia territorial y dinástica más amplia que definiría el periodo.

El Asedio de Melun

Esta sección examina las operaciones militares centradas en la fortaleza estratégica de Melun, un activo crítico en el conflicto en curso entre los condados rivales. El asedio representa un momento pivotal en la lucha entre Anjou y Blois, demostrando la intersección de la tecnología militar, la guerra de fortificaciones y la ambición dinástica en la Francia medieval. Las notas proporcionan documentación complementaria sobre la cronología y las fuentes de esta campaña.

Los padres de la reina Constanza

Esta sección investiga el linaje y la importancia política de Constanza de Arles, que se casó con el rey Roberto II de Francia. El análisis rastrea su ascendencia y examina cómo su matrimonio consolidó alianzas reales mientras creaba tensiones con otras casas nobles. La documentación aborda preguntas académicas sobre las conexiones genealógicas exactas y sus implicaciones políticas para la dinastía Capeta.

Las peregrinaciones de Fulk Nerra

Esta sección narra los viajes religiosos emprendidos por Fulk Nerra, conde de Anjou, que representan una fusión distintiva de piedad, cálculo político y penitencia personal. Sus peregrinaciones a Tierra Santa y otros destinos sagrados demuestran cómo las prácticas devocionales sirvieron tanto a fines espirituales como políticos en la construcción de la autoridad condal. Las notas ofrecen un examen detallado de la cronología, las rutas y las fuentes históricas de estas expediciones.

Geoffrey Martel y Poitou

Esta sección examina el reinado de Geoffrey Martel, quien sucedió a Fulk Nerra como conde de Anjou, con especial atención a su expansión hacia Poitou. Sus conflictos con el duque de Aquitania y la posterior adquisición de Poitou suponen un cambio significativo en el equilibrio territorial del oeste de Francia. El análisis también considera la compleja relación de Geoffrey Martel con la monarquía francesa y su papel en la dinámica más amplia de las relaciones ducales capetianas.

CAPÍTULO IV

CAPÍTULO IV** – Resumen del panorama político de Inglaterra, Normandía y Francia desde mediados del siglo XI hasta mediados del siglo XII.

ANJOU Y NORMANDÍA, 1044–1128

ANJOU Y NORMANDÍA, 1044–1128** – Traza el surgimiento de los condes de Anjou, su control de Normandía y las alianzas matrimoniales con la corona inglesa.

GODOFREDO PLANTAGENET Y ESTEBAN DE BLOIS, 1128–1139

GODOFREDO PLANTAGENET Y ESTEBAN DE BLOIS, 1128–1139** – Describe la rivalidad entre Godofredo Plantagenet y el rey Esteban, que desembocó en la guerra civil conocida como La Anarquía.

INGLATERRA Y LOS BARONES, 1139–1147

INGLATERRA Y LOS BARONES, 1139–1147** – Examina la relación entre la monarquía inglesa y las facciones baronales durante el reinado de Esteban.

LA IGLESIA INGLESA, 1136–1149

LA IGLESIA INGLESA, 1136–1149** – Abarca el papel y las reformas de la Iglesia inglesa, incluyendo los nombramientos de arzobispos y la política eclesiástica.

ENRIQUE DUQUE DE LOS NORMANDOS, 1149–1154

ENRIQUE DUQUE DE LOS NORMANDOS, 1149–1154** – Sigue la consolidación de Normandía por parte de Enrique Plantagenet y su reclamación al trono inglés.

ENRIQUE E INGLATERRA, 1154–1157

ENRIQUE E INGLATERRA, 1154–1157** – Detalla el reinado temprano de Enrique II, sus reformas legales y sus relaciones con los barones.

ENRIQUE Y FRANCIA, 1156–1161

ENRIQUE Y FRANCIA, 1156–1161** – Explora las actividades diplomáticas y militares de Enrique II con el rey francés, especialmente en lo referente a los territorios angevinos.

CAPÍTULO XI

ÚLTIMOS AÑOS DEL ARZOBISPO THEOBALD, 1156–1161 474 LISTA DE MAPAS I. GALIA c. 909–941 FRENTE A LA PÁGINA 107 II. GALIA c. 1027 143 PLANOS I. WINCHESTER. II. BRISTOL FRENTE A LA PÁGINA 31 III. LINCOLN. IV. OXFORD 40 V. LONDON 44 VI. ANGERS 165

LOS ÚLTIMOS AÑOS DEL ARZOBISPO TEOBALDO, 1156–1161

El título del capítulo anuncia un análisis centrado en los últimos años del arzobispo Teobaldo, que abarcan de 1156 a 1161, con el contenido que comienza en la página 474 del volumen. Las páginas preliminares también incluyen listados de mapas y planos distribuidos por toda la obra, que indican el alcance geográfico y arquitectónico del estudio más amplio.

LISTA DE MAPAS

Sección de las páginas preliminares con listado de materiales cartográficos

I. GALIA c. 909–941

Este mapa ilustra la extensión territorial de la Galia durante la era carolingia, abarcando aproximadamente el período comprendido entre 909 y 941. Este período incluye los últimos años del reinado de Carlos el Simple, el ascenso del poder robertino y el establecimiento de la dinastía capeta, marcando una fase de transición en la geografía política de la región que daría forma al futuro Reino de Francia. El mapa está colocado frente a la página 107, lo que indica su relevancia como herramienta de referencia principal para la narrativa histórica presentada en este volumen.

II. GALIA c. 1027

El segundo mapa de esta sección representa la Galia alrededor del año 1027 y está ubicado frente a la página 143 del volumen. Este mapa complementa las representaciones cartográficas de la Galia que abarcan el período anterior de aproximadamente 909 a 941, que aparece antes en la lista frente a la página 107.

PLANOS

Sección de materia preliminar con listado de planos arquitectónicos

I. WINCHESTER. II. BRISTOL

La sección identifica los Planos I y II, correspondientes a Winchester y Bristol respectivamente, que se ubican frente a la página 31 del volumen. Estos dos planos urbanos se catalogan junto con otros materiales cartográficos, incluyendo planos adicionales de Lincoln, Oxford, Londres y Angers, cada uno asociado a referencias de página específicas a lo largo de la obra.

III. LINCOLN. IV. OXFORD

La sección enumera los planos de Lincoln y Oxford, ambos situados frente a la página 40 del volumen. Estos dos planos forman parte de una serie de láminas arquitectónicas que acompañan el texto principal, y otros planos aparecen en distintas ubicaciones de página a lo largo de la obra.

V. LONDRES

La materia preliminar incluye una serie de planos detallados que acompañan al volumen, y entre ellos se encuentra un plano de Londres ubicado frente a la página 44. Esto indica que la obra contiene ilustraciones cartográficas o arquitectónicas preparadas específicamente para ayudar a los lectores a visualizar la geografía urbana tratada en el texto.

VI. ANGERS

El volumen concluye con una serie de materiales ilustrativos que incluyen mapas y planos arquitectónicos. Entre estos se encuentra un plano de Angers, que aparece como el elemento VI en la lista de planos y corresponde al material situado frente a la página 165 del texto.

CAPÍTULO I.

Sección inicial del Capítulo I, que abarca el período del reinado de Enrique I (1100-1135). Se abre con la profecía de moribundo de Eadward el Confesor que predice que Inglaterra verá el fin de sus penas cuando la línea real sajona occidental dividida sea injertada de nuevo, enmarcando el enfoque del capítulo en el inesperado resurgimiento nacional inglés que surgió bajo el gobierno angevino, y estableciendo el trasfondo de los eventos que condujeron a la ascensión de Enrique I al trono. Este capítulo narra la ratificación del Tratado de Winchester de 1101 entre Enrique I y su hermano Roberto de Normandía, los esfuerzos sistemáticos de Enrique para controlar la nobleza inglesa, sus subsiguientes campañas militares para afirmar su autoridad sobre Normandía, la Batalla de Tinchebray de 1106 que estableció Normandía como dependencia de Inglaterra, la filosofía de gobierno de Enrique, y su conflicto temprano con el Arzobispo S. Anselmo sobre la práctica de la investidura eclesiástica. El Capítulo I se abre examinando la resolución de la Controversia de las Investiduras entre Anselmo y Enrique I, luego se centra en el gobierno temporal de Enrique y la evolución administrativa de la Inglaterra posterior a la Conquista. Traza el desarrollo de la Curia Regis y el Exchequer, las reformas de Roger de Salisbury como justiciar, y la gradual fusión normando-inglesa bajo la política de gobierno imparcial de Enrique. El Capítulo I examina el sistema administrativo de Enrique I, el Rollo de la Pipiel de 1130 que sobrevive, y la aparición y carácter de las ciudades inglesas en el siglo XII. El capítulo se abre con la maquinaria financiero-administrativa heredada de Roger de Salisbury, luego avanza por los orígenes y libertades de los burgos ingleses, sigue a un grupo de canónigos de Laon mientras viajan por el sur de Inglaterra, y cierra con un retrato de la Bristol del siglo XII. Las secciones individuales tratan el contenido del Rollo de la Pipiel, el desarrollo distintivo de las ciudades inglesas, el crecimiento de los gremios y libertades cartulares, y viñetas detalladas de Winchester, Christchurch, Exeter, Old Sarum, Wilton, y Bristol. El Capítulo I examina los principales centros urbanos de Inglaterra en las décadas después de la Conquista Normanda, moviéndose desde el Valle del Severn y las ciudades occidentales a través de Chester, York, y las tierras fronterizas del norte, y hasta Lincoln y Norwich, para mostrar cómo el señorío normando reconfiguró el comercio, la defensa, y la geografía eclesiástica. CAPÍTULO I. examina el vigoroso crecimiento de la vida urbana inglesa durante el período normando, centrándose en la recuperación y florecimiento de Oxford bajo los D'Oillys, y en la forma emergente de Londres como capital y centro comercial. El capítulo traza cómo las instituciones militares, religiosas, intelectuales, cívicas y sociales echaron raíces en estas ciudades, culminando en su disposición para servir como centros políticos y culturales para el reinado de Enrique I. Este es el fragmento 7 de 12 fragmentos totales para el Capítulo 8 (índice de capítulos 5), titulado *CAPÍTULO I.*. El capítulo explora la vida social, económica y doméstica en la Inglaterra normanda del siglo XII, cubriendo la influencia del burgués normando en Londres, el hogar de los padres de Thomas Becket, el asentamiento y comercio flamenco, el estatus de las comunidades judías, la arquitectura doméstica, las normas de moda, la estructura del señorío feudal, y la tenencia de villanos y obligaciones señoriales. Este capítulo se basa en el Liber Niger de la Abadía de Peterborough (Libro Negro, compilado c. 1125) y registros administrativos y eclesiásticos contemporáneos para examinar la vida rural señorial inglesa del siglo XII, el estatus legal y social de los villanos, las vías disponibles para la franquicia de villanos, la condición de la Iglesia Inglesa bajo Enrique I, y el surgimiento de la orden religiosa de los Canónigos Agustinos. Este capítulo narra la llegada, establecimiento e influencia creciente de los canónigos agustinos (Austin) en Inglaterra durante el reinado de Enrique I, incluyendo sus prioratos fundacionales, figuras clave asociadas, y elevación a roles episcopales senior. Luego traza los orígenes de la Orden Cisterciense, su rápida expansión en Inglaterra, la fundación de sus principales abadías inglesas, sus principios de reforma fundamentales, y su impacto de gran alcance en el amplio…

CAPÍTULO I.

