Las aventuras de Roderick Random
Las Aventuras de Roderick Random de Smollett, T. (Tobias) se desarrolla a lo largo de 69 capítulos. CAPÍTULO I El narrador se presenta como nacido en la parte septentrional del reino unido, en la casa de su abuelo, un caballero acaudalado e influyente que servía como juez y era particularmente conocido por su severo trato hacia los mendigos. El padre del narrador, el hijo menor, se casó en secreto con una pariente pobre que servía como ama de llaves, y el narrador fue su primogénito. Antes de su nacimiento, su madre tuvo un sueño inquietante en el que imaginaba dar a luz una pelota de tenis que el diablo golpeaba con una raqueta, solo para que regresara y se plantara en la tierra como un árbol en flor. Un vidente de las Tierras Altas interpretó esta visión de manera favorable, prediciendo que el niño se convertiría en un gran viajero que enfrentaría muchos peligros pero que finalmente regresaría a su patria con felicidad y renombre. Al descubrir el matrimonio, el abuelo repudió al padre, dándole hasta esa noche para encontrar un nuevo alojamiento y enviándole una cuenta por los gastos de su educación. El padre y la madre se refugiaron en una granja donde vivía un antiguo criado. Cuando el embarazo de la madre avanzó más, ella regresó secretamente a la casa del abuelo disfrazada, suplicando misericordia en nombre de su hijo nonato. El abuelo alegó que un juramento le impedía ofrecer ayuda y la despidió. La madre entró en trabajo de parto de inmediato y, con la ayuda de una fiel sirvienta, dio a luz al narrador en un desván antes de ser desalojada por la fuerza tres días después. El trato severo y la falta de cuidados la hicieron caer en una enfermedad consuntiva que resultó mortal. El padre, consumido por el dolor, perdió el juicio durante seis semanas, tiempo durante el cual el abuelo acogió al recién nacido. Al recobrar el juicio, el padre se llenó de profunda melancolía y posteriormente desapareció sin dejar rastro, lo que dio pie a especulaciones sobre si había acabado con su propia vida. Este capítulo narra la difícil infancia del narrador, que abarca la hostilidad familiar temprana, el acceso restringido a su abuelo, la educación descuidada, los malos tratos de su maestro y, paradójicamente, cómo la adversidad impulsó su progreso académico. La narración sigue la organización de complots de escolares contra su perseguidor, el acoso implacable por parte del heredero de su abuelo, y concluye con su violenta represalia contra el tutor. El capítulo relata la llegada del tío materno del narrador, el teniente Tom Bowling, un marinero curtido y de constitución fuerte que suministra a su sobrino lo necesario y se propone persuadir al abuelo para que provea para él. La pareja se dirige a la casa del juez, pero son atacados por los perros de la familia, Jowler y César, a quienes el teniente mata en un combate furioso antes de enfrentarse al joven señorito y exigir la entrada. Una vez admitido, el tío Tom aboga apasionadamente por el descuidado Roderick, contrastando a su pariente con el favorecido "Jack de buen tiempo" entre los primos, mientras que las parientes femeninas lo denigran llamándolo insolente marinero. El juez los recibe con fría cortesía y solo ofrece colocar al niño como aprendiz de un artesano, propuesta que el teniente rechaza indignado antes de partir con el narrador de regreso a la aldea, resonando sus maldiciones contra el viejo tiburón y la cría joven que lo rodeaba.
CAPÍTULO I
CAPÍTULO I El narrador se presenta diciendo que nació en la parte septentrional del reino unido, en la casa de su abuelo, un caballero acaudalado e influyente que ejercía como juez y era especialmente conocido por su severo trato con los mendigos. El padre del narrador, el hijo menor, se casó en secreto con una pariente pobre que servía como ama de llaves, y el narrador fue su primer hijo. Antes de su nacimiento, su madre tuvo un sueño inquietante en el que imaginó dar a luz una pelota de tenis que el diablo golpeó con una raqueta, solo para que regresara y se plantara en la tierra como un árbol en flor. Un vidente de las Highlands interpretó esta visión de manera favorable, prediciendo que el niño se convertiría en un gran viajero que enfrentaría muchos peligros pero que finalmente regresaría a su patria con felicidad y renombre. Al descubrir el matrimonio, el abuelo desheredó al padre, dándole hasta esa noche para encontrar nuevo alojamiento y enviándole una factura por los gastos de su educación. El padre y la madre se refugiaron en una granja donde vivía un viejo sirviente. Cuando el embarazo de la madre avanzó más, esta regresó secretamente a la casa del abuelo disfrazada, suplicando clemencia en nombre de su hijo nonato. El abuelo alegó que un juramento le impedía ofrecer ayuda y la despidió. La madre entró en trabajo de parto de inmediato y, con la ayuda de una fiel sirvienta, dio a luz al narrador en un desván antes de ser expulsada por la fuerza tres días después. El trato cruel y la falta de cuidados la hicieron caer en una enfermedad consuntiva que resultó mortal. El padre, afligido por el dolor, perdió la razón durante seis semanas, tiempo durante el cual el abuelo acogió al bebé. Al recobrar la razón, el padre quedó sumido en una profunda melancolía y más tarde desapareció sin dejar rastro, lo que dio pie a especulaciones de que se había quitado la vida.
De mi nacimiento y ascendencia
De mi nacimiento y linaje El abuelo del narrador, hombre de considerable fortuna y renombre jurídico, presidía los juicios con particular severidad hacia los mendigos, a quienes profesaba un intenso rechazo. El padre del narrador, su hijo menor, se enamoró y desposó en secreto a una pariente pobre que servía como ama de llaves en la casa del abuelo. De esta unión nació el narrador como su primer fruto. Antes del nacimiento del narrador, su madre tuvo un sueño perturbador, cuya favorable interpretación corrió a cargo de un vidente de las Tierras Altas. El sueño representaba al diablo haciendo oficio de partera para traer al mundo una pelota de tenis, a la que golpeó violentamente lejos, solo para que regresara y se hundiera en la tierra convertida en un árbol frondoso cubierto de flores. El vidente predijo que el niño se convertiría en un gran viajero que afrontaría numerosos peligros, pero que al fin regresaría para florecer en su tierra natal. Cuando el abuelo se enteró del matrimonio, expulsó airadamente a su hijo y a su nuera, negándoles todo socorro en virtud de un voto anterior. Encontraron refugio en una humilde casa de labranza. Cerca de su parto, la madre se presentó disfrazada en la casa del abuelo en busca de compasión, pero fue inmediatamente rechazada. Entró en trabajo de parto ese mismo día en un desván. A pesar de su vulnerable estado, fue expulsada en un plazo de tres días, y el criado que la había socorrido fue despedido. La combinación de frío, necesidad y pena la hizo enfermar y morir. El padre quedó destrozado, perdiendo la razón durante seis semanas. El abuelo terminó por ablandarse lo suficiente como para hacerse cargo del infante, y cuando el padre recobró el juicio, cayó en la melancolía antes de desaparecer misteriosamente, lo que dio pábulo a rumores sobre su autodestrucción.
CAPÍTULO II
Este capítulo narra la difícil infancia del narrador, que abarca la hostilidad familiar temprana, el acceso restringido a su abuelo, la educación descuidada, el maltrato de su maestro, y paradójicamente cómo la adversidad impulsó su progreso académico. El relato sigue la organización de pandillas de escolares contra su perseguidor, el hostigamiento implacable del heredero de su abuelo, y concluye con su violenta represalia contra el tutor.
Hostilidad familiar temprana
Los primos del narrador desarrollaron un odio implacable hacia él, en especial porque su infancia mostraba promesas y se parecía mucho a su querido padre. Existían sospechas de que sus tíos podrían haber estado involucrados en el destino de su padre, motivados por cuestiones de herencia, aunque dichas sospechas eran consideradas como mera especulación por observadores prudentes.
Acceso restringido al abuelo
Antes de cumplir los seis años de edad, los primos del narrador habían bloqueado de tal manera el acceso a su abuelo, que este solo podía verlo a hurtadillas, acercándose de vez en cuando a la silla del anciano cuando este supervisaba a sus jornaleros en el campo. Durante esos breves encuentros, el abuelo le acariciaba la cabeza, lo exhortaba a portarse bien y le prometía ocuparse de él.
Escolarización descuidada
El narrador fue enviado a una escuela de un pueblo donde su abuelo tenía influencia, pero el abuelo nunca pagó su manutención ni le proporcionó ropa, libros ni otras cosas necesarias. Su situación se volvió andrajosa y despreciable, y el maestro, que le enseñaba gratis por temor a su abuelo, no se preocupaba lo más mínimo por su progreso; sin embargo, a pesar de estas dificultades, el narrador llegó a dominar el latín.
