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Castles -- Fiction

Los misterios de Udolpho

La joven Emily St. Aubert soporta el encarcelamiento por su tío conspirador Montoni en el siniestro Castillo Udolpho en Italia, donde enfrenta terrores misteriosos mientras preserva su virtud y su amor por Valancourt, finalmente escapando para reencontrarse con él.

Radcliffe, Ann Ward · 2002 · 40 min

Este capítulo avanza el mecanismo gótico central de la novela —la investigación sistemática y el eventual desvanecimiento de los terrores sobrenaturales a través del coraje y la racionalidad— al mismo tiempo que enriquece su meditación sobre la mortalidad, la jerarquía social y la persistencia del pasado en los espacios aristocráticos decadentes. El episodio gira en torno al encargo del Conde a Ludovico de pasar una noche en los infames apartamentos del norte, convirtiendo lo que había sido una fuente de pavor para toda la casa en una prueba de valor individual y lealtad de clase. La narrativa revela la historia de fondo de Ludovico a través de un relato que cuenta mientras espera el amanecer: la historia del Barón de Brunne, un noble inglés que ocupó las habitaciones del norte un siglo antes y que fue despertado a medianoche por un misterioso caballero que lo desafió a un combate singular, para luego desvanecerse en la pared cuando el Barón aceptó. La historia inserta en la trama crea un efecto en capas de presencia sobrenatural del pasado, dado que el pasado parece repetirse en el presente, y el misterio de los apartamentos del norte parece tener raíces que se extienden mucho más allá de la reciente muerte de la Marquesa. El capítulo VI cierra un relato dentro de la novela, contado por el sirviente Ludovico mientras está sentado junto a un fuego que se apaga durante una tormenta violenta. La narrativa se centra en el Barón de Brunne, a quien un misterioso caballero inglés despierta a medianoche para exigirle cuentas por una antigua ofensa cometida por su antepasado contra la familia del caballero, y la resolución sobrenatural que se produce cuando el Barón acepta el desafío y el caballero se desvanece, dejando atrás pruebas de la veracidad de su reclamo y una advertencia sobre la persistencia de la culpa heredada.

Este capítulo entreteje la desaparición inquietante de Ludovico con el duelo continuo de Emily por Valancourt y la llegada de otro pretendiente, al mismo tiempo que profundiza en la atmósfera siniestra que rodea al Château-le-Blanc. La narrativa se abre con el conde incapaz de despertar a Ludovico del apartamento del norte, un detalle que establece la tensión de inmediato. Caminando solo por los bosques otoñales, el conde se sume en la contemplación, mientras que Emily, por separado, llora a Valancourt y vaga hasta la atalaya. Allí descubre un poema tallado en piedra que habla de amor perdido y muerte, cuyos versos parecen predecir su propio destino y profundizan su sensación de melancolía y presentimiento. El capítulo también presenta los esfuerzos del conde De Villefort para concertar un matrimonio entre Emily y un acaudalado terrateniente vecino, una alianza que le aseguraría su futuro económico pero que cortaría su última esperanza tenue de reencontrarse con Valancourt, obligándola a enfrentarse a la posibilidad de que debe elegir entre la seguridad y el único amor que ha conocido jamás.

La narrativa da un giro decisivo cuando Emily recibe la confirmación de que por fin puede reclamar las propiedades de su tía. Montoni ha muerto en circunstancias misteriosas mientras estaba encarcelado en Venecia —se sospecha que fue envenenado, aunque nunca fue formalmente acusado del asesinato del noble veneciano—. Orsino, su cómplice, corrió una suerte peor: fue declarado culpable y ejecutado en la rueda. Con este único obstáculo para su herencia eliminado, M. Quesnel demuestra de repente una preocupación atenta por su sobrina que había estado notablemente ausente durante sus años de sufrimiento, escribiéndole para instarla a regresar a Thoulouse para que puedan resolver los detalles legales de su reclamación. El viaje de Emily de regreso a Thoulouse se convierte en una peregrinación de recuerdos y arrepentimiento. Al acercarse a los paisajes familiares de Languedoc, reflexiona sobre los destinos melancólicos tanto de su tía como de Montoni, cuyo paso de presencia dominante a simple tierra le parece rápido y como una sombra. Las desgracias de su tía la hacen llorar, superando cualquier atisbo de juicio moral. El propio paisaje despierta los dolores más profundos de Emily. Desde la cima de la colina desde la que se despidió por última vez de este país querido, contempla los Pirineos una última vez antes de descender a Thoulouse, la ciudad que ahora está asociada menos a Valancourt que a Madame Cheron y la opresión que sufrió allí.

El regreso de Emily a La Vallée supone un momento clave en la novela, que combina un dolor agudo con un consuelo tierno. Cuando entra en la finca donde vivió su padre, la crudeza de su dolor se ha suavizado hasta convertirse en algo agridulce: el tiempo ha mitigado tanto su sufrimiento que ahora acoge con alegría los paisajes y objetos que le recuerdan a él. Se sienta en el sillón de su biblioteca, reflexionando sobre tiempos pasados con “resignación templada”, y descubre que las lágrimas que derrama “apenas son de dolor”. La propia casa se convierte en un santuario donde sus padres parecen casi presentes en el calor persistente de su antigua ocupación, y Emily resuelve permanecer aquí, rodeada del campo apacible y de la fiel Theresa, en lugar de regresar a la grandeza artificial de la sociedad de Thoulouse. Este regreso a casa no supone un final, sino una restauración, ya que Emily recupera el lugar donde se formó su identidad y se prepara para reconstruir su vida sobre los cimientos de las enseñanzas morales de su padre y su propia experiencia duramente conseguida.

Después de una agradable quincena en el Château de St. Foix, el conde De Villefort y lady Blanche se preparan para continuar su viaje hacia el Château-le-Blanc, donde Blanche va a casarse con el joven M. St. Foix. El camino atraviesa algunas de las zonas más salvajes de los Pirineos —terreno por el que nunca ha pasado ninguna carroza—, así que el conde contrata mulas y dos guías robustos muy familiarizados con los pasos de montaña, los bosques y las escasas cabañas dispersas por estas alturas desoladas. Al atardecer, los viajeros se encuentran con un grupo de campesinos franceses y españoles acurrucados de miedo, que les advierten que unos bandidos han ocupado el paso que tienen por delante. El conde tranquiliza a Blanche sobre los peligros de la montaña, explicándole que los contrabandistas franceses y españoles recorden estas regiones con frecuencia, a veces chocando con tropas reales en enfrentamientos desesperados. Mientras se acerca una tormenta, los viajeros llegan a una posada desolada donde son rodeados por hombres armados que se revelan como los propios bandidos que temían, toman cautiva a toda la comitiva y los llevan a Udolpho, ahora ocupado por los restos de la banda de Montoni, que han regresado a su antigua fortaleza después de su muerte. Esta sección narra el culminamiento dramático de las maquinaciones de los villanos y el rescate final de Blanche y sus compañeros de la fortaleza de los bandidos en Udolpho. La escena se abre con los rufianes deliberando sobre cómo ejecutar a sus cautivos cuando un grupo de rescate, liderado por los sirvientes de Emily y los campesinos locales, ataca la fortaleza, mata a los bandidos y libera a los prisioneros en una secuencia culminante que pone fin de forma violenta a la amenaza de Udolpho.

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