Sección de apertura del Capítulo I, que abarca el periodo del reinado de Enrique I (1100-1135). Se inicia con la profecía de muerte de Eduardo el Confesor que predice que Inglaterra pondrá fin a sus penas cuando la dividida línea real sajona occidental sea vuelta a injertar, enmarcando el foco del capítulo en la inesperada revitalización nacional inglesa que surgió bajo el gobierno angevino, y sentando los antecedentes de los acontecimientos que llevaron a la ascensión de Enrique I al trono.

La profecía de Eadward el Confesor

Detalles de la profecía final de Eadward el Confesor, que fue descartada en un principio como un sinsentido pero que se reinterpretó un siglo después para describir la restauración política de Inglaterra: el «árbol verde» de la monarquía sajona occidental fue talado por la invasión de Guillermo el Conquistador, y tres gobernantes extranjeros sucesivos separaron la rama real inglesa superviviente de su raíz. El matrimonio de Enrique I con Eadgyth, princesa de la antigua línea real inglesa, fue visto como el «injerto» que restauró la línea. Aunque uno de los hijos de la unión, Guillermo el Ætheling, murió joven, el otro dio origen a la futura línea de gobernantes ingleses, y el ideal nacional de unidad y prosperidad inglesa asociado a Eadward, que se mantenía desde hacía mucho tiempo, comenzó a tomar forma tangible bajo Enrique Fitz-Empress.

Resurgimiento nacional inglés bajo el dominio angevino

Describe la aparición inusual de un resurgimiento nacional inglés bajo el régimen angevino extranjero, contrastándolo con periodos anteriores de dominación extranjera como el gobierno de Canuto el Danés, quien gobernó Inglaterra como su reino natal. Explica que los condes y reyes angevinos (entre ellos Enrique II y sus hijos) veían Inglaterra como un recurso para financiar sus ambiciones continentales y como refugio seguro, no como su hogar, por lo que el resurgimiento no se completó hasta el reinado de Eduardo I, momento en el que la dinastía se había integrado plenamente en la identidad inglesa. Señala que comprender el papel de Enrique I en este resurgimiento requiere conocer el origen de la dinastía angevina y la situación de Inglaterra cuando Enrique de Anjou accedió por primera vez al trono.

Las ambiciones imperiales fallidas de Guillermo Rufo

Relata el intento fallido de Guillermo Rufo de construir un imperio normando transcanal que se extendiera desde Escocia hasta los Pirineos. En 1100, el duque de Aquitania ofreció sus territorios a Rufo como garantía por unirse a la Cruzada; Rufo ya había obtenido el ducado de Normandía de su hermano Roberto y había reconquistado el condado de Maine, por lo que aceptar Aquitania habría creado un reino normando casi continuo. Rufo bromeó diciendo que celebraría su próxima cena de Navidad en Poitiers, pero fue asesinado en el New Forest esa misma tarde, provocando el colapso del plan. Roberto regresó de la Cruzada para reclamar Normandía, mientras que los barones ingleses eludieron a Roberto para elegir como rey a su hermano Enrique, nacido en Inglaterra.

Vida temprana de Enrique I y ascenso al poder

Rastrea la vida temprana de Enrique I y su camino al poder: nacido en Inglaterra de Guillermo y Matilde, fue el único hijo nacido de un rey y una reina reinantes, pero fue excluido de la herencia de su padre, recibiendo solo un legado en efectivo de 10.000 libras. Posteriormente compró el Cotentin, el Avranchin y el Mont-Saint-Michel a su hermano Roberto, que tenía serios problemas económicos, por 3.000 libras, pero fue encarcelado por Roberto después de que Guillermo Rufo se apoderara de sus propiedades inglesas. Tras su liberación, apoyó a Roberto contra Rufo, pero los hermanos más tarde conspiraron para despojar a Enrique de sus tierras, lo que provocó un asedio de 15 días al Mont-Saint-Michel, donde Enrique se rindió y se quedó sin tierras, vagando con una pequeña comitiva por Francia y el Vexin. Más tarde obtuvo el control de la fortaleza estratégica de Domfront después de que sus ciudadanos se rebelaran contra su señor tiránico, construyó su base de poder en Normandía y se convirtió en vasallo de Guillermo Rufo en 1095, luchando por Rufo contra Roberto.

El carácter y la perspicacia política de Enrique I

Analiza la personalidad de Enrique I, contrastándola con la de sus hermanos impulsivos Guillermo Rufo y Roberto. Enrique era un pragmático, frío y calculador «hombre de negocios» sin idealismo romántico ni caballeresco, caracterizado por un autocontrol excepcional y una gran capacidad para el trabajo duro, rasgos que sus hermanos carecían por completo. Contaba con una buena educación para un laico de su época, mantuvo intereses literarios a lo largo de toda su vida, y abordaba todas sus interacciones como transacciones, desde la compra del Cotentin hasta la organización del matrimonio de su heredero. Su naturaleza estable, guiada por la razón, lo hacía especialmente apto para hacer frente a las crisis políticas de su época, aunque carecía del idealismo apasionado asociado a los grandes líderes.

Acceso al trono y reformas de la coronación de Enrique I

Relata la rápida toma del poder de Enrique I tras la muerte súbita de Guillermo Rufo en 1100: aseguró el control de la tesorería, ganó el apoyo de los barones y prelados clave, y fue coronado antes de que la oposición pudiera organizarse. Anticipando un reto por parte de Roberto de Normandía, que reclamaría el trono inglés, emitió una carta de coronación prometiendo abolir el gobierno injusto de su hermano: restituir la libertad de la iglesia y poner fin a la venta de cargos eclesiásticos, eximir a los tenentes de servicio caballeresco de impuestos adicionales sobre sus tierras de posesión directa, acabar con la práctica de los barones feudales de exacciones injustas (tutelas, matrimonios forzados, derechos sucesorios injustos y confiscaciones) hacia sus subarrendatarios, y restituir las leyes de Eduardo el Confesor tal como fueron modificadas por Guillermo el Conquistador. También encarceló al muy odiado ministro Ralf Flambard, llamó de regreso al arzobispo exiliado Anselmo, y se casó con Edgidia de Escocia, descendiente de la antigua línea real inglesa, para consolidar su apoyo popular.

La invasión de Roberto de Normandía y el Tratado de Alton

Relata la invasión de Roberto de Normandía a Inglaterra en 1101, impulsada por la huida de Ralf Flambard a Normandía y su convencimiento de los marineros de la costa inglesa para que permitieran a Roberto desembarcar en Portsmouth en lugar del lugar de desembarco esperado de Pevensey. Enrique renovó su carta de coronación para ganarse al pueblo inglés, que le mantuvo su lealtad como rey nacido en Inglaterra casado con una princesa real inglesa, mientras que la mayoría de los barones normandos apoyaron inicialmente a Roberto. Los dos ejércitos se encontraron en Alton, pero gracias al consejo del arzobispo Anselmo, los barones leales o el propio Enrique, el enfrentamiento se resolvió de forma pacífica. El Tratado de Alton vio a Roberto renunciar a su reclamación al trono inglés a cambio de una pensión anual proveniente de Inglaterra; Enrique renunció a todas sus posesiones normandas excepto Domfront, cuyos ciudadanos se negaron a entregarlo a Roberto; y los hermanos acordaron que el que sobreviviera al otro heredaría sus dominios si no contaba con herederos legítimos.

CAPÍTULO I.

Este capítulo narra la ratificación del Tratado de Winchester de 1101 entre Enrique I y su hermano Roberto de Normandía, los esfuerzos sistemáticos de Enrique para controlar la nobleza baronal inglesa, sus posteriores campañas militares para afirmar su autoridad sobre Normandía, la Batalla de Tinchebray de 1106 que estableció Normandía como dependencia de Inglaterra, la filosofía de gobierno de Enrique y su conflicto temprano con el arzobispo S. Anselmo por la práctica de la investidura eclesiástica.

Ratificación del Tratado de Winchester

El tratado entre Enrique I y Roberto de Normandía fue ratificado en Winchester en los primeros días de agosto de 1101, casi en el aniversario de la muerte de Guillermo Rufus (el Rey Rojo), poniendo fin formalmente a la última invasión normanda de Inglaterra.

Fracaso del tratado para resolver el control de los barones

Al igual que el anterior Tratado de Caen, el Tratado de Winchester no logró resolver el desafío central de controlar la nobleza normanda. Existen relatos históricos contrapuestos sobre las cláusulas del tratado: uno afirma que estipulaba que las personas que incurrieran en la confiscación de sus bienes en Inglaterra por apoyar a Roberto o en Normandía por apoyar a Enrique no sufrirían castigo, mientras que el relato más probable indica que los hermanos acordaron cooperar para castigar a los traidores de ambos lados del Canal de la Mancha.

Castigos baronales de Enrique I

Enrique I castigó sistemáticamente a los infractores baronales en Inglaterra mediante procesos legales formales: a algunos se les impusieron multas muy elevadas, a otros se les despojó de sus honores y fueron exiliados. Presentó estas acciones como una venganza por la traición contra la paz y el orden del reino, en lugar de ofensas personales contra él mismo. Ivo de Grantmesnil fue multado al borde de la ruina por librar una guerra privada contra sus vecinos, una práctica común en Normandía que no se había visto antes en Inglaterra durante el reinado de Enrique.