Maltrato del Maestro
El maestro, temiendo el disgusto de su patrón, se comprometió a impedir el progreso futuro del narrador. Fabricó una tabla con cinco agujeros por los que introdujo los dedos y el pulgar de la mano derecha del narrador, sujetándola con cordel para impedirle escribir cartas a su abuelo.
Adversidad y Progreso Académico
Los castigos severos e injustos se volvieron rutina: el narrador era culpado de travesuras cuyos autores permanecían desconocidos, condenado por delitos que nunca cometió, y azotado por desgracias como casi ahogarse o ser mordido por un perro. Sin embargo, su genio poco común, combinado con la orientación del ujier de la escuela (que había servido a su padre), hizo posible un progreso sorprendente en clásicos, escritura y aritmética.
Conjura contra el Pedante
A los doce años, reconocido como el mejor estudiante de la escuela, el narrador aprovechó su influencia para formar una facción de treinta muchachos y comenzó a organizar complots contra su perseguidor. Atacaban a aprendices rivales que habían reclamado su zona de juegos, participaban en escaramuzas de lanzamiento de piedras y se convirtieron en el terror del pueblo—incluso distintos bandos buscaban su ayuda para inclinar los conflictos locales a su favor.
Acoso del Heredero
El narrador aprovechaba cada día de asueto para acercarse a su abuelo, aunque el acceso seguía siendo difícil debido a sus numerosas primas que se unían contra él tomándolo como enemigo común. El heredero, de unos dieciocho años y entregado a la caza del zorro, había heredado la antipatía de su abuelo y con frecuencia azuzaba a sus beagles contra el narrador, alentado por el tutor que buscaba congraciarse con el astro naciente.
Demolición de los Dientes del Tutor
Acorralado por el tutor y sus sabuesos en una casa de labrador donde el narrador había buscado refugio, apuntó con un guijarro grande. Su puntería arrancó cuatro dientes delanteros del tutor, incapacitándolo para desempeñar las funciones de sacristán y vengando años de persecución.
CAPÍTULO III
El capítulo relata la llegada del tío materno del narrador, el teniente Tom Bowling, un marino curtido de complexión robusta que provee a su sobrino con lo necesario y resuelve persuadir al abuelo para que le procurara un porvenir. La pareja se dirige a la casa del juez, pero es atacada por los perros de la familia, Jowler y César, a quienes el teniente da muerte en un combate furioso antes de enfrentarse al joven señorito y exigir que le franquearan la entrada. Una vez admitido, el tío Tom aboga con vehemencia por el desamparado Roderick, contraponiendo a su pariente con el favorecido "Jack de buen tiempo" entre los primos, mientras las parientes lo denostan calificándolo de insolente marinero. El juez los recibe con fría cortesía y solo ofrece poner al muchacho de aprendiz con un artesano, propuesta que el teniente rechaza con indignación antes de partir con el narrador de regreso al pueblo, cuyas maldiciones retumban contra el viejo tiburón y la prole menuda que lo rodeaba.
La llegada del tío
Por aquel entonces, el único hermano de mi madre, un teniente de un buque de guerra que había estado largo tiempo en el extranjero, llegó a su propio país. Informado de la condición del narrador, vino a visitarlo y le proveyó de lo necesario. El tío resolvió no partir hasta haber persuadido al abuelo de que le asignara algo generoso para el porvenir del narrador. Sin embargo, esta tarea resultó difícil, pues el tío era del todo ignorante de la disposición del juez y de las costumbres de los hombres en general, habiendo recibido su educación enteramente en el mar.
Descripción del tío
El tío es descrito como un hombre de complexión robusta, algo patizambo, con un cuello como el de un toro y un rostro curtido por la intemperie. Su vestimenta consta de un abrigo de soldado arreglado por el sastre del barco, una chaqueta de franela a rayas, calzones rojos reforzados con brea, medias limpias de estambre gris, grandes hebillas de plata que cubren tres cuartas partes de sus zapatos, un sombrero galoneado de plata, una peluca negra de coleta, una camisa a cuadros, un pañuelo de seda, un sable con empuñadura de latón ceñido al muslo mediante un cinturón de encaje adornado, y un buen bastón de roble bajo el brazo. Así equipado, partió con el narrador hacia la casa del abuelo.
Viaje a la casa del abuelo
El tío y el narrador, que gracias a la generosidad de su tío ahora ofrecía un aspecto bastante decente, partieron juntos hacia la casa del abuelo. Su llegada se vio marcada por un encuentro con Jowler y César, dos perros que el joven primo había soltado ante su aproximación.
Encuentro con los perros
Estando bien familiarizado con la ferocidad de estos gozques, el narrador estaba a punto de huir, pero su tío lo agarró con una mano, blandió su cachiporra con la otra, y de un solo golpe dejó a Caesar tendido en el suelo. Al verse atacado al mismo tiempo por la espalda por Jowler, y temiendo que Caesar pudiera recobrarse, el tío sacó su alfanje, giró sobre sus talones, y con un golpe afortunado separó la cabeza de Jowler de su cuerpo.
Derrota de los Perros
En ese momento, el joven cazador de zorros y tres sirvientes armados con horquillas y mayales llegaron en ayuda de los perros, a quienes encontraron sin aliento en el campo. El joven señor quedó tan enfurecido por la muerte de sus favoritos que ordenó a sus servidores avanzar y tomar venganza de su verdugo, colmando al tío con todas las maldiciones y reproches que su ira pudo sugerir. El tío avanzó con un aire impávido, y ante la vista de sus armas ensangrentadas, sus antagonistas retrocedieron precipitadamente.
Enfrentamiento con el Joven Escudero
El tío se dirigió al joven escudero, explicándole que los perros lo habían abordado sin provocación y que lo que él había hecho fue en defensa propia. Le aconsejó que fuera cortés y los dejara pasar. No queda claro si el joven escudero malinterpretó el deseo de paz del tío o si se enfureció por la suerte de sus sabuesos más allá de su temple habitual, pero lo cierto es que arrebató un mayal de manos de uno de sus secuaces y amenazó con agredir al teniente, quien le respondió con una declaración de carácter náutico. La cólera del joven gentilhombre se vio contenida cuando percibió que sus acompañantes se habían escabullido dentro de la casa, cerrado la puerta y lo habían dejado para resolver la disputa por sí mismo.
Admisión ante el Abuelo
Siguió un cambio de impresiones durante el cual el joven escudero exigió saber quién era el tío y qué deseaba. Tras unos minutos de pausa, les franquearon la entrada y fueron conducidos al aposento del abuelo por entre una fila de parientes que honraron al narrador con miradas muy significativas a su paso. El abuelo, postrado con la gota, recibió a este pariente tras su larga ausencia con gélida cortesía.
Diálogo con el Juez
El tío, después de dos o tres reverencias a la marinera, se dirigió al abuelo llamándolo "padre" y le explicó que el muchacho que lo acompañaba era Roderick Random, su propio sobrino y de la propia sangre del abuelo. Exigió que el abuelo hiciera algo por el pobre muchacho, que había sido tratado de una forma muy poco cristiana. Contrastó esta negligencia con el favor mostrado al joven hidalgo, señalando que el narrador era pariente igual de cercano del abuelo. Reconvino al abuelo por los agravios cometidos contra el padre del narrador y le urgió a dar satisfacción antes de que fuera demasiado tarde.
La Reprimenda del Tío
Las jóvenes, sintiéndose demasiado preocupadas para contenerse, alzaron sus voces contra el tío, llamándolo compañero vil, marinero insolente y hombre grosero e impertinente. El juez mandó guardar silencio y reprendió con calma al tío por su comportamiento descortés, del cual dijo que lo excusaría en razón de la educación del tío. Aseguró que había sido muy bondadoso con el muchacho, habiéndolo mantenido en la escuela durante siete u ocho años, aunque se le había informado que el muchacho no adelantaba y era adicto a toda clase de vicios. El tío rebatió acaloradamente estas afirmaciones, declarando que el narrador era en realidad el mejor estudiante de su edad en todo el país, y que había sido abandonado como un naufragio a merced del viento y la intemperie por la negligencia del abuelo. Cuando el juez se ofreció a poner al narrador como aprendiz de un comerciante, el tío se negó rotundamente, diciendo que preferiría ver al muchacho ahorcado antes que de aprendiz con un sastre.
