El trauma destroza la mente de Emily. Se queda sentada mirando a Annette con la vista perdida, sin poder hablar, solo emitiendo de vez en cuando suspiros profundos y sin lágrimas. Annette va a buscar a Montoni, pero Emily solo lo mira con una expresión vacía, respondiendo a sus preguntas con un débil «sí». Cuando él se va, ella le pregunta quién era el visitante, y cuando Annette le dice que es Montoni, repite el nombre una y otra vez como si no pudiera recordarlo, luego gime y vuelve a caer en su letargo. Annette la acuesta, y Emily se agarra a ella, suplicándole que no se vaya, diciendo que todo el mundo la abandonó después de que murió su padre. El recuerdo de su padre desata su dolor, y llora suavemente antes de caer en