La rebelión y rendición de Roberto de Bellême

Roberto de Bellême, un poderoso señor fronterizo con posesiones en Inglaterra, Normandía y Ponthieu, estaba fortificando sus castillos de Bridgenorth y Arundel en preparación para una revuelta abierta cuando fue convocado a comparecer en juicio por 45 cargos de traición contra Enrique en su calidad de rey de Inglaterra y duque de Normandía. Tras no presentarse al juicio, tuvo que enfrentar el asedio de Enrique a Bridgenorth, que se rindió en tres semanas; Shrewsbury y Arundel hicieron lo mismo, y Roberto entregó todas sus posesiones inglesas para garantizar su seguridad personal.

El gobierno asegurado de Enrique y la falta de cumplimiento de Roberto

Con la rendición de Roberto de Bellême, el gobierno de Enrique I en Inglaterra quedó plenamente asegurado, pero su hermano mayor Roberto de Normandía no cumplió con sus obligaciones establecidas en el Tratado de Winchester. Los barones expulsados de Inglaterra llevaron su traición a Normandía, donde el negligente Roberto les permitió saquear las tierras de los normandos leales a Enrique.

Desplazamiento del conflicto posterior a 1103 hacia Normandía

A partir de 1103, el conflicto central entre Enrique I y su hermano Roberto se trasladó por completo a Normandía. Los súbditos ingleses de Enrique reconocieron que su gobierno estaba ahora asegurado tras la expulsión de Roberto de Bellême, mientras que la negativa de Roberto a castigar a los barones traidores que estaban saqueando a los partidarios normandos de Enrique dejó claro que solo la intervención directa de Enrique podría restablecer el orden en el ducado.

Intervención de Enrique I en Normandía de 1104

Enrique I llegó a Normandía en 1104, donde se le unieron muchos de los barones más moderados del ducado. Fue apaciguado temporalmente por las promesas de reforma de Roberto y la cesión del condado de Évreux, pero pronto concluyó que cualquier compromiso adicional con su hermano era inútil.

Invasión de 1105 y alianzas de Enrique I

En la última semana de la Cuaresma de 1105, Enrique I desembarcó en Barfleur con la plena determinación de convertirse en el señor de Normandía. Fue apoyado inmediatamente por sus partidarios normandos, y pronto se le unieron dos valiosos aliados: Elías, conde de Maine, y Godofredo, el joven conde de Anjou y futuro yerno de Enrique.

Captura de Bayeux y Caen

Los aliados angevinos y cenomaneses de Enrique aseguraron su primera victoria importante con la captura de Bayeux, que fue arrasada hasta los cimientos incluyendo sus iglesias. Alertados por la destrucción de Bayeux, Caen se rindió sin resistencia, permitiendo a Enrique tomar el control del tesoro normando.

Asedio fallido de Falaise

Un asedio de Falaise fracasó después de que el conde Elías partiera abruptamente por motivos inexplicables, y el conflicto se prolongó lentamente hasta que Enrique regresó a Inglaterra en la fiesta de San Miguel para priorizar las negociaciones por el regreso del arzobispo S. Anselmo.

Campaña de Normandía de 1106 de Enrique I

Tras que Roberto de Bellême y Roberto de Normandía viajaran a Inglaterra el año anterior en busca de condiciones de paz, Enrique regresó a Normandía el verano siguiente, ya reconciliado con S. Anselmo y libre de preocupaciones domésticas, para centrar todas sus energías en la lucha final por el control del ducado.

Batalla de Tinchebray

La víspera de la fiesta de San Miguel de 1106, mientras Enrique I sitiaba el castillo de Tinchebray, el duque Roberto de Normandía se aproximó con su ejército completo y ordenó a Enrique que abandonara el asedio. Enrique se negó, ofreciendo a Roberto un último acuerdo de gobierno compartido en el que Enrique controlaría toda la administración y la justicia en todo Normandía, propuesta que Roberto rechazó. En la batalla subsiguiente, las tropas de Roberto tenían superioridad numérica en infantería, mientras que el ejército de Enrique, que incluía lo más granado de la nobleza normanda y sus aliados angevinos, cenomanos y bretones, contaba con más caballeros. Roberto de Bellême huyó en cuanto la batalla se volvió en contra, lo que provocó el derrumbe del ejército de Roberto, y Enrique capturó al duque de Normandía, al conde de Mortain, alrededor de cuatrocientos caballeros y diez mil infantes con pérdidas mínimas por su parte.

Significado de la victoria de Tinchebray

La batalla de Tinchebray de 1106 revirtió la conquista normanda de 1066, estableciendo Normandía como dependencia de Inglaterra en lugar de lo contrario. Si bien el reinado de Enrique puede parecer inicialmente centrado en guerras extranjeras para fines personales, sus campañas estuvieron finalmente impulsadas por el objetivo de establecer paz y orden, con su política interior y exterior inseparablemente vinculada a garantizar la libertad de los ingleses frente a la tiranía de los barones normandos y sus aliados franceses.

Filosofía de gobierno de Enrique I

Aunque era un soldado valiente y un comandante hábil, Enrique I no buscó gloria ni ganancias territoriales en sus campañas; su ambición fundamental era establecer paz y orden. Creía que la autoridad de un gobernante se aseguraba mejor preservando el orden, la justicia y la paz para todos los súbditos, en lugar de gobernar por el terror como lo hacía su hermano Guillermo Rufo. Hizo cumplir la justicia por igual en todos los grupos sociales y nacionalidades, y su lucha de toda la vida contra los barones normandos y sus aliados sentó las bases de su gobierno estable y equitativo.

Disputa de investidura de Enrique I con Anselmo

A partir de 1103, Enrique I se enfrentó a la larga controversia de investidura europea, que había estado activa durante 25 años antes de llegar a Inglaterra. Enrique inicialmente mantuvo las «costumbres paternas» de su padre Guillermo el Conquistador, que otorgaban al rey autoridad sobre las comunicaciones papales, los decretos de los concilios eclesiásticos y la censura eclesiástica de los servidores de la corona, pero chocó con el arzobispo S. Anselmo, que insistía en la obediencia al decreto del Concilio de Letrán de 1075 que prohibía la investidura laica de los cargos espirituales con anillo y báculo. La disputa no era una cuestión de partidismo popular o eclesiástico generalizado en Inglaterra, ya que la mayoría de los laicos y el clero lo veían como un conflicto personal entre el rey y el arzobispo, pues su principal preocupación era evitar otro periodo sin arzobispo como el que se vivió durante el exilio anterior de Anselmo.

CAPÍTULO I.

El Capítulo I comienza examinando la resolución de la Controversia de las Investiduras entre Anselmo y Enrique I, para luego pasar a la gobernanza temporal de Enrique y la evolución administrativa de la Inglaterra posterior a la Conquista. Rastrea el desarrollo de la Curia Regis y el Exchequer, las reformas de Roger de Salisbury como justiciar, y la gradual fusión normando-inglesa bajo la política de gobierno imparcial de Enrique.

Asentamiento Eclesiástico entre Anselmo y Enrique I

La resolución de la disputa entre Anselmo y Enrique I se presenta como un modelo de negociación decorosa, que contrasta favorablemente con la contienda continental entre el Papa y el Emperador y la posterior querella de Tomás Becket. Durante dos años la disputa no alteró el funcionamiento de la Iglesia: Anselmo gobernó a sus sufragáneos y trabajó en la reforma con el pleno consentimiento de Enrique, y el clero apoyó lealmente al rey en su lucha contra los barones. Incluso después de que la posición de Anselmo se volviera insostenible, partió conservando la plena posesión de sus bienes, y desde Borgoña mantuvo una correspondencia activa con su cabildo y sus sufragáneos, así como una comunicación amistosa con el rey y la reina Matilde. Cuando Anselmo finalmente amenazó con la excomunión, lo hizo como un medio calculado para obtener la paz, equiparándose a los propios preparativos de Enrique en Normandía. El compromiso resultante cedía la forma de la investidura mientras que la sustancia permanecía bajo control real: Enrique mantuvo una influencia efectiva sobre las elecciones, y el homenaje de los obispos por sus bienes temporales contrarrestó la renuncia a la investidura ceremonial. La Iglesia obtuvo el reconocimiento de ámbitos ajenos al despotismo real y el reconocimiento de la jurisdicción de apelación de la Curia Apostólica en causas eclesiásticas. El acuerdo prefiguró el colapso eventual del sistema de Guillermo-Lanfranco, y cuando la disputa latente estalló de nuevo bajo el reinado de Enrique II, la diferencia entre el temperamento normando frío de Anselmo y Enrique I y el temperamento angevino fogoso de Tomás Becket le dotó de una virulencia mucho mayor.

Gobierno Temporal de Enrique I

La política temporal de Enrique, al igual que su política eclesiástica, se basaba en principios coherentes. Obligado desde el principio a confiar en sus súbditos ingleses, Enrique aceptó esta posición por completo y nunca la abandonó del todo. Su carta de coronación le comprometió a defender "la ley del rey Eduardo tal como fue enmendada por el rey Guillermo", obligándole a continuar la obra de compromiso y fusión del Conquistador. La cuestión eclesiástica era únicamente la primera y más destacada entre los numerosos problemas sociales y políticos a los que el rey debía hacer frente en aquel momento como realidades presentes. Enrique no intentó resolverlos de forma teórica y sistemática, ya que el momento no era propicio y él no era un legislador ni un pensador original. Era un hombre de negocios práctico, sagaz y de mente clara, perfectamente adaptado a las circunstancias de su época. Aunque su reinado parece a primera vista una "época de logros modestos" en comparación con las épocas anteriores y posteriores, se trató de un periodo de transición fundamental que preparó el camino para la obra de su nieto al completar la de su padre.