Salida de la casa
Con actitud desafiante, el tío declaró que había visto cómo estaba el terreno, afirmó que mientras él tuviese un chelín al narrador no le faltaría un tester, y proclamó que el anciano caballero tenía el otro mundo como destino, pero que estaba condenadamente mal aprovisionado para el viaje. Así terminó su visita. Regresaron al pueblo, con el tío murmurando maldiciones durante todo el camino contra el viejo tiburón y los jóvenes alevines que lo rodeaban.
CAPÍTULO IV
Este es el Capítulo IV de la obra, que narra los últimos días, la muerte y los trámites testamentarios póstumos del abuelo del narrador, junto con las diversas reacciones de su familia extendida ante los términos de su testamento.
El abuelo hace su testamento
Algunas semanas después de la primera visita de la familia al juez enfermo, este envía a buscar a un notario para formalizar su testamento, ya que su enfermedad ha avanzado desde las piernas hasta el estómago y es consciente de su muerte inminente.
Segunda visita al lecho de muerte del abuelo
Siguiendo el pedido del abuelo de que todos sus descendientes lo visitaran antes de morir, el narrador y su tío realizan un segundo viaje a su lecho de muerte, sumándose a una multitud de parientes reunidos en su habitación. El tío ofrece al moribundo un consuelo poco ortodoxo y burdo que escandaliza a los demás presentes, en particular al párroco de la parroquia.
Comentarios del tío en su lecho de muerte
Después de que el grupo se retira a otra habitación para escapar de los irreverentes comentarios del tío, un grito lastimero proveniente del aposento del abuelo confirma su muerte. Cuando el grupo regresa a la habitación, el tío interpreta un sueño reciente como un presagio de la muerte, haciendo vulgares comparaciones entre el fallecimiento del abuelo y un tiburón muerto siendo arrastrado al fondo del mar por el diablo, lo cual enfurece al párroco y desata una acalorada discusión.
Muerte del abuelo
El grupo confirma la muerte del abuelo tras escuchar los gritos de angustia de las jóvenes que lo atendían en sus últimos momentos. El heredero de la familia, el joven escudero, finge dolor y pregunta entre lágrimas si su abuelo realmente ha fallecido, y el tío confirma sin rodeos la muerte, lo que aumenta aún más las tensiones con el indignado párroco que condena su irreverencia.
Conjeturas sobre el contenido del testamento
Mientras esperan la lectura formal del testamento, programada para después del funeral del abuelo, los miembros de la familia especulan sobre el contenido de dicho testamento. Sabiendo que el abuelo posee una finca que genera £700 anuales y entre £6,000 y £7,000 en fondos que devengan intereses, las conjeturas incluyen que el joven terrateniente herede todas las propiedades inmobiliarias, con los fondos personales divididos entre el narrador y sus cinco primas, o bien que la mayor parte del dinero vaya a parar al narrador para expiar el mal trato que el abuelo le dio a su padre, con legados menores para las nietas.
Lectura del testamento ante los descendientes
A la hora señalada tras el funeral, el testamento se lee en voz alta ante todos los descendientes vivos del abuelo. El abogado anuncia que el joven escudero es el único heredero de todos los bienes inmuebles y personales del abuelo, sin que se asignen legados adicionales a ningún otro miembro de la familia.
Decepción de las primas con el testamento
Las primas, que habían esperado recibir herencias, reaccionan con conmoción y angustia. La mayor y más expresiva de las cinco se desmaya al enterarse de que no hay legados de ningún tipo, mientras que las demás muestran claras muestras de indignación y dolor, al menos tan genuinas como su luto por su abuelo.
Reacción del tío al testamento
El tío reacciona a las cláusulas del testamento con una indignación furiosa y grosera, insultando al abuelo difunto. El párroco lo enfrenta por su irreverencia, pero las jóvenes primas se ponen del lado del tío en contra del párroco, acusándolo de entrometerse en los asuntos de su abuelo y de difundir falsos relatos que provocaron su exclusión del testamento. El joven terrateniente se burla del tío sugiriéndole que cace al párroco como si fuera un tejón, y el tío, frustrado, declara que él y el narrador partirán de inmediato.
CAPÍTULO V
Después de que el comportamiento abusivo del maestro de escuela impulsa al narrador a buscar venganza, este conspira con sus leales amigos Jeremy Gawky y Hugh Strap, dos compañeros de clase que le deben favores por servicios pasados, para emboscar y azotar al pedagogo tiránico antes de partir hacia la universidad. El tío, habiendo tenido noticia de la crueldad del maestro, se une al plan y lleva a cabo el castigo personalmente, atando al aterrorizado maestro a un poste y propinándole una contundente paliza con un gato de nueve colas, tras lo cual el narrador se instala en un alojamiento en casa de un boticario en una ciudad universitaria, donde su tío le proporciona fondos para su manutención y educación antes de partir hacia su barco.
La generosidad del tío
De camino de vuelta al pueblo, el tío Bowling permaneció en silencio durante una hora, silbando sin parar con expresión adusta. Luego se adelantó rápidamente y se detuvo para exigirle al narrador que mantuviera el ritmo. A pesar de su carácter brusco, su buen natural se impuso cuando anunció que el maestro de escuela estaba "en el infierno" y se ofreció a llevarse al muchacho al mar con él, citando una canción de marinero sobre la suerte. Sin embargo, cuando el pasante de la escuela terció diciendo que sería una lástima desperdiciar el talento del muchacho, el tío Bowling resolvió generosamente costearle en su lugar una educación universitaria, cubriendo alojamiento y gastos en una población cercana famosa por sus colegios.
La brutalidad del maestro
Antes del día de su partida, el maestro ya no se contenía, ahora que el abuelo había fallecido. Insultó al narrador con lenguaje soez, llamándolo un malvado, disoluto, torpe y miserable mendigo, educado por caridad. Para mayor afrenta, el maestro denigró amargamente la memoria del juez Random, quien en realidad había gestionado su establecimiento, insinuando que el anciano caballero estaba condenado por no haber pagado la educación del narrador.
Proyecto de venganza
Este brutal trato convenció al narrador de que era hora de vengarse. Con los leales aliados Jeremy Gawky y Hugh Strap comprometidos a respaldarlo, tramaron un plan: cuando el ujier saliera a las cuatro en punto, el narrador cerraría de golpe la gran puerta para impedir su ayuda, y luego escupiría en la cara del maestro. Gawky y Strap arrastrarían al tirano hasta un banco y lo azotarían con varas de abedul a fondo. Si eran superados en número, pedirían apoyo a los demás alumnos. Gawky le debía al narrador por haberle salvado la vida de ahogarse y por rescatarlo repetidamente de las consecuencias al hacer sus ejercicios. La devoción de Strap provenía de haber salvado la vida del narrador a riesgo propio y de haber sufrido castigos en su lugar. Ambos planeaban abandonar la escuela al día siguiente: Gawky regresaría con su padre, y Strap iría a aprender el oficio con un barbero.
La ayuda del tío
Al enterarse del comportamiento del maestro, el Tío Bowling se enfureció y juró vengarse. Cuando el narrador reveló el plan, el tío lo aprobó pero cuestionó su plan de escape. "Déjenme eso a mí", declaró—él se encargaría de la huida. Preparó el instrumento de venganza con habilidad, ordenó que empacaran su equipaje con un día de anticipación y consiguió caballos para su fuga. Cuando llegó la hora, el tío aprovechó la oportunidad de la ausencia del pasante, entró precipitadamente y aseguró la puerta con el cerrojo. Aunque el narrador temblaba, llamó a sus aliados. Strap obedeció de inmediato mientras el narrador saltaba sobre la espalda del maestro y Strap le jalaba la pierna, derribando al tirano, en tanto que Gawky se unía a la celebración con un viva. El tío ató al maestro a un poste con una cuerda, le desnudó la espalda y le aplicó un castigo vigoroso con un gato de nueve colas, dejándolo retorciéndose y maldiciendo. El pasante fue atado a su propio escritorio como espectador mientras el teniente le daba al maestro de escuela una lección memorable.
Partida hacia la universidad
Después de la ceremonia, el tío Bowling invitó a toda la compañía en la taberna. Ofreció convertir al ujier en el preceptor de su barco si alguna vez llegaba a comandar una nave. Se despidieron con muchas lágrimas y se hospedaron en una posada a diez millas de la ciudad universitaria. Al llegar al día siguiente, el narrador encontró alojamiento satisfactorio con un boticario que se había casado con un pariente lejano de su madre. En pocos días, el tío Bowling partió hacia su barco después de haber establecido fondos para el mantenimiento y la educación del narrador.
CAPÍTULO VI
CAPÍTULO VI Resumen:** El narrador hace grandes progresos en sus estudios y gana popularidad en la ciudad, atrayendo la atención de sus primas adineradas. Cuando rechaza sus insinuaciones, ellas conspiran contra él. La desgracia de su tío lo deja en la indigencia, y enfrenta más traiciones y represalias antes de retar al Squire Gawky a un duelo.
