Victor Frankenstein, impulsado por el deseo de trascender los límites naturales, ensambla una criatura humanoide a partir de materia muerta. Horrificado por su creación, la abandona, lo que provoca que el ser busque venganza por su aislamiento. La narrativa sigue las catastróficas consecuencias de este vínculo roto, desde el gélido Ártico hasta los serenos Alpes suizos, mientras creador y criatura se ven atrapados en una mutua búsqueda de la ruina.
Pero justo cuando parecía estar casi a su alcance, se oyó el mar de fondo, cuyo estruendo se volvía cada vez más ominoso. Al viento pronto le siguió una sacudida como de terremoto; el hielo se partió y agrietó con un estruendo tremendo. En unos minutos, un mar tumultuoso se interpuso entre Victor y su enemigo, dejándolo a la deriva sobre un fragmento de hielo disperso que disminuía continuamente. Varios de sus perros murieron, y el propio Victor estaba a punto de sucumbir bajo la acumulación de angustia cuando vio el barco de Walton fondeado. Rápidamente destruyó parte de su trineo para construir remos y, con infinita fatiga, impulsó su balsa de hielo hacia el barco. Fue llevado a bordo cuando su vigor se había agotado, su tarea sin cumplir.
Walton escuchó la extraña y terrible historia de Victor, observando el consuelo exaltado que el invitado encontraba en la creencia de que sus sueños eran visitas reales de los espíritus de los muertos. Victor desplegó un conocimiento y una elocuencia ilimitados, hablando de su pasado como si fuera un ángel caído. Le dijo a Walton que no podía reconciliarse con la vida, pues ningún nuevo vínculo podría reemplazar a los que se habían ido. Su único propósito era perseguir y destruir al ser al que había dado existencia. Antes de concluir, Victor descubrió que Walton había estado tomando notas y pidió revisarlas, corrigiendo el manuscrito para asegurar que ninguna versión mutilada de su narración llegara a la posteridad.
El barco permanecía atrapado en el hielo, y la tripulación, enfrentándose a la muerte, comenzó a desesperarse. Temiendo un motín, Walton fue confrontado por una delegación de marineros que exigieron que se comprometiera a regresar hacia el sur si el hielo se disipaba. Walton dudó, pero Victor, sacudiéndose de su languidez, pronunció un discurso conmovedor ante los hombres. Preguntó si se apartaban tan fácilmente de su propósito, recordándoles que la expedición era gloriosa porque estaba llena de peligros y terror. Los instó a no regresar con el estigma de la desgracia marcado en sus frentes, sino a volver como héroes que habían luchado y vencido. Su voz estaba tan modulada y su mirada tan llena de heroísmo que los hombres se conmovieron y se retiraron a considerar sus palabras.
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