Evolución administrativa posterior a la Conquista

Cuando el lado secular del gobierno normando se vuelve claramente visible después del acuerdo de 1107, la cantidad de desarrollo administrativo desde la muerte del Conquistador es notable. El poder real había superado incluso las restricciones nominales más antiguas: el Gran Consejo había perdido sus funciones legislativas y gubernamentales reales; "consejo" se había convertido en una frase vacía y "consentimiento" una mera formalidad. La asamblea funcionaba como un tribunal más que como un consejo, sus miembros calificando como tenentes en jefe de la corona; los obispos mantenían la dignidad como sucesores lineales del antiguo Witan espiritual, pero el compromiso de 1107 les obligó a mantener sus temporalidades mediante homenaje baronial, extendiendo la regla a los miembros laicos. El Witenagemot fue gradualmente sustituido por un círculo interno de consejeros que formaba un cuerpo ministerial permanente que concentraba la administración financiera y judicial en sus propias manos.

Funciones de la Curia Regis y el Exchequer

Este organismo ministerial interno se presentó en dos vertientes: como la Curia Regis, el tribunal supremo que asumió los poderes judiciales del Witenagemot, la antigua corte de los thanes del rey, y la corte feudal de los vasallos directos normandos; y como el Exchequer, el tribunal que percibía los ingresos de la Corona de manos de los sheriffs, revisaba la tributación y controlaba los asuntos fiscales del reino. Dado que la organización judicial, militar y social normanda se basaba en un fundamento fiscal, el Exchequer proporcionaba el medio principal para estudiar todo el sistema, y la estrecha superposición de funciones entre el Exchequer y la Curia Regis hacía muy difícil separarlos. Estaban compuestos por prácticamente los mismos elementos constitutivos: el justiciar, el tesorero, el canciller, el condestable, el mariscal y sus subordinados, funcionarios que habían pasado de ser asistentes personales del soberano a ser oficiales del Estado. El sistema había madurado en la sombra durante el reinado de Guillermo Rufus bajo Ralf Flambard, con el justiciar al frente como segunda autoridad después del rey cuando este estaba presente y como su vicegerente y ministro principal en su ausencia.

Reformas de Roger de Salisbury

Tras la caída de Flambard, el cargo pasó por Roberto Bloet, obispo de Lincoln, antes de llegar a Roger de Salisbury, que salió de los orígenes más humildes. Enrique lo conoció cuando era un pobre sacerdote que se apresuraba para celebrar misa durante los deambules juveniles del rey fuera de Caen; Roger fue reclutado como capellán de uno de sus soldados, se convirtió en su mayordomo y se ganó su confianza absoluta. Poco después de que Enrique subiera al trono fue nombrado canciller, encargado de supervisar el sello real, los escribanos de la cancillería, las cuentas reales, la correspondencia y los mandatos reales. Tras un mandato complejo interrumpido por Guillermo Giffard y Waldrico, Roger retomó el cargo de canciller en 1106 cuando Waldrico fue ascendido a Laón, y renunció a él en 1107 para convertirse en obispo de Salisbury y justicia mayor. Como obispo y justicia mayor, fue el modelo y la cabeza de un cuerpo de administradores capacitados: en su mayoría escribanos, varios de sus parientes, casi todos «hombres nuevos», que formaban una casta oficial diferenciada de la nobleza feudal y del pueblo, y especialmente apta para gestionar el Estado en aquella crisis. Su gran obra como justicia mayor fue la organización del Exchequer, que se reunía dos veces al año alrededor de la mesa ajedrezada para liquidar las cuentas con los sheriffs, lo que suponía una revisión exhaustiva de la situación financiera del reino. El Exchequer revisaba el ferm (renta fija anual del condado), el Danegeld (tributo pagado a los daneses para evitar sus incursiones) pactado a una tasa fija, las «ayudas» de las ciudades, los ingresos feudales que incluían los derechos de relieve, las tenencias en custodia de herederos menores, los derechos de matrimonio de estos y las tierras revertidas al señor feudal por falta de herederos, así como los beneficios derivados de la aplicación de la ley forestal. Su labor financiera iba de la mano de la labor judicial de la Curia Regis (la Corte Real), que actuaba como tribunal supremo de apelación y de primera instancia bajo el rey o su justicia mayor. Para ajustar la tasación basada en el Domesday (el Gran Catastro de Inglaterra de 1086) a los cambios en las tierras, los cultivos y los bosques, los barones del Exchequer actuaban como jueces de la Corte del Rey en circuitos judiciales, celebraban los pleitos de la Corona en las juntas de condado (shire-moots) y conectaban la judicatura local y central: el primer paso para salvar la brecha entre la organización de nivel inferior y la de nivel superior.

Fusión normando-inglesa bajo Enrique I

Roger y su cuerpo administrativo constituían una casta separada, igual de odiosa para la nobleza feudal y para el pueblo, y la preferencia posterior de Enrique por extranjeros —hombres nacidos en el continente colocados por encima tanto de normandos como de ingleses por igual— generó aún más animadversión. Las palabras «normando» e «inglés» habían adquirido un nuevo significado desde la Conquista. Los descendientes de los seguidores del Conquistador mantuvieron el orgullo normando, pero cada vez estaban más arraigados en Inglaterra, muchos con esposas y madres inglesas, mientras que las guerras entre los sucesores del Conquistador separaron el ducado de Normandía del reino normando. Ya bajo el reinado de Rufus, los partidarios del rey de Inglaterra eran considerados indistintamente como ingleses, y la batalla de Tinchebray fue contada como una victoria inglesa, a partir de lo cual Normandía pasó a ser considerada una dependencia extranjera. Suger, abad de Saint-Denis, expresó este contraste con contundencia al justificar los esfuerzos de Luis VI por expulsar a Enrique de Normandía con el argumento de que «los ingleses no deben gobernar a los franceses, ni los franceses a los ingleses». Orderico el Inglés, hijo de un francés de Orleans que se casó con una esposa inglesa y pasó su vida en el monasterio normando de Saint-Evroul, ilustra esta fusión incipiente: nunca dejó de considerar el país de su madre como el suyo propio. Toda la política de Enrique impulsó esta fusión directamente a través de una administración interna imparcial y sus relaciones con Francia y Anjou, e indirectamente a través del agravio común de ser dejados de lado en favor de «extraños». Los primeros eslabones de la cadena se fueron fortaleciendo año tras año, y la jugada más grandiosa de Enrique, el matrimonio de su hija y sucesora destinada con el conde de Anjou, aceleró la fusión de ambas razas al impulsarlas a unirse contra soberanos igualmente ajenos a ambas.

CAPÍTULO I.

El Capítulo I examina el sistema administrativo de Enrique I, el Rollo de la Hacienda de 1130 que se conserva, y la aparición y características de las ciudades inglesas en el siglo XII. El capítulo se abre con la maquinaria financiero-administrativa heredada de Roger de Salisbury, luego recorre los orígenes y libertades de los burgos ingleses, sigue a un grupo de canónigos de Laon en su viaje por el sur de Inglaterra y cierra con un retrato de Bristol del siglo XII. Las secciones individuales abordan el contenido del Rollo de la Hacienda, el desarrollo diferenciado de las ciudades inglesas, el crecimiento de los gremios y las libertades concedidas por carta, además de viñetas detalladas de Winchester, Christchurch, Exeter, Old Sarum, Wilton y Bristol.

El sistema administrativo de Enrique I y el Rollo Pipe de 1130

Enrique y Roger de Salisbury vincularon todas las ramas de los asuntos públicos y las clases sociales a la corona mediante la Curia Regis y el Exchequer. El sistema se explica en su totalidad en el *Diálogo* escrito por el bisnieto de Roger, y se ilustra en funcionamiento por el único Rollo Pipe que se conserva del reinado de Enrique I, correspondiente a la fiesta de San Miguel de 1130. El rollo debe su nombre a su forma plegada, similar a una tubería, y era elaborado anualmente por el tesorero. Su valor principal reside menos en los simples totales financieros que en los detalles personales y sociales que acompañan a cada entrada, ofreciendo una visión sin igual de las condiciones sociales del reinado.

Prácticas de recaudación de ingresos bajo Enrique I

El Rollo Pipe de 1130 indica que casi cualquier contingencia de la vida humana se convertía en una fuente de ingresos para la Corona, pero aparte del Danegeld no existía tributación directa, por lo que el presupuesto se componía de levas feudales e ingresos diversos evaluados según una escala regular y bastante equitativa. Los registros incluyen pagos para acceder o abandonar un cargo, pagos de los herederos para tomar posesión de su herencia, pagos de quienes aspiraban a ser tutores de menores, pagos de los pretendientes para casarse con herederas o viudas con dote, y pagos de herederas y viudas para obtener la libertad de elegir a sus propios maridos. Algunos pagos se realizaban en especie: perros de caza, destreros y halcones, en ocasiones con estipulaciones sobre su color. Los terratenientes pagaban por permisos para intercambiar tierras, para confirmar o cancelar intercambios, para acelerar o retrasar pleitos y para presentar reclamaciones; tanto el ganador como el perdedor pagaban a la tesorería. Los usureros judíos pagaban por la ayuda real para recuperar deudas de cristianos, y los ciudadanos de Gloucester prometieron treinta marcos de plata para recuperar el dinero que les había sido sustraído en Irlanda.

Orígenes y estructura inicial de las ciudades inglesas

Los pueblos ingleses diferían fundamentalmente en su origen y su historia de las ciudades de Italia y la Galia, que eran hijas de Roma y conservaron sus tradiciones municipales a través de la conquista bárbara y la reorganización feudal. Los burgos ingleses no tenían pasado imperial y originalmente eran indistinguibles de los asentamientos rurales ordinarios: ya estuvieran resguardados tras los muros de un campamento romano como Winchester o York, asentados sobre un antiguo fuerte de colina como Old Sarum, reunidos en torno a una fortaleza erigida contra los galeses o los daneses como Taunton o Warwick, o agrupados alrededor de un gran santuario como Beverley, Malmesbury u Oxford, un burgo solo se diferenciaba de una aldea por su tamaño. No era más que un pueblo excepcionalmente grande, en ocasiones con un foso, una empalizada o un muro, o un conjunto de pueblos que se habían fusionado sin formar un todo orgánico, en el que cada componente conservaba su propia parroquia, asamblea y magistrado local, mientras que la asamblea general del burgo respondía ante el tribunal de la centuria. Los pueblos más antiguos y de mayor tamaño eran originalmente libres, pero los pueblos posteriores que surgieron en torno a la residencia de un noble o a un gran monasterio dependían desde el principio del señor de la tierra, debiéndole homenaje y servicios y recibiendo un magistrado local designado por él. Los pueblos que no tenían otro señor se consideraban dominios reales, y su magistrado principal era un oficial real, normalmente llamado port-reeve: un título cuya primera sílaba, aunque se usaba para referirse al pueblo en general, se refiere propiamente a la *porta* o plaza del mercado, el elemento que otorgaba a los pueblos su importancia principal.