Progreso en los estudios y creciente popularidad
**Progreso en los estudios y creciente popularidad** **Resumen:** El narrador, al reconocer su precaria situación y su total dependencia de su tío Bowling, se aplica con diligencia a sus estudios durante tres años. Alcanza dominio del griego, las matemáticas, la filosofía moral y natural, y desarrolla un talento para la poesía que recibe una acogida favorable. Su atractivo aspecto y sus logros le granjean la estima de los respetables vecinos de la ciudad y considerable favor entre las damas, el cual mantiene ridiculizando a sus rivales.
Las primas buscan entablar conocimiento
**Las primas buscan entablar relación** **Resumen:** Las dos primas del narrador, que antes lo habían tratado con desprecio, ahora viven en la misma ciudad con su madre tras la muerte de su padre. Su herencia las ha convertido en las herederas más codiciadas de la comarca, aunque no en las más hermosas. Se sospecha que su repentino interés por el narrador, ahora que su carácter ha llamado la atención, obedece al deseo de poner sus habilidades poéticas al servicio de su malicia o, al menos, de protegerse de sus ataques satíricos.
Rechazando los avances de las primas
**Rechazando los avances de los primos** **Resumen:** El narrador rechaza la propuesta de sus primos de cultivar su trato con desdén y evita sistemáticamente mencionar sus nombres en su poesía, ya sea al escribir sátira o panegírico. Este descuido mortifica su orgullo de manera excesiva y los enfurece hasta el punto de que resuelven hacerlo arrepentirse de su indiferencia.
Represalia y un amante enfurecido
Represalias y un amante furioso** Resumen: Los primos primero contratan a un pobre colegial para que escriba versos que atacan la pobreza del narrador y las muertes desafortunadas de sus padres, pero la pieza mal compuesta refleja en cambio más deshonra sobre ellos mismos, ya que ellos y sus parientes habían causado sus desgracias. Al encontrar este plan fallido, luego provocan a un joven caballero al decirle falsamente que el narrador había ridiculizado a su amada. Este amante furioso decide capturar al narrador la noche siguiente para zambullirlo en el río, a pesar de ser a mediados de diciembre.
Impidiendo la emboscada agachada
**Frustrando la emboscada** Resumen: El narrador recibe un aviso anticipado de la emboscada y toma una ruta alternativa para volver a casa. Con la ayuda del aprendiz de su casero, dispara una salva desde la ventana del ático que causa graves daños a los atacantes. El incidente se convierte en motivo de burla a costa de ellos al día siguiente, obligándolos a abandonar la ciudad hasta que la aventura caiga en el olvido.
Traición por parte de un confidente
La traición de un confidente** Resumen: A pesar de haber fracasado dos veces en sus intrigas, los primos logran que el compañero y confidente del narrador lo traicione. Esta persona revela a los primos los detalles de las aventuras amorosas sin importancia del narrador, quienes los publican con tales exageraciones que el narrador sufre enormemente en la opinión de todos y queda completamente abandonado por las mujeres cuyos nombres habían sido puestos en entredicho.
Noticias misteriosas de casa
Noticias misteriosas del hogar** Resumen: Mientras investiga el origen de esta traición, el narrador nota el comportamiento alterado de su casera. Ella anuncia que tiene cartas del señor Bowling—una incluida para él—y expresa su pesar por lo sucedido, sugiriendo que el comportamiento brutal del señor Bowling probablemente lo ha arrastrado a la desgracia. Da a entender que puede estar en problemas, pero elude toda responsabilidad personal, limitándose a ofrecer una vaga simpatía mientras insinúa que el narrador debería haber aprendido un oficio.
La explicación del tío Bowling
**La explicación del tío Bowling** **Resumen:** El narrador lee dos cartas: una del tío Bowling dirigida al boticario, en la que explica que abandonó el HMS Thunder tras verse obligado a matar al capitán Oakum en defensa propia en la playa del cabo Tiberoon, en La Española. Bowling se encuentra ahora a salvo entre los franceses y ha enviado una relación a su casero en Deal para que la ponga ante el rey. La segunda carta es una nota personal dirigida al narrador, en la que le aconseja que atienda sus estudios, le explica que el señor Potion seguirá cuidando de él por amistad y le promete un reembolso eventual.
Desalojo por parte del boticario
Desahucio del boticario** Resumen: Tras leer las cartas, el boticario notifica al narrador que debe abandonar el alojamiento en el plazo de una semana, alegando tiempos difíciles, gastos impagados por su manutención y la necesidad del apartamento para un nuevo aprendiz que llegará del campo. El narrador, indignado ante esta respuesta mezquina a sus reveses, salda su deuda hasta el último céntimo con su dinero de bolsillo y declara que no pasará ni una noche más bajo el techo del boticario.
Falsa simpatía de un amigo fingido
**Falsa simpatía de un amigo fingido** **Resumen:** El narrador sale a la calle con solo tres chelines en su bolsa, alquila un pequeño dormitorio a un chelín y seis peniques por semana pagados por adelantado, y a la mañana siguiente busca ayuda de una persona que siempre le había mostrado afecto y ofrecido su amistad. Este hombre lo recibe cordialmente e insiste en que desayune, pero cuando el narrador le explica su situación, parece desconcertado. Al enterarse de la digna partida del narrador de la botica del boticario, este supuesto amigo defiende inexplicablemente al boticario y le exige al narrador que no vuelva nunca por allí, a lo cual el narrador accede, reprochándose a sí mismo por no haber reconocido su falso carácter antes.
La indiferencia del escudero Gawky
La indiferencia del Squire Gawky** Resumen:** El narrador se topa con el Squire Gawky, a quien su padre había enviado a la ciudad para que se perfeccionase en escritura, danza, esgrima y otros conocimientos a la moda. El narrador le hace partícipe a Gawky de sus circunstancias apuradas y le pide un pequeño préstamo. Gawky le muestra un puñado de medios peniques junto con uno o dos chelines, asegurando que eso es todo cuanto posee hasta el día de pago trimestral, pues la noche anterior había perdido la mayor parte de su asignación jugando al billar. No expresa ni compasión por la desdicha del narrador ni deseo alguno de socorrerlo, lo que deja al narrador profundamente mortificado ante tal indiferencia.
Desafiar a Gawky a duelo
**Desafiar a Gawky a un duelo** **Resumen:** El narrador descubre más tarde que Gawky fue quien lo traicionó ante sus primos y también les había informado de su desdichada situación, proporcionándoles un gran triunfo. Resuelto a pedirle cuentas, el narrador toma prestada una espada y escribe un desafío en el que solicita a Gawky encontrarse con él en un lugar y hora determinados para responder de su perfidia con su sangre. Gawky acepta la invitación. A pesar de sentir una considerable reluctancia hacia el combate, manifestada en sudores fríos durante el camino, el deseo de venganza del narrador, la vergüenza de retractarse y la esperanza de victoria le permiten presentarse en el campo con buen talante.
La cobarde retirada de Gawky
**La cobarde huida de Gawky** **Resumen:** El narrador espera en el lugar acordado durante una hora más allá del tiempo señalado, complacido al saber que Gawky ha huido. Se dirige directamente a la posada de Gawky, descubriendo que este partió hacia el campo menos de una hora después de haber recibido el desafío. El narrador hace que esta historia de cobardía se publique en la prensa, aunque debe vender su sombrero con bordados de oro por menos de la mitad de su precio para costear los gastos y mantenerse.
CAPÍTULO VII
Tras haber sido reducido a la más absoluta indigencia, el narrador es convocado a una taberna donde conoce al señor Launcelot Crab, un cirujano corpulento de color morado que alberga un rencor amargo contra su rival Potion y cuyas esposas han discutido por cuestiones de precedencia en un bautismo. Crab contrata al narrador, sin un centavo, a pesar del orgullo de este último, alojándolo en un desván y explotando sus conocimientos de farmacia y cirugía, mientras que también lo utiliza para socavar a Potion y para llenar la vacante dejada por su aprendiz fallecido. El narrador pronto aprende el temperamento contradictorio de Crab —que reacciona al más mínimo placer compartido con furia y a la sumisión con una furia aún mayor—, así que adopta una postura audaz e inflexible que finalmente le gana el respeto a regañadientes de Crab y un modesto vaso de ponche. Cuando una criada declara estar embarazada e implica al narrador, este redirige el escándalo hacia Crab, quien, temiendo ser descubierto, trama abortar el embarazo; sin embargo, la negativa de la criada obliga a Crab a asegurar su silencio al arreglar un regalo económico de despedida para el narrador. Ahora considerado lo suficientemente esencial por su habilidad, pero ansioso por escapar, el narrador acepta el consejo de Crab de «lanzarse al mundo», recibe un modesto préstamo, una carta de recomendación para un miembro del Parlamento y parte hacia Londres con un guardarropa escaso, unos pocos textos médicos y diez guineas, llevando consigo la promesa de un puesto de ayudante de cirujano a bordo de un barco del rey, listo para la inminente guerra con España.
Abandonado en la Pobreza
Después de que se disiparan los vapores del resentimiento y se desvaneciera la vanidad del éxito, el narrador se encontró completamente abandonado y enfrentado a la pobreza extrema. La humanidad lo evitaba como si fuera una especie diferente, fuera del designio protector de la Providencia. Su desesperación lo había dejado casi aturdido cuando recibió la noticia de que un caballero deseaba verlo en una taberna.
Conociendo al señor Crab
El narrador se dirigió de inmediato a la taberna donde le fue presentado el señor Launcelot Crab, un cirujano de la localidad. Crab estaba bebiendo "pop-in", una mezcla de brandy y cerveza floja, junto con otros dos compañeros. Antes de explicar el motivo de la convocatoria, el narrador ofrece una descripción de este caballero para ilustrar lo que sigue y dar cuenta de su comportamiento.
Una descripción del cirujano
El Sr. Crab tenía cincuenta años, medía alrededor de cinco pies de estatura y poseía una barriga considerable. Su rostro, de complexión como una mora, se asemejaba a una luna llena, y su nariz—hinchada hasta alcanzar un tamaño enorme y cubierta de carbuncos—se parecía a un cuerno de pólvora. Sus pequeños ojos grises reflejaban la luz de manera tan oblicua que, cuando miraba directamente a alguien, uno habría pensado que estaba admirando la hebilla de su zapato. Guardaba un rencor implacable contra su colega cirujano Potion, quien, pese a ser más joven, tenía un mejor empleo y en una ocasión había realizado una curación que desmentía el pronóstico de Crab. Su rivalidad se avivó más allá de toda reconciliación cuando sus esposas discutieron en un bautismo por cuestión de precedencia, pasando de los insultos a los golpes.
Una oferta de empleo
Después de escuchar el relato del narrador sobre haber dejado el servicio de Potion, Crab manifestó su rencor hacia su rival, llamándolo «perro solapado» y «bellaco hipócrita». Los otros compañeros confirmaron su mala opinión de Potion, de quien nunca se supo que estuviera ebrio, salvo en una ocasión, durante una reunión piadosa en la que pronunció una oración improvisada de una hora entera. Crab le ofreció entonces empleo al narrador, asegurando haber oído buenas referencias de él. Cuando el narrador preguntó por las condiciones, Crab se indignó ante la sugerencia de mantenerlo como a un caballero, pero el narrador se ofreció a trabajar en la tienda de Crab para compensar el gasto de un oficial o un mozo de carga, pues poseía ciertos conocimientos de farmacia y cirugía adquiridos durante su tiempo con Potion. Pese a poner en duda la instrucción del narrador y declarar que esperaba poco bueno de él, Crab accedió a recibirlo «por caridad».
Los verdaderos motivos de Cangrejo
El narrador descubrió pronto los verdaderos motivos de Crab para recibirlo. Más allá de la satisfacción de la venganza contra Potion y la afectación de generosidad, Crab necesitaba a un joven que conociera el oficio para reemplazar a su aprendiz mayor, muerto recientemente bajo violentas sospechas de crimen a causa de la brutalidad del maestro. Este conocimiento, combinado con las observaciones diarias del trato que Crab daba a su esposa y al joven aprendiz, no contribuyó en nada a aliviar la situación del narrador.
Un temperamento peculiar
El narrador se propuso estudiar el genio de Crab con toda la aplicación y el tacto posibles. Descubrió una extraña peculiaridad que regía el comportamiento de Crab con todos sus dependientes: cuando estaba de buen humor, Crab era tan tacaño con su satisfacción que cualquier muestra de participación por parte de su esposa o de los sirvientes lo ofendía hasta un punto insoportable, desatando una furia cuyos efectos ellos siempre terminaban padeciendo. Por el contrario, cuando se encendía su indignación, la sumisión y los intentos de apaciguamiento siempre la exasperaban hasta límites irracionales.
Plantarle cara a Cangrejo
Cuando Crab insultó al narrador llamándolo «cachorro ignorante» y «pilluelo perezoso», el narrador respondió con audacia que no era ni ignorante ni perezoso, pues entendía y desempeñaba su oficio tan bien como Crab, y que descendía de una mejor familia que cualquiera con la que Crab pudiera pretender tener alianza. Crab pareció asombrado, blandiendo su bastón sobre la cabeza del narrador con un semblante diabólico. El narrador, convencido de que había llegado demasiado lejos para desdecirse y de que aquel era el momento crítico que decidiría su suerte futura, tomó de un golpe una mano de mortero y declaró que se defendería si lo golpeaban sin motivo. Crab permaneció en silencio, luego manifestó que el narrador pagaría por tamaña audacia y se retiró, dejando al narrador sumido en terribles aprensiones.
Ganando la supremacía
Estas aprensiones se disiparon en su siguiente encuentro, cuando Crab se comportó con una complacencia inusitada e invitó al narrador a una copa de ponche. Gracias a esta conducta, el narrador ganó ascendiente sobre Crab en poco tiempo y se volvió indispensable para él, pues administraba sus negocios mientras Crab estaba entregado a la botella. El narrador mantenía buenas relaciones con la esposa de Crab, cultivando su estimación al ridiculizar a la señora Potion y prestándole sus oficios cristianos cuando ella buscaba consuelo en la botella de licor para escapar de su marido bárbaro.
Dos años de servicio
El narrador vivió de esta manera durante dos años sin tener noticias de su tío. Mantenía pocas relaciones, pues no tenía ni el ánimo para disfrutarlas ni la capacidad para conservar amistades. El maestro Crab no le concedía salario alguno, y las pequeñas prebendas de su puesto apenas le proporcionaban lo necesario. El narrador ya no era un presumido petimetre atolondrado, elevado por la extravagancia de la esperanza; la adversidad le había enseñado cuán poco valen las caricias del mundo durante la prosperidad. Su aspecto se volvió austero y desaliñado, y no intentó buscar satisfacción de Gawky, cuyo resentimiento se había enfriado considerablemente.
El embarazo de la criada
Cuando el narrador se consideró lo suficientemente dueño de su asunto y comenzó a buscar la oportunidad de lanzarse al mundo, sobrevino un pequeño incidente: la criada de Crab le reveló al narrador que estaba embarazada y afirmó que él era el padre. Aunque el narrador no tenía motivo alguno para cuestionar tal imputación, estaba al tanto de las familiaridades entre la criada y su amo, y vio la oportunidad de sacudirse de encima aquella carga.
Desviar la culpa
El narrador le aseguró a la criada que no estaba encinta, sino aquejada de un trastorno propio de las mujeres jóvenes, que él podía eliminar fácilmente. Le recetó unos medicamentos que, según afirmaba, provocarían el aborto. Sin embargo, la criada, que había sido advertida por el narrador de sus designios y que conocía su verdadera condición, rechazó de plano sus indicaciones y amenazó con divulgar su situación si Crab no proveía lo necesario para la ocasión. El narrador adivinó el resultado de la deliberación de Crab por el discurso que éste le dirigió a continuación.
El dilema de Crab
Ante la amenaza a su reputación—ya que un escándalo por impureza resultaba particularmente dañino en su zona de la isla y le brindaría a su rival Potion un pretexto para insultarlo y socavarlo—Crab se encontró en un dilema. No podía simplemente descartar el asunto, pues sabía que el embarazo le proporcionaría munición en su contra. Sus opciones se veían limitadas por el temor a lo que su rival pudiera hacer con una información tan perjudicial.
Partida hacia Londres
Cangrejo se dirigió al narrador un día, expresando su sorpresa de que un joven no mostrara ninguna inclinación a buscarse la vida en el mundo. Le sugirió que podría embarcarse en un buque del rey como ayudante de cirujano, citando la próxima guerra contra España como una oportunidad para practicar y obtener dinero de los botines. El narrador aprovechó esta oportunidad tan deseada, pero explicó que carecía de fondos para lo necesario y para el viaje a Londres. Cangrejo se ofreció a prestarle dinero para el viaje y para su manutención en Londres hasta que pudiera conseguir un nombramiento para un barco. El narrador aceptó, sabiendo que la verdadera intención de Cangrejo era endosarle al bastardo a su cargo tras su partida. El narrador partió hacia Londres con un traje de ropa, media docena de camisas con volantes y otra media docena de camisas lisas, dos pares de medias de estambre, una caja de instrumentos de bolsillo, una edición pequeña de Horacio y la Cirugía de Wiseman, y diez guineas en metálico—toda su fortuna. Cangrejo tomó su pagaré con un interés del cinco por ciento y le dio una carta dirigida a un miembro del parlamento.