Crecimiento de las libertades urbanas y las organizaciones de guildas

La conquista normanda aumentó considerablemente la importancia comercial de las ciudades, y en su seno surgió un sentido de vida corporativa y unidad; comenzaron a ser reconocidas como un elemento separado del Estado. Esta distinción se marcó en el ámbito financiero mediante la separación de los intereses de las ciudades de los de sus condados: una "ayuda" fija que variaba según el tamaño y la riqueza sustituyó al Danegeld, y la contribución de una ciudad al ferm del condado se estableció como una suma fija pagada bajo el nombre de *firma burgi*, bien por el sheriff, bien, por privilegio especial, por la propia ciudad. Las guildas de mercaderes aparecieron en esta época como organismos legalmente organizados con autoridad sobre el comercio en las grandes ciudades mercantiles, y la confirmación del derecho a contar con una sala de guilda (o "casa de hans") se convirtió en un pilar central de las luchas de las ciudades por privilegios y cartas de derechos. Los artesanos siguieron el ejemplo de los mercaderes, y en 1130 los tejedores de Londres, Huntingdon y Lincoln, así como los vendedores de cuero y tejedores de Oxford, compraron la confirmación formal de sus costumbres de guilda a la Corona; las ciudades menores obtuvieron garantías similares de sus señores, con la carta del arzobispo Thurstan a Beverley modelada expresamente a partir de la concesión de Enrique I a York.

El viaje de los canónigos de Laón por la Inglaterra de Enrique I

Tras el incendio de la catedral de Laón en un tumulto cívico de 1112 y el asesinato de su obispo Waldric, ex canciller de Enrique I, algunos de los canónigos recorrieron el norte de la Galia y luego cruzaron a Inglaterra para recoger limosnas destinadas a su reconstrucción. Zarparon desde Wissant en un barco inglés capitaneado por un hombre llamado Coldistan, en compañía de mercaderes flamencos que iban a comprar lana inglesa, y llegaron a Dover después de un estrecho escape de los piratas. Tras ganarse la simpatía en Canterbury del arzobispo, su capítulo y la rica abadía de San Agustín, continuaron hacia el oeste por el sur de Inglaterra, donde su recorrido se rastrea a través de Winchester, Christchurch, Exeter, Salisbury, Wilton, Bodmin, Barnstaple y Totnes, y se adentraron posteriormente en Devon y Bristol.

Winchester en el siglo XII

Winchester, la antigua capital sajona occidental, había perdido su primacía ante Londres, que la había superado tanto en el ámbito comercial como en el político y era en aquel momento el lugar de coronación y residencia real. No obstante, la ciudad mantuvo vínculos estrechos con la corona: su proximidad al New Forest la convertía en una residencia favorita del Conquistador y sus hijos, y Guillermo construyó un castillo en terreno elevado en el extremo occidental de la ciudad, además de un palacio en su barrio sudoriental, cerca de la catedral y el New Minster, donde celebraba su corte de Pascua. El Tesoro, bajo su nombre inglés de "Hoard", seguía establecido de forma permanente en Winchester por obra de Eduardo el Confesor, y no se transfirió de forma definitiva a Westminster hasta finales del reinado de Enrique II. De sus dos grandes casas religiosas, la "Antigua Abadía" de San Swithun adoptó su forma normanda exterior bajo su primer obispo normando, mientras que la "Nueva Abadía", fundada por Alfredo, fue trasladada en 1111 con permiso de Enrique I a un nuevo emplazamiento fuera de los límites septentrionales de la ciudad, que terminó convirtiéndose en la rica Abadía de Hyde, después de que Guillermo el Conquistador hubiera levantado su palacio frente a su fachada oeste para castigar a los monjes que cayeron en Senlac. Como centro comercial, Winchester ocupaba el segundo puesto después de Londres en la época de Enrique, y la gran feria anual que se celebraba en la colina de San Giles, al este de la ciudad, conservaba el recuerdo de los vastos mercados medievales que se celebraban allí en tiempos pasados.

Christchurch (Twinham) y su feria de Pentecostés

En el extremo opuesto del New Forest a Winchester se encontraba el pequeño pueblo de Twinham, al que ya empezaban a llamar Christchurch por su gran iglesia prioral, reconstruida a gran escala por Ralf Flambard. En la octava de Pentecostés los canónigos de Laon asistieron a la feria del pueblo, para gran irritación del deán, que quería quedarse con las ofrendas de la multitud para mejorar su propia iglesia y no tenía intención alguna de compartirlas con Nuestra Señora de Laon.

El comercio de Exeter y su importancia regional

En Exeter los canónigos de Laon fueron recibidos calurosamente por su arcediano y futuro obispo Roberto. Exeter, considerada la cuarta ciudad del reino en el siguiente reinado, no contaba con riqueza natural propia: el pobre suelo rocoso de la costa sur de Devon solo producía avena de la peor calidad, pero la desembocadura del Exe ofrecía un anclaje seguro para los buques mercantes provenientes de la Galia e Irlanda, y aunque Bristol se estaba llevando rápidamente el comercio irlandés, Exeter aún podía presumir de tal abundancia de mercancías que nada de lo necesario para el uso humano se buscaba en vano en ella.

Salisbury (Old Sarum) bajo el obispo Roger

En aquellos días, Salisbury no era la ciudad de la llanura que rodea su actual catedral gótica, sino el reducido emplazamiento en la cima de una colina de Old Sarum, cuyos restos enterrados afloran ocasionalmente en veranos secos. Hacinada en ese estrecho círculo, la Salisbury del obispo Roger era un puesto excelente por su seguridad militar, pero no contaba con perspectivas de importancia industrial o comercial, aunque Roger no desdeñó aceptar la concesión de los peajes del mercado de la localidad, que hasta 1130 habían formado parte de la hacienda de Wilton.

Fundamentos eclesiásticos de Wilton

Wilton, la capital de condado del territorio que originalmente tomó su nombre de ella, seguía siendo, al igual que Christchurch, importante principalmente por su abadía, donde la memoria de santa Edgitha, hija del rey Edgar, era venerada por igual por ingleses y normandos, y especialmente por la reina que compartía su sangre real y que en su momento había llevado su nombre. Los canónigos de Laón se mostraron más impresionados al encontrar en Wilton, en este entorno meridional, la tumba de Beda, venerada como el escenario de curaciones milagrosas.

Bristol del siglo XII: Geografía, comercio y sociedad

La Bristol original del siglo XII se encontraba enteramente en el estrecho alto de la península que en aquel entonces estaba rodeada al sureste por el Avon y por los demás lados por el Frome, que fluía casi en forma de herradura para unirse al Avon justo debajo del actual puente de Bristol; su curso inferior había sido desviado antes de la Conquista Normanda, y el cauce actual no se excavó hasta mediados del siglo XIII a través de la extensión pantanosa inundada por las mareas que hacía que la ciudad pareciera una isla en el mar de Severn. Dentro de sus límites estrechos, Bristol era una ciudad comercial bulliciosa y muy densamente poblada. Los ostmen procedentes de Waterford y Dublín, los northmen de las Islas Hébridas y las remotas Orcadas, e incluso noruegos conseguían acceder pasando el «Higra» —la poderosa marea de bore del estuario del Severn, cuyo nombre pagano recordaba al dios del mar de sus antepasados— a un puerto del que se afirmaba que podía albergar mil barcos. Al ser la tercera ciudad del reino, solo superada por Winchester y Londres, el comercio más lucrativo de Bristol no suponía ningún honor para sus burgueses: los rigurosos esfuerzos de san Wulfstan y Guillermo el Conquistador apenas habían conseguido frenar el secuestro de hombres para el mercado de esclavos irlandés, y el tráfico volvía a estar en pleno apogeo en los últimos años del reinado de Enrique I, como descubrieron los canónigos de Laon cuando subieron a bordo de los barcos del puerto y sus amigos en tierra les advirtieron que muy probablemente serían llevados y vendidos como esclavos en tierras extranjeras.

CAPÍTULO I.

El Capítulo I examina los principales centros urbanos de Inglaterra en las décadas posteriores a la Conquista normanda, partiendo del valle del Severn y las ciudades occidentales, pasando por Chester, York y las tierras fronterizas del norte, hasta llegar a Lincoln y Norwich, para mostrar cómo el señorío normando transformó el comercio, la defensa y la geografía eclesiástica.

Bath y la región del Valle del Severn

Tras el itinerario de los obispos que termina abruptamente en Bath, la atención se desplaza al Valle del Severn. El obispo Juan de Tours trasladó su sede desde Wells a Bath por las virtudes curativas de sus aguas, y posteriormente compró la ciudad entera al rey Enrique I por quinientas libras en 1111.

La prosperidad del valle de Gloucester

El valle de Gloucester se describe como un paraíso terrenal: una región fértil cuyos árboles producían fruto durante todo el año, cuyos caminos proveían de manzanas a los viajeros que pasaban y cuyos viñedos elaboraban un zumo apenas inferior a los vinos de la Galia. El río Severn servía a la vez como cauce fertilizante y vía comercial, en torno al cual se desarrollaron y florecieron abadías y pueblos.

Worcester y Hereford como centros regionales

Aunque Worcester siguió siendo la sede de su diócesis, Gloucester la superó en rango político por su accesibilidad para el comercio y su larga trayectoria como lugar de reunión de la corte bajo los reyes daneses. Hereford, que en su día había sido un puesto fronterizo más importante, era ahora una ciudad de reducido tamaño cuyas murallas derruidas testimoniaban una grandeza ya desaparecida.

Chester: centro de comercio y defensa del noroeste

Chester cumple para la costa noroccidental la misma función que el estuario del Severn para el sur: es a la vez el centro del comercio y un baluarte contra los galeses. Más allá del río Dee, apenas hay signos de vida industrial, ya que el oeste de Yorkshire siguió siendo un páramo sin cultivar y su mitad oriental aún se recuperaba de la devastadora arrasación del Conquistador de 1068.