CAPÍTULO VIII
El capítulo VIII narra el viaje de Roderick Random desde Newcastle hacia Londres con su antiguo compañero de escuela Hugh Strap, marcando una compañía significativa dentro de la narrativa picaresca. El capítulo presenta a uno de los amigos más leales de Roderick al tiempo que lo somete a un encuentro angustiante con el bandolero Rifle en una humilde taberna. El episodio combina momentos de emotivo reencuentro, malentendido cómico y genuina tensión mientras Random sortea los peligros tanto del camino como de su alojamiento.
Llegada a Newcastle
Roderick completa su viaje a Newcastle-upon-Tyne en septiembre de 1739, tras haber viajado en una silla de carga entre dos cestas transportadas por arrieros que llevan mercancías a caballo. El modo de viaje, tedioso e incómodo, lo deja exhausto y entumecido por el frío. Decidido a no continuar más en condiciones tan desagradables, Roderick resuelve recorrer a pie el resto de su trayecto a Londres, antes que soportar la dificultad de caminar trescientas millas por caminos en pleno invierno.
Encuentro con Hugh Strap
Mientras buscaba los servicios de un barbero en Newcastle, Roderick se encuentra con Hugh Strap, su antiguo compañero de escuela de Escocia, quien lo reconoce a pesar de los años de separación. La reunión resulta emocionalmente abrumadora para Strap, cuya alegría por el encuentro le altera los nervios de tal manera que accidentalmente corta a Roderick tres veces mientras lo afeita. Después de intercambiar noticias sobre sus respectivas circunstancias, pasan la tarde juntos, profundizando su amistad reavivada.
Propuesta de Strap
Strap propone una alternativa al viaje por mar planeado por Roderick, advirtiendo sobre los peligros de una travesía invernal por la costa y la incertidumbre de los vientos que podrían retrasarlo indefinidamente. Ofreciéndose a acompañar a Roderick en el viaje por tierra, Strap se ofrece voluntario para cargar su equipaje y sugiere que pueden aprovechar los caballos o carruajes de regreso a lo largo del camino con un gasto mínimo. Conmovido por esta generosa oferta, Roderick acepta con gratitud, aunque Strap insiste en que ha ahorrado fondos suficientes para sus propias necesidades y confía en que un amigo en Londres les ayudará a conseguir empleo a ambos.
Salida de Newcastle
Los dos compañeros partieron al amanecer del 2 de septiembre de 1739, cada uno armado con un sólido garrote y llevando sus provisiones en una sola mochila compartida. Su dinero estaba cosido en los forros y cinturillas de sus calzones por seguridad, con tan solo algo de plata suelta guardada accesible para los gastos inmediatos del camino. Mantuvieron un paso vivo durante todo el día pero, desconocedores de las etapas apropiadas entre pueblos, se encontraron anochecidos lejos de cualquier posada respetable.
La Taberna del Seto
obligados por la oscuridad y la distancia a buscar refugio, Roderick y Strap se alojan en una pequeña taberna situada en un camino apartado a aproximadamente media milla de la carretera principal. Aquí se encuentran con un buhonero de Escocia que se une a ellos para una abundante cena de tocino y huevos con buena cerveza frente a una confortable chimenea. El posadero y su voluptuosa hija Betty los entretienen con gran buen humor, y Roderick se siente lo suficientemente vanidoso como para creer que ha logrado algún avance en ganarse el afecto de la joven. Los tres viajeros se retiran por la noche a una habitación amueblada con dos camas, mientras el buhonero asegura cuidadosamente la puerta con un tornillo de hierro y ofrece oraciones antes de dormir.
Una perturbación nocturna
A medianoche, Roderick se despierta sobresaltado por una violenta sacudida de su cama. Su compañero Strap está empapado en sudor y tiembla de pies a cabeza, tras descubrir que un peligroso salteador de caminos ocupa la habitación contigua. Strap guía a Roderick hacia una pequeña rendija en el tabique de madera a través de la cual pueden observar a un hombre robusto y fornido, de semblante feroz, sentado a una mesa con Betty, con unas pistolas colocadas frente a él. El descubrimiento sume a ambos viajeros en un estado de gran alarma.
Rifle, el asaltante de caminos
El bandolero, cuyo nombre es Rifle, revela en su conversación con Betty que acaba de dejar escapar un premio considerable: cuatrocientas libras en efectivo destinadas a reclutar soldados para el rey, además de joyas, relojes, espadas y dinero de los pasajeros. Muestra particular indignación hacia un cochero llamado Smack, que lo ha traicionado. Rifle alardea de sus otras adquisiciones de ese día: un par de pistolas con guarniciones de plata, un reloj de oro, diez monedas portuguesas sacadas de los zapatos de un cuáquero, y una caja de rapé de oro con un retrato en su interior, tomada de la prenda de una dama. Cuando los fuertes ronquidos del buhonero alertan a Rifle de su presencia, Betty sale en defensa de los viajeros, aunque Rifle amenaza con destruirlos a todos antes de dejarse persuadir y detenerse.
La huida del vendedor ambulante
Despierto e informado del peligro, el buhonero atisba por el agujero del tabique y se aterroriza tanto que cae de rodillas a rezar, prometiendo al Cielo que reformará sus prácticas deshonestas si lo libra del peligro actual. Cuando Rifle y Betty se quedan dormidos y empiezan a roncar al unísono, el buhonero desata silenciosamente una cuerda de su fardo, abre la ventana con gran destreza y baja sus mercancías al patio de abajo. Luego se despide de Roderick y Strap, pidiéndoles que duerman tranquilos y no informen de nada al posadero, antes de saltar desde la ventana al suelo, apenas a una yarda por debajo.
La mañana siguiente
A la mañana siguiente, Betty descubre la ausencia del buhonero e interroga a los dos huéspedes restantes, quienes fingen ignorancia y asombro mientras revisan su dinero y la mochila, encontrándolo todo seguro. Rifle, informado de la huida, se viste con prisa y monta su caballo, jurando vengarse del buhonero por haber levantado la alarma contra él. Durante el desayuno, Betty intenta sonsacar información mediante preguntas hábiles, pero Roderick y Strap se mantienen en guardia. Cuando llega el sonido de los cascos de los caballos, el paranoico Strap teme el regreso de Rifle, aunque Roderick los libra de la sospecha al achacar su timidez a un error necio.
CAPÍTULO IX
En su camino tras partir de una posada, el narrador y su criado Strap son alcanzados por el bandido Mr. Rifle, quien derriba a Strap de un disparo, aunque una compañía de jinetes armados que llega en persecución del salteador salva al narrador de correr la misma suerte; al examinarlo, Strap resulta estar únicamente aturdido por el miedo y no herido de muerte. Continúan hacia una posada cercana donde Strap descansa en la cama mientras el narrador observa a unos jugadores de cartas entre los que se encuentran dos granjeros, un oficial de aduanas y un cura llamado Shuffle que engaña sistemáticamente a los granjeros quitándoles su dinero antes de deleitar a la compañía tocando el violín, y durante la subsiguiente comida el cura resiente amargamente la vida acomodada de un vicario adinerado que pasa montado a caballo, lo que provoca que el oficial de aduanas revele que el cura es un tramposo y proxeneta notorio que obtuvo su cargo gracias a su conocimiento de los escándalos de la aristocracia.
Reanudación del viaje tras la despedida de la anfitriona
Roderick Random y Strap se despiden de su anfitriona, quien abraza a Roderick con ternura al partir. La pareja continúa su camino, aliviada de haber escapado de sus anteriores problemas. Apenas han caminado unas cinco millas cuando avistan a un jinete que se acerca rápidamente.
El asalteador de caminos Rifle alcanza y ataca a la pareja
El jinete que se acercaba se reveló como Rifle, el infame salteador de caminos que ya los había hostigado con anterioridad. Exige saber si Roderick lo reconoce, pero el terror ha dejado a Roderick sin habla. Strap cae de rodillas en el barro, suplicando desesperadamente por clemencia mientras identifica a Rifle por su nombre. El salteador declara que Strap jamás prestará testimonio en su contra, y entonces dispara su pistola contra Strap, que cae al suelo. Roderick permanece paralizado por el miedo mientras Rifle le apunta con una segunda pistola.
Llegan los jinetes perseguidores, el asalteador de caminos huye
Antes de que Rifle pueda cebar otro disparo, una compañía de jinetes armados con librea aparece en el camino. Rifle huye a caballo, dejando a Roderick de pie inmóvil. Los jinetes, liderados por un capitán a quien Rifle le había robado unas pistolas de bolsillo el día anterior, se detienen a investigar. El capitán descubre el cuerpo de Strap en el suelo y asume que se ha cometido un asesinato.
Strap es rescatado y llevado a una posada para recuperarse
Cuando uno de los sirvientes voltaa el cuerpo de Strap para examinar la herida, descubre que Strap todavía está tibio y respirando. Roderick inmediatamente le saca sangre a su compañero, quien vuelve en sí con gran alegría, habiendo sufrido solo una herida infligida por el miedo en lugar de la pistola. Strap apenas puede mantenerse en pie, así que caminan juntos hasta una posada que está como a media milla de distancia, donde Strap se va a la cama para recuperarse.
El capitán de los jinetes cae y recibe ayuda médica
El capitán, que había perseguido al salteador de caminos, llega pronto a la posada después de que la cincha de su caballo se rompiera durante la persecución, lo que le hizo caer en el barro. Se queja amargamente de sus magulladuras. El criado recomienda a Roderick, que tiene conocimientos médicos, para que le practique una sangría al capitán. Roderick realiza este servicio y es recompensado con media corona.
Partida de cartas en la posada con granjeros, recaudador de impuestos y cura
Durante el tiempo previo a la cena, Roderick observa una partida de cartas en la posada en la que participan dos granjeros, un oficial de aduanas y un joven cura que viste una sotana y una casaca desgastadas. La partida es claramente desigual, pues los dos granjeros, que juegan como compañeros, pierden todo su dinero en poco tiempo frente a lo que Roderick percibe como un par de fulleros. Cuando uno de los granjeros cuestiona la honradez del juego, el clérigo responde jurando y haciendo valer su honor.
El cura Shuffle hace trampa a los granjeros y entretiene con el violín
Roderick se escandaliza por el comportamiento indecente del cura, incluyendo sus juramentos y canciones obscenas. Para compensar por haber desplumado a los granjeros, el cura saca un violín escondido en el forro de su sotana y toca melodiosamente mientras canta. Su buen humor contagia tal alegría que los granjeros olvidan sus pérdidas, y todos los presentes comienzan a bailar en el patio.
Llega el vicario, el cura se burla de su comportamiento
Mientras bailaba, el cura divisó a un jinete que se acercaba y anunció la llegada de "nuestro maldito médico". Ayudó al vicario, un hombre de cara colorada de unos cincuenta años, a desmontar del caballo, interesándose con amabilidad por su salud. El vicario entró en la cocina con gran solemnidad, pidiendo cerveza y una pipa, sin apenas reparar en la compañía. Cuando el cura lo invitó a cenar, el vicario rehusó, explicando que debía comer en su casa. Tras la partida del vicario, el cura lo tachó de bribón y se quejó amargamente de tener que hacer todo el trabajo del vicario por solo veinte libras al año, mientras el vicario gozaba de dos beneficios eclesiásticos valorados en cuatrocientas libras anuales.
El grupo comparte la cena, el cura se marcha
Cuando la cena está lista, Roderick despierta a Strap, y comen juntos con la compañía en gran alegría. Después de la comida, una vez ajustada la cuenta, el cura se excusa y se marcha a caballo, dejando a los dos granjeros para que satisfagan al anfitrión como mejor puedan.
El recaudador de impuestos desenmascara las trampas y el pasado del cura Shuffle
El oficial de la renta, que había guardado silencio hasta ahora, revela que la treta de Shuffle de marcharse sin pagar es harto conocida. Explica que Shuffle adquirió retazos de saber mientras servía al joven Lord Trifte en la universidad, sobresale en la alcahuetería, y fue expulsado por empeñar la ropa de su señoría. El oficial de la renta, que había sido ayuda de cámara del Squire Tattle, contribuyó a conseguir la ordenación y el curato de Shuffle a cambio de su silencio acerca de la conducta del lord. El oficial de la renta confiesa que Shuffle es un fullero endiablado que baraja las cartas con una habilidad imposible.
Comentarios del posadero sobre el traslado del recaudador de impuestos y el cura
Cuando el recaudador de impuestos se marcha tras pagar su propia cuenta, el posadero sacude la cabeza y comenta que no todo pecador recibe su merecido. Observa que los taberneros no deben disgustar a los recaudadores y sugiere que si se pusieran en una balanza a Parrot Shuffle y al recaudador de impuestos, bastaría con añadir una paja a cualquiera de los platillos para que se inclinara el fiel. Añade que esta conversación es "bajo la rosa", es decir, que debe mantenerse en secreto.
CAPÍTULO X
El Capítulo X narra la captura y fuga del bandido Rifle, la posterior detención de Roderick y Strap en calidad de testigos, y la continuación de su periplo por diversos alojamientos, donde se topan con un alboroto nocturno y un maestro de escuela de formación clásica cuya hospitalidad viene acompañada de una factura inesperadamente elevada.
Detención del bandolero Rifle
El bandolero Rifle es alcanzado por dos sirvientes a caballo, pues su inferior montura le ha fallado. Tras disparar sus pistolas en una resistencia inútil, es hecho prisionero en medio del triunfo de los campesinos. En la posada, el antes aterrador Rifle aparece lastimoso y abatido, lo que infunde a Strap el valor suficiente para retarlo a una pelea por una guinea, aunque Roderick lo disuade de esta aventura tan temeraria.
Retención como prueba contra el bandolero
A pesar de su deseo de partir, Roderick y Strap son detenidos por sus captores para que sirvan como evidencia contra el salteador de caminos encarcelado. Sin otra alternativa que obedecer, se unen a la procesión que lleva a Rifle ante un juez de paz. Sus fortunas parecen alinearse con la ruta prevista mientras viajan hacia el pueblo del magistrado en las horas del crepúsculo.
Fuga del bandolero Rifle de la custodia
Al llegar a la residencia del juez, descubren que el magistrado se ha marchado a visitar a un caballero en el campo y no regresará hasta la mañana. Rifle queda encerrado en una buhardilla de tres pisos de altura, de donde parece imposible escapar; sin embargo, por la mañana, el pájaro ha volado. Ha salido por una ventana hacia el tejado, ha recorrido las casas contiguas hasta entrar en otra buhardilla, ha esperado a que los habitantes de la casa se durmieran y luego ha bajado y se ha dejado salir por una puerta abierta que daba a la calle. Las esperanzas de los captores de obtener una recompensa se ven frustradas, pero Roderick se regocija al verse libre para continuar su viaje.
Viaje al pueblo mercado y estancia en la posada
Decididos a recuperar el tiempo perdido, los viajeros avanzan con brío y cubren veinte millas antes del anochecer, llegando sin incidentes a una villa de mercado. En la posada, Roderick, agotado de tanto caminar, encarga a Strap que pregunte por carruajes con destino a Londres. Allí se enteran de que un carro pesado de Newcastle había pasado dos noches antes y que probablemente podrían darle alcance en uno o dos días. Tras una abundante cena de carnero picado, se retiran a una habitación que comparten con un sargento de reclutamiento.
Incidente de alojamiento nocturno del sargento de reclutamiento
Entre las dos y las tres de la madrugada, Roderick se despierta sobresaltado por un ruido espantoso: el sargento, dormido, ruge amenazas sobre clavar alabardas en los intestinos y hacer saltar los sesos. Strap, que salta de la cama en la oscuridad, choca contra alguien y grita «¡Fuego! ¡Asesinato!», alarmando a toda la casa. Las luces descubren al sargento, que había soñado que sus reclutas recién alistados se amotinaban, tumbado en el suelo, aturdido. El alboroto congrega una concurrencia absurda: la casera, en camisón y con los calzones puestos al revés; su marido, envuelto en las enaguas de ella; un tambor con un almohadón ceñido a la cintura; y otros cubiertos con mantas y sábanas. Por fin se restablece el orden, y la noche transcurre sin más trastornos.
Viaje al pueblo del maestro de escuela
Agotados por sus esfuerzos extra, Roderick y Strap llegan a una pequeña aldea al anochecer y buscan alojamiento. Dirigidos a una humilde posada, son recibidos por un venerable anciano de largo cabello canoso, sentado junto al fuego en una cocina ordenada. Para su sorpresa, se dirige a ellos en latín: "Salvete, pueri. Ingredimini." Roderick responde con fluidez citando a Horacio, deleitando a su anfitrión, quien le estrecha la mano y exclama: "Fili mi dilectissime!".