York después de la Conquista y su región

York fue la única que sobrevivió a la ruina de las sesenta millas de territorio circundante, preservando su vida cívica ininterrumpida, su primacía eclesiástica y su grandeza comercial. Sus mercaderes contaban con una carta real, estaban organizados en un gremio bajo la dirección de un aldermán, contaban con su propia casa hansa para la elaboración de sus estatutos internos y estaban exentos de peajes en todo el condado.

Carlisle: Restauración fronteriza y crecimiento temprano

Carlisle, destruida por los daneses en 875 y desolada durante más de dos siglos, fue restaurada y repoblada por Guillermo Rufo en 1092 después de que expulsara a un thegn inglés que la tenía bajo protección escocesa. Rufo rodeó la ciudad con nuevas fortificaciones aprovechando los muros romanos supervivientes, trajo una colonia del sur de Inglaterra para arar la tierra, y antes del final del reinado de Enrique I el asentamiento había crecido lo suficientemente vigoroso como para separarse de la arquidiócesis de York y constituirse como diócesis propia.

Newcastle-upon-Tyne: Regulaciones comerciales tempranas

Alrededor de la fortaleza de Newcastle-upon-Tyne, originalmente erigida para la defensa contra los escoceses, comenzó a tomar forma una comunidad industrial. Sus normas regulaban tanto el comercio interior como el exterior: los burgueses tenían derecho preferente a comprar la carga de cualquier buque mercante; las disputas con comerciantes extranjeros debían resolverse antes de que hubieran pasado tres mareas; la sal y el arenque debían venderse a bordo; y solo los burgueses podían comprar lana, cueros u otras mercancías fuera de la ciudad, o fabricar telas para teñir dentro de ella.

Aislamiento del norte de Inglaterra

El norte de Inglaterra siguió siendo una región salvaje y aislada, que hablaba una lengua incomprensible para los sureños y llevaba una vida tan desconectada del sur que el rey Enrique aún reforzaba su guardia personal con auxiliares del norte cada vez que cruzaba el Humber. La zona alrededor del Don inferior y el Trent era un amplio pantano, y lo que hoy es el ocupado West Riding era una vasta extensión de páramos y bosques que se extendía desde Wakefield hasta el Peak.

Rutas de comunicación norte-sur

La única línea de comunicación segura entre Yorkshire y el centro de Inglaterra era la Foss Way, que cruzaba la llanura central y el valle oriental del Trent hasta Lincoln, luego giraba hacia el noroeste para cruzar el Trent y continuar hasta York. Esta ruta convirtió a Lincoln en la estación principal de la carretera entre York y el sur, y el comercio fluía hacia la ciudad por carretera y por el pequeño Witham de marea, que estaba conectado al Trent en Torksey por el Foss Dyke, un canal de probable origen romano despejado y hecho navegable de nuevo por Enrique I.

Ascenso de Lincoln en la era normanda

Bajo el dominio normando, Lincoln alcanzó una nueva importancia, ya que dos de sus barrios fueron transformados: el suroccidental por el castillo de Guillermo el Conquistador, construido después de que 166 casas fueran arrasadas, y el sudoriental por la catedral del obispo Remigio. Alrededor de estos centros surgió una nueva ciudad sin trabas más allá del Witham, servida por las iglesias de Santa María de Wigford y San Pedro de Gowts; en apenas cincuenta años, Lincoln se contaba entre las ciudades más pobladas y prósperas de Inglaterra, con sus "hombres de la ciudad y comerciantes del condado" ya unidos en un gremio mercantil.

Traslados de sedes episcopales a ciudades principales

La traslación de las sedes episcopales a las principales ciudades de sus diócesis fue una práctica que solo surgió después de la Conquista normanda. El traslado del obispo Remigio desde Dorchester a Lincoln siguió la misma lógica que había motivado el traslado del antiguo obispado de Mercia desde Lichfield —una "pequeña ciudad en el bosque"— primero a Chester, y posteriormente a la gran abadía de Coventry, y que acabaría trasladando la sede de Anglia Oriental desde Thetford a Norwich.

Norwich: Crecimiento urbano y eclesiástico de Anglia Oriental

Norwich, que había alcanzado una gran prosperidad bajo los comerciantes escandinavos en la primera mitad del siglo XI —en el momento de la llegada de los normandos contaba con veinticuatro iglesias y una población burguesa solo superada por la de Londres y York— sufrió gravemente las consecuencias de la rebelión del conde Ralf, pero un nuevo "burgo" normano se asentó en las parroquias de S. Pedro Mancroft y S. Giles, el número de iglesias y capillas ascendió a cuarenta y cuatro, y el obispo Herbert Lozinga sentó los cimientos de la catedral. En 1121, Enrique I celebró en Norwich su Consejo de Media Invierno, sustituyendo a Gloucester, y con motivo o alrededor de esta fecha, los ciudadanos recibieron su primera carta real, cuyos términos solo se conocen en la actualidad a partir de las confirmaciones de Enrique II.

CAPÍTULO I.

El CAPÍTULO I examina el vigoroso crecimiento de la vida urbana inglesa durante el periodo normando, centrándose en la recuperación y florecimiento de Oxford bajo los D'Oillys, y en la forma emergente de Londres como capital y centro comercial. El capítulo rastrea cómo las instituciones militares, religiosas, intelectuales, cívicas y sociales echaron raíces en estas ciudades, culminando en su disposición para servir como centros políticos y culturales durante el reinado de Enrique I.

Crecimiento de Oxford en el valle del Támesis

Aunque Oxford siguió siendo un lugar pequeño desde el punto de vista estadístico —contaba con solo alrededor de mil viviendas en la época del Confesor— sufrió una grave decadencia antes de la encuesta del Domesday, con más de la mitad de sus casas abandonadas. No obstante, el valle del Támesis era la región donde la vida urbana inglesa crecía con mayor vigor, y bajo el sabio gobierno de Roberto de Oilly y su sobrino, Oxford empezó rápidamente a encarnar la vida variada que haría de su historia un epítome de la de Inglaterra.

Recuperación de Oxford después del Domesday

Los daños que sufrió Oxford antes del Domesday —posiblemente causados por el ejército de Edwin y Morcar durante su marcha hacia el sur en 1065— se repararon rápidamente bajo el gobierno de Roberto de Oilly y su sobrino. Para el final del reinado de Enrique I, todos los aspectos de la maravillosamente variada vida de Oxford ya existían, aunque solo en estado embrionario.

Fortificaciones e infraestructuras normandas de Oxford

Los D'Oilly fortalecieron las capacidades militares del emplazamiento de Oxford, reconocido mucho tiempo antes por Eduardo el Viejo. Dentro de la protección natural de los ríos que lo rodean, la ciudad estaba ceñida por murallas y fosos, y el montículo de su extremo occidental —probablemente levantado por el propio Eduardo— se convirtió en el núcleo de una poderosa fortaleza. Más allá de las fortificaciones, los D'Oilly construyeron puentes (el Puente Alto es uno de los edificados por el primer Roberto), restauraron iglesias derruidas y fundaron otras nuevas, entre las que se incluyen San Jorge dentro del Castillo y, muy probablemente, San Pedro al Este.

Fundaciones religiosas de Oxford bajo el dominio de los D'Oilly

Bajo el dominio de los D'Oilly, Oxford contaba con dieciséis iglesias y capillas, entre las que se encontraban las fundadas o restauradas por Roberto de Oilly y su sobrino: San Jorge dentro del Castillo, San Pedro al Este, San Miguel, Santa María la Virgen y Santa María Magdalena extramuros. El centro intelectual y religioso seguía siendo el antiguo monasterio de Santa Frideswide, que había pasado a manos de los canónigos agustinos y prosperó bajo su erudito prior Guimund. El Roberto más joven fundó un formidable priorato rival en Oseney, también destinado a canónigos agustinos.

Vida intelectual temprana en la Oxford de la Edad Media

Los agustinos, una nueva orden estrechamente asociada al resurgimiento de la cultura intelectual y social, convirtieron sus conventos en las mejores escuelas de la época, formando a eruditos para carreras tanto seculares como eclesiásticas. Su presencia en Oseney y en la iglesia de Santa Frideswide preparó el terreno intelectual de Oxford para recibir, al final del reinado de Enrique, las semillas de la primera universidad inglesa en las lecciones de teología de Robert Pulein en 1133.

Vida burguesa y gremios de Oxford

La vida burguesa de Oxford se reunía desde hacía mucho tiempo alrededor de la iglesia de San Martín, donde se celebraba el portmannimot o asamblea general de ciudadanos en el cementerio de la iglesia. Los burgueses contaban con su gremio de mercaderes y su sala de gremio, sus pastos comunes en el amplio y verde "Port-meadow" más allá del río Isis, y los inicios de la industria local en los gremios de vendedores de cuero y tejedores.

El resurgimiento político de Oxford antes de Enrique I

Poco antes de la muerte de Enrique I, surgieron indicios de que Oxford recuperaría la posición política que había tenido bajo los antiguos reyes ingleses y daneses, pero que había perdido desde entonces. Una leyenda afirmaba que la patrona virgen Fritheswith había hecho caer el castigo divino sobre un pretendiente real, dejándolo ciego en la puerta; a partir de entonces ningún rey se atrevió a entrar en los límites de Oxford. Enrique I, cuya residencia favorita estaba en Woodstock, se construyó una «nueva sala» justo fuera de la muralla norte en 1133 y celebró allí una Pascua, la última que pasó en Inglaterra. A partir de entonces, cada pretendiente rival al trono encontró en Oxford un centro político y militar listo para servir, de una importancia apenas inferior a la de Londres.

Traza y defensas de Londres en el siglo XII

La traza de Londres en el siglo XII era una media elipse irregular, cercada por su lado terrestre norte por murallas masivas con puertas y altas torres, mientras que la muralla sur a lo largo del Támesis se fue erosionando y desapareciendo gradualmente por la acción del río. El extremo oriental estaba custodiado por la Torre, fundada por Guillermo el Conquistador, mientras que el extremo occidental estaba protegido por el castillo de Baynard y Montfichet. Una fortaleza cercana a la catedral de San Pablo fue parcialmente destruida por el gran incendio anterior a la muerte del Conquistador; su foso fue cedido por Enrique I al obispo Ricardo para construir una muralla que cercara los recintos de la catedral, donde una nueva iglesia normanda estaba a punto de terminarse.

Gobernanza cívica medieval de Londres

San Pablo era el punto de reunión de la vida municipal de Londres: la asamblea popular se reunía en su extremo oriental en tiempos de paz, mientras que en tiempos de guerra los burgueses armados se congregaban en su puerta oeste bajo el estandarte del señor del castillo de Baynard. La constitución de Londres era menos una constitución municipal que un epítome de la organización de Inglaterra: parroquias, municipios, franquicias, iglesias y gremios agrupados de forma laxa bajo el obispo y el preboste del puerto. Para el reinado de Enrique I, los londinenses habían obtenido una carta real por la que intercambiaban al preboste del puerto designado por el rey por un sheriff de su elección, la exención de peajes en todo el reino y la custodia de los pleitos de la Corona a través de un justiciar especial. Sin embargo, la carta mantuvo intactos los diversos sokens, costumbres, asambleas de barrio (wardmoots) y tribunales locales (hustings), convirtiendo a Londres en "un condado cubierto de casas" en lugar de un municipio compacto.

Distritos y espacios suburbanos de Londres

La masa de vida en expansión de Londres se encontraba principalmente al noreste de S. Paul, donde iglesias conventuales y parroquiales se alzaban entre calles y callejones de gran densidad. El Wallbrook atravesaba su corazón, y antiguamente las barcazas eran remolcadas hasta un desembarcadero en el extremo oriental de Cheap. Más allá se situaba el más animado East-Cheap, mientras que un próspero barrio judío se ubicaba al norte a lo largo del curso superior del Walbrook. La población se extendía más allá de las murallas hacia agradables casas suburbanas: el populoso suburbio de Westminster alrededor de la abadía y el palacio de Rufus, la llanura de la feria de caballos de Smithfield al noroeste, y las tierras de cultivo, pastos, molinos de agua y bosques circundantes que se extendían hacia las Colinas de Chiltern.

Vida social de los burgueses medievales de Londres

Los ciudadanos londinenses más acaudalados disfrutaban de derechos de caza cuasi regios en los bosques circundantes, mientras que los burgueses más jóvenes paseaban entre jardines suburbanos y manantiales de agua fresca en verano, y patinaban, se deslizaban y usaban trineos en Moorfields en invierno. Tanto S. Paul como S. Peter mantenían escuelas, al igual que la abadía de Bermondsey. Los ciudadanos eran reconocidos por encima de todos los demás por sus modales, vestimenta, modales en la mesa y forma de hablar, y casi todos los obispos, abades y grandes nobles ingleses tenían magníficas casas en Londres. Bajo el antiguo sistema inglés, un mercader que completara tres largos viajes por mar podía alcanzar el rango de thegn, lo que suponía un vínculo natural entre las clases comerciales y la nobleza.

Asentamiento normando y fusión racial en Londres

La fusión de razas entre los habitantes de Londres comenzó casi desde los primeros años de la Conquista. Mercaderes, comerciantes y artesanos normandos —carecientes del espíritu caballeresco de saqueo— acudieron pacíficamente en busca de fortuna a los nuevos dominios. La dura tiranía del Rey Rojo unió a las víctimas en un sufrimiento común, pero la restauración de la ley y el orden por parte de Enrique I permitió que la energía industrial y comercial floreciera. Colonos de Ruan, Caen y otras ciudades normandas se instalaron en Londres, donde años de intercambio comercial previo habían desgastado las barreras del idioma y los prejuicios. Ingleses y normandos vivieron contentos uno al lado del otro —a veces en barrios separados, pero en un contacto libre y amistoso, con el refinamiento normando extendiéndose rápidamente y los matrimonios mixtos volviéndose frecuentes—, convirtiendo a Londres en el lugar más adecuado de todos para la fusión racial.

CAPÍTULO I.

Este es el fragmento 7 de 12 fragmentos totales del Capítulo 8 (índice de capítulo 5), titulado *CAPÍTULO I.*. El capítulo explora la vida social, económica y doméstica en la Inglaterra normanda del siglo XII, abarcando la influencia de los burgueses normandos en Londres, el hogar de los padres de Tomás Becket, el asentamiento y comercio flamencos, la situación de las comunidades judías, la arquitectura doméstica, las normas de moda, la estructura del señorío feudal y el régimen de tenencia villana y las obligaciones señoriales.

Influencia de los burgueses normandos en la Londres del siglo XII temprano

Los burgueses normandos ejercieron una influencia dominante en la Londres del siglo XII temprano, logrando esta preponderancia por medios justos y ejerciéndola de manera equitativa. Contribuyeron tanto a la prosperidad corporativa de la ciudad como a la prosperidad nacional más amplia, aportando no solo riqueza, sino también iniciativa, vigor, refinamiento, cultura y progreso social y político. Sus hogares, agradables y bien organizados, ofrecían hospitalidad y una sociedad refinada que superaba la naturaleza incómoda y aislada de los castillos nobles, y brindaban un nivel de sociedad que rara vez se encontraba entre los toscos y temerarios espadachines que conformaban la mayor parte de la élite laica de alta cuna.

El hogar de Gilbert Becket y Rohesia en Cheapside

El hogar de Gilbert Becket, jefe del puerto de Londres nacido en Ruan y conocido por su inteligencia, laboriosidad y rectitud de carácter, y el de su esposa Rohesia, mujer nacida en Caén y célebre por su devoción doméstica y caridad cristiana, se utiliza como ejemplo representativo de un hogar burgués londinense típico del siglo XII. Su vivienda se encontraba en el bullicioso barrio comercial de Cheapside, cerca del Mercers' Hall, la iglesia de Santa María Colechurch y la iglesia de Santa María en Bow. El hogar estaba cómodamente acomodado, pero no era ostentosamente rico, indistinguible de los demás hogares de ciudadanos de clase media respetables y acomodados de la época. Su hijo, el futuro Tomás Becket, nació aquí, fue enviado a estudiar al priorato de Merton, en Surrey, y pasaba sus vacaciones cabalgando y practicando cetrería junto a Richer de L'Aigle, un joven caballero normando y amigo de la familia.

Asentamiento flamenco y relaciones comerciales angloflamencas

Flandes, región fronteriza de Normandía, Francia y el Imperio, y aliado político de larga data de los reyes ingleses, mantenía profundos vínculos culturales y económicos con Inglaterra, y los lazos de sangre, el idioma y el temperamento afines fomentaban la simpatía natural entre ambos pueblos. Los mercaderes flamencos de Brujas visitaban Londres con una frecuencia incluso mayor que los de Ruan y Caen, y el comercio con Flandes era la parte más importante del comercio del este de Inglaterra. La lana inglesa era la materia prima principal de la próspera industria textil flamenca, y Dover funcionaba como el principal mercado de exportación de la lana destinada a las grandes ferias anuales de Brujas y Gante. Bajo el reinado de Enrique I, los colonos flamencos se volvieron numerosos y prósperos en las ciudades inglesas, lo que despertó los celos tanto de normandos como de ingleses. En 1111, Enrique I estableció una colonia flamenca en el sur de Pembrokeshire para someter a las turbulentas poblaciones galesas; el asentamiento tuvo éxito, dejando a la región una "pequeña Inglaterra" de origen teutónico más allá de Gales. Estos asentamientos fueron los primeros vínculos sociales e industriales entre Inglaterra y los Países Bajos, precursores de colonias posteriores de mayor envergadura que impulsarían cambios importantes en la industria inglesa.

Situación de las comunidades judías en las ciudades inglesas normandas

Los judíos llegaron por primera vez a Inglaterra durante el reinado de Guillermo el Conquistador, quien trasladó una colonia judía desde Ruán a Londres. Contaron con el favor de Guillermo Rufo, y para el siglo XII ya estaban establecidos en la mayoría de las principales ciudades inglesas, pero no eran considerados miembros plenos del Estado: eran propiedad personal del rey, exentos de peajes, impuestos y multas de la justicia secular, con su riqueza protegida por el monarca pero susceptible de ser confiscada por un capricho arbitrario de este. Vetados de la mayoría de las ocupaciones por las restricciones eclesiásticas a la usura, trabajaron principalmente como prestamistas, contribuyendo de forma indirecta a la expansión comercial pero sin desempeñar ningún papel en el desarrollo político y social de las ciudades. Vivían en juderías separadas y autogobernadas, exentas de la jurisdicción de los gremios mercantiles, los alcaides de puerto, los alguaciles y los obispos, y estaban aislados de la comunidad cristiana circundante por barreras sociales y legales.

Arquitectura doméstica inglesa del siglo XII y vida cotidiana en el hogar

La arquitectura doméstica del siglo XII era en gran medida uniforme entre las clases sociales, y la mayoría de las viviendas constaban de una sala, un solar superior (utilizado como dormitorio y sala de estar privada combinados), una cocina y dependencias anexas, casi todas construidas en madera. Las salas cumplían la función de espacios comunitarios para vivir, comer, trabajar y dormir de todo el hogar, con suelos de madera cubiertos de juncos, hogares de piedra centrales y mesas y bancos dispuestos alrededor del fuego; por la noche, los invitados y los sirvientes dormían en la sala separados únicamente por cortinas, al resplandor del fuego moribundo. Los solares contaban con muebles sencillos: camas sin cortinas, arcas de roble ceñidas con hierro utilizadas como armarios, y en algunos casos cunas para bebés. La construcción en madera hacía que las ciudades fueran propensas a incendios frecuentes y desastrosos (la casa de Gilbert Becket se incendió en varias ocasiones, arrasando grandes partes de Londres), y las casas de piedra eran asequibles únicamente para grandes nobles o judíos excepcionalmente ricos, y la mayoría de los edificios tenían techos de paja. Todo el esfuerzo arquitectónico de la época se centró en la construcción militar y eclesiástica, e incluso los castillos eran estructuras de piedra sencillas, centradas en la defensa, sin dar importancia alguna a la comodidad o a la elegancia estética.

Normas de indumentaria y moda en la Inglaterra normanda

La indumentaria fue un medio clave para expresar el lujo personal en el periodo, ya que el foco de la arquitectura se dirigía hacia construcciones militares y religiosas. Durante el reinado de Guillermo Rufo, la vestimenta de la nobleza se había vuelto extremadamente extravagante, con largos cabellos rizados perfumados, ornamentos de corte femenino, zapatos puntiagudos y prendas amplias que hacían imposible el ejercicio físico, lo que le valió duras críticas por parte de altos eclesiásticos. Tras la muerte de Rufo, Enrique I y su aliado Roberto de Meulan lideraron un movimiento reformista que volvía a la vestimenta más práctica de los caballeros normandos: túnicas ajustadas combinadas con largas capas que llegaban casi a los pies, pensadas para montar a caballo y caminar. Los habitantes de las ciudades inglesas adoptaron las modas del otro lado del canal, mientras que las poblaciones rurales mantuvieron la vestimenta tradicional más antigua, incluyendo la túnica de lino que siguió siendo común entre la población campesina inglesa durante siglos.

Estructura del señorío feudal y vida rural en la Inglaterra normanda

Para el siglo XII, la antigua aldea anglosajona se había transformado por completo en el señorío feudal, centro de la vida rural. La casa señorial (evolucionada a partir del salón del thegn) se encontraba en el centro de la finca, rodeada por las tierras del dominio señorial, cultivadas por arrendatarios libres y villanos cuyas cabañas se agrupaban en el límite de dicho dominio. Las parcelas de los villanos, junto con los pastos comunales compartidos, los bosques y los prados de heno, completaban el resto de la finca. Las tierras de cultivo se dividían en grandes campos abiertos fragmentados en parcelas de una o media acre dispersas por varios campos; los arrendatarios aportaban bueyes a los equipos de arado compartidos que se usaban para cultivar los campos. En fincas como la de la abadía de Peterborough, las parcelas solían ser virgatos (30 acres, que requerían 2 bueyes para el equipo de arado estándar de 4 bueyes) o medio virgato (15 acres, que requerían 1 buey). Los arrendatarios también tenían derechos de uso sobre los pastos comunales, el heno y los bosques (para alimentar cerdos, obtener turba y combustible), y algunos coteros sin tierras poseían pequeñas viviendas con o sin jardín a cambio de trabajar como artesanos esenciales del pueblo, entre ellos herreros, carpinteros y carreros. Los molinos, una institución clave en todos los grandes señoríos, pagaban rentas fijas en dinero, en ocasiones además de tributos de pescado procedentes de sus arroyos.

Tenencia de villano y obligaciones señoriales

La tenencia de villano obligaba a sus titulares a cumplir obligaciones para con el señor, que se saldaban mediante trabajo en el demesnio, pagos consuetudinarios en dinero o en especie, y trabajos especializados ocasionales denominados «boon» o «bene-work» para tareas estacionales específicas. El sobrestante o bailío de la hacienda supervisaba todas las operaciones de la finca señorial, incluyendo la regulación del trabajo, el mantenimiento del ganado y los recursos agropecuarios, la recaudación de los tributos debidos, el arrendamiento de tierras desocupadas y la contabilidad de los ingresos. Los villanos estaban obligados a realizar el «trabajo semanal»: un número fijo de días de trabajo en el demesnio cada semana (por lo general de 2 a 3 días por cada virgata de tierra en villanaje que poseyeran de forma permanente, con días adicionales requeridos en la época de cosecha). Los tributos consuetudinarios variaban según la costumbre de cada hacienda, e incluían pagos en especie o en dinero, además de servicios especializados como el corte de leña, el transporte en carro, el corte de turba, la elaboración de techos de paja, la producción de malta, el corte y acarreo de heno, la construcción de cercas, la provisión de arados, y el arado, siembra, rastrillado y siega de las tierras del demesnio. Algunos colonos poseían tierras a cambio de funciones especializadas en la aldea: los vaqueros, los pastores de bueyes, los pastores de ovejas y los porquerizos ocupaban tierras «por su servicio» a cambio de encargarse de los rebaños y manadas del señor, y sus esposas a veces debían abonar rentas de trabajo adicionales como la aventadura y la siega del maíz del demesnio.

CAPÍTULO I.

Este capítulo se basa en el *Liber Niger* (Libro Negro, compilado hacia 1125) de la Abadía de Peterborough, así como en registros administrativos y eclesiásticos contemporáneos, para examinar la vida señorial rural inglesa del siglo XII, el estatus legal y social de los villanos, las vías disponibles para la franquicia de villanos, la situación de la Iglesia inglesa bajo Enrique I y el auge de la orden religiosa de los Canónigos Agustinos.

Servicios señoriales en el Libro Negro de Peterborough

Esta sección detalla las obligaciones señoriales registradas en el *Liber Niger* de Peterborough, incluyendo prestaciones laborales, pagos en efectivo y en especie y requisitos de servicio para las diferentes clases de inquilinos (villanos plenos, villanos medios, bordarii, sokemen y cottagers) en los señoríos que incluyen Thorp, Colingham, Easton, Fisherton y Oundle. Los servicios requeridos a los inquilinos incluyen trabajo agrícola semanal y estacional, arado, escarda, recolección de leña y turba, pagos de renta de molino y mercado y obligaciones de productos como grano, ganado, huevos y lino para uso de la abadía.

Estado de villano y obligaciones feudales

Esta sección describe los derechos y deberes recíprocos que vinculan a los señores y los villanos en el sistema feudal. Los villanos estaban obligados a aportar trabajo y tributos consuetudinarios a su señor, pero contaban con la protección de un estricto código consuetudinario de larga data que limitaba el poder arbitrario del señor sobre ellos, garantizaba su tenencia de tierras y sus bienes domésticos siempre que cumplieran sus obligaciones, y prohibía el desalojo incluso por tributos impagos. Los villanos disponían de recursos legales contra su señor, como demuestra el registro del año 31 del reinado de Enrique I en el Rollo de la Pipe, en el que Alfred de Cheaffword pagó una multa de 40 chelines por azotar a su propio villano. La cadena feudal interdependiente que ataba a los villanos a su tierra reflejaba las obligaciones que los rangos feudales superiores, desde caballeros hasta barones, tenían con el rey, como ilustra la queja del conde Guillermo de Évreux, quien manifestó que su homenaje y sus servicios habían sido transferidos a Enrique I sin su consentimiento.

Vías hacia la emancipación de los villanos

Esta sección señala en primer lugar que la libertad personal sin restricciones era a menudo un beneficio dudoso si suponía la pérdida de vínculos sociales locales y medios de subsistencia habituales, antes de exponer tres vías principales para la emancipación de los villanos: la manumisión por parte de un señor, concedida a menudo en el lecho de muerte del señor o como penitencia por pecado bajo influencia eclesiástica; la huida a una villa con fuero, donde un villano que eludiera la captura durante un año y un día obtenía la condición de burgués libre conforme a las costumbres de la localidad; y la toma de órdenes sagradas, ya que la ordenación o la admisión en un monasterio conferían automáticamente la libertad incluso si se realizaban sin el consentimiento del señor, una práctica que estaba ampliamente aceptada en el reinado de Enrique II a pesar de las prohibiciones reales.

Estado de la Iglesia inglesa bajo Enrique I

Esta sección evalúa el estado de la Iglesia inglesa bajo Enrique I, señalando que si bien evitó la corrupción abierta y la venta descarada de cargos eclesiásticos que se produjeron bajo Guillermo Rufo, en la práctica estaba subordinada al Estado como herramienta de gobernanza secular. Los obispados clave fueron otorgados a administradores capaces que ejercieron como ministros reales, y aunque estos funcionarios eclesiásticos eran mucho más honestos y competentes que los designados corruptos del predecesor de Enrique, su dedicación a las obligaciones temporales les llevaba a descuidar sus responsabilidades espirituales como obispos y sacerdotes. La verdadera vitalidad espiritual de la Iglesia persistió no entre sus altos funcionarios, sino entre sus humildes miembros laicos.

Auge de los Canónigos Agustinos

Esta sección rastrea los orígenes y el desarrollo inicial de los Canónigos Agustinos (Canónigos Regulares de la Orden de San Agustín), un movimiento de reforma religiosa del siglo XII que respondía a abusos generalizados tanto en la vida monástica como en la clerical secular. Los intentos fallidos de imponer la Regla de Chrodegang del siglo VIII al clero secular de las catedrales en Inglaterra y en el continente llevaron a reformistas sinceros a establecer una nueva orden que combinaba la vida comunitaria y los votos vinculantes del monasticismo tradicional con una estructura organizativa más simple y flexible. Esta estructura permitía a la orden apoyar tanto el ministerio pastoral activo como la vida religiosa contemplativa, lo que le permitía adaptarse a contextos diversos y salvar la brecha entre las instituciones clericales seculares relajadas y las órdenes monásticas rígidas.

CAPÍTULO I.

Este capítulo narra la llegada, el establecimiento y la creciente influencia de los canones agustinos (Austin) en Inglaterra durante el reinado de Enrique I, incluyendo sus prioratos fundacionales, las figuras clave vinculadas y su ascenso a altos cargos episcopales. A continuación, se remonta a los orígenes de la Orden Cisterciense, su rápida expansión en Inglaterra, la fundación de sus principales abadías inglesas, sus principios reformadores fundamentales y su amplio impacto en el conjunto de la Iglesia inglesa.

Llegada de los canónigos agustinos a Inglaterra

Los canónigos agustinos llegaron a Inglaterra al comienzo del reinado de Enrique I, y su primer asentamiento ilustra la íntima conexión entre el revival religioso y nacional concurrente en el país.

Priorato de la Trinidad de Aldgate

El primer priorato agustino en Inglaterra fue fundado en 1108 por la reina Matilde (llamada "Maude la buena reina" en las cuentas tradicionales de la comunidad) en el sok de Aldgate, justo dentro de la muralla oriental de Londres. Parte de su dotación provenía de propiedades entregadas por un antiguo guild de caballeros inglés en beneficio de la nueva comunidad. El priorato estaba dedicado a la Santísima Trinidad, y su primer prior, Norman, nativo de Kent que había estudiado bajo San Anselmo en Galia, introdujo la orden agustina a Matilde y más tarde sirvió como su confesor. La fraternal incipiente luchó inicialmente para asegurar alimentos, pero después de colocar platos vacíos en el refectorio para atraer la simpatía de los ciudadanos locales, las esposas de los burgueses de Londres se comprometieron a traer un pan cada domingo, resolviendo su escasez.