Alojamiento en la posada del maestro de escuela
El anfitrión resulta ser un maestro de escuela cuyos modestos ingresos lo obligan a guardar buen licor para los viajeros. Su hija, una doncella de mejillas rosadas, les sirve una botella de quadrimum: una excelente cerveza de cuatro años de la propia elaboración del maestro. La conversación fluye en latín, y el anciano comparte su filosofía de vida citando a Horacio: es más feliz en compañía de su botella y su amada edición de Horacio. Su esposa descansa en el cielo, su hija se casa la próxima semana, y él tiene dos placeres principales en la vida.
Hospitalidad clásica del maestro de escuela
El maestro agasaja a sus invitados con consejos y relatos de su propia vida mientras su hija prepara un ave para la cena. Disfrutan de una opípara comida y beben varias botellas de su excelente cerveza, hablando de literatura y del mundo. El anfitrión les asegura que alcanzarán la carreta de Londres antes del mediodía del día siguiente y que habrá espacio suficiente. Strap, admirando la benevolencia del anciano, espera que su alojamiento y entretenimiento sean gratuitos, aunque Roderick, más avezado en las cosas del mundo, se reserva su opinión hasta la mañana.
Disputa por la factura de alojamiento con el maestro de escuela
La mañana trae un decepcionante ajuste de cuentas: ocho chelines y siete peniques. Strap protesta por la cuenta aparentemente exorbitante, pero el maestro de escuela se limita a consultar su pizarra y confirma el monto. La cuenta desglosada incluye pan, cerveza, una gallina con salchichas, cuatro botellas de quadrimum, lumbre y tabaco, alojamiento y desayuno. Cuando Strap exige una rebaja, la hija se escabulle y regresa con dos hombres robustos que se hacen pasar por clientes matutinos, pero claramente destinados a intimidar. Roderick paga el monto íntegro, y al marcharse, Strap le cita a Horacio al maestro de escuela: «Semper avarus eget» (el avaro siempre carece), a lo cual el pedante responde con una sonrisa maliciosa: «Animum rege, qui, nisi paret, imperat» (gobierna tus pasiones, pues, a menos que obedezcan, ellas mandan).
CAPÍTULO XI
El narrador y su compañero Strap, tras sufrir pérdidas económicas, se unen a otros tres pasajeros —la señorita Jenny, un anciano usurero y el capitán Weazel con su esposa— en un carruaje. El viaje está marcado por las quejas de Strap, la bravuconería del capitán y una acalorada disputa por el alojamiento. Tras la cena en una posada, un error a medianoche conduce a Strap hasta el dormitorio del capitán, donde una serie de malentendidos cómicos que involucran un orinal, una falsa acusación de violación y violentos enfrentamientos entre los viajeros finalmente dan paso a la reconciliación y al sueño.
Lamentaciones de Strap
Strap reprende al narrador por malgastar el dinero, recordando sus propias penurias como aprendiz de barbero y jactándose de que podría haber luchado contra los cobradores de deudas. Cuando el narrador se ofrece a asumir todos los gastos él solo, Strap se ofende, insistiendo en que, aunque es pobre, tiene el ánimo de gastar como un caballero.
Divisamos la carreta
Después de caminar todo el día a paso rápido, el narrador y Strap avistan el carruaje a aproximadamente un cuarto de milla de distancia. Rendidos de cansancio, negocian con el conductor Joey para recorrer la distancia restante por un chelín.
La voz tremenda del capitán
Cuando Strap sube al carruaje, una voz formidable retumba: «¡Por la furia de Dios! aquí no vendrá ningún pasajero», paralizando de terror tanto a Strap como al narrador.
La retirada aterrorizada de Strap
Aterrorizado por el estruendo, Strap desciende del carruaje con gran velocidad, su cara blanca como el papel, y se niega a volver a entrar a pesar de los ánimos burlones de Joey.
Un Sacudón del Carruaje
El narrador entra en el oscuro vagón y toma un asiento vacío sobre la paja. Strap lo sigue con el equipaje, pero una sacudida repentina lo lanza directamente sobre el estómago del capitán.
La Conversación del Carruaje
Dentro del carruaje, los pasajeros conversan en la oscuridad. El capitán y su esposa lamentan tener que viajar en un transporte tan humilde, mientras que la señorita Jenny se burla de ellos por sus afectaciones y coquetea con el viejo usurero, quien responde con una risa débil y entre toses.
Llegada a la Posada
Al llegar a la posada, los pasajeros bajan del carruaje, lo que le permite al narrador tener su primera visión clara de sus compañeros de viaje.
Descripción de la señorita Jenny
La señorita Jenny es una muchacha vivaz y desenvuelta de veinte años, que lleva un sombrero ribeteado de plata en lugar de una gorra, un traje de montar azul ribeteado con plata deslucida, y porta un látigo.
El viejo usurero descrito
El viejo usurero es una figura renqueante y decrépita, con un gorro de dormir de estambre y un sombrero calado, de ojos hundidos y legañosos, y facciones afiladas y arrugadas que se juntan como un cascanueces cuando habla. Se apoya en un bastón con empuñadura de marfil y viste capas de ropa andrajosa y sucia.
El capitán Weazel descrito
Se revela que el capitán Weazel es un hombre pequeño y delgado de cuarenta años con un rostro marchito parecido al de un babuino, coleta larga y piernas desproporcionadamente largas. Vestido con una túnica de piel de oso, calzones escarlatas y medias de estambre, lleva una espada casi tan larga como él mismo y se asemeja a una araña o un saltamontes erguido.
Una riña por una habitación privada
El Capitán Weazel exige una habitación privada con chimenea para él y su esposa, pero el dueño se rehúsa. La señorita Jenny objeta sus pretensiones, sugiriéndole que espere a que los demás pasajeros terminen su comida si insiste en cenar solo.
Las réplicas de la señorita Jenny
Enfurecida por los aires de superioridad del capitán, la señorita Jenny lanza una diatriba, llamando a la señora Weazel una «zapatilla de diez libras» y «acopladora de la aristocracia», y tachando al capitán de «lastimoso, rebañaplatos, rizador alcahuete» que ha comprado su comisión de manera deshonrosa.
Cena juntos
Después de que el conductor de la carreta medie en la disputa, los pasajeros se reconcilian y se sientan a cenar juntos.
El error de medianoche de Strap
A medianoche, Strap se levanta para aliviarse pero, en la oscuridad, confunde las puertas y entra en la cámara del Capitán Weazel, metiéndose en lo que cree que es su propia cama.
La represalia del capitán
El capitán, que acaba de encontrar un orinal de repuesto y está él mismo a oscuras, confunde la cabeza áspera de Strap con la de la señorita Jenny y, escandalizado por la supuesta cita amorosa, vacía el recipiente sobre el barbero dormido.
La ira de la señora Weazel
La señora Weazel, furiosa por estar empapada, golpea al capitán repetidamente con el tacón de su zapato, injuriándolo como un celoso «hombre de varillas» y una «pobre rama marchita, seca y sin savia».
El grito de la señorita Jenny
Despertada por el ruido, la señorita Jenny grita «¡Violación! ¡Asesinato!», acusando al viejo usurero de intentar agredirla mientras duerme y pidiendo ayuda.
El predicamento del usurero
Los criados encuentran al viejo usurero desparramado en la cama de la señorita Jenny, donde ella lo sujeta de las orejas y afirma que él intentó arruinarla. Él protesta que es inocente, la llama demonio y amenaza con ahorcarse antes de que ella pueda sacarle dinero.
Una escena divertida
Los sirvientes llegan con luces para encontrar un cuadro entretenido: el capitán está de pie temblando en su camisa rota, su esposa solloza en la cama cubierta con el cobertor, el viejo usurero se acobarda con sus escuálidas extremidades expuestas, y la señorita Jenny grita que la han violado mientras lo sujeta con fuerza.
Reconciliación
El capitán se disculpa con su esposa, y se reconcilian. A la señora Weazel se le asigna la cama de la señorita Jenny, el capitán duerme con el maestro de la diligencia, y el narrador se retira para descubrir que Strap ya se ha marchado, habiendo huido aterrorizado durante la confusión.
CAPÍTULO XII
El Capítulo XII continúa el viaje narrativo picaresco con el Capitán Weazel participando en una serie de enfrentamientos y desventuras cómicas mientras viaja hacia Londres en un carruaje. El capítulo expone la cobardía y fanfarronería del capitán a través de múltiples pruebas, culminando en una broma orquestada por Joey y el narrador que deja al engreído oficial completamente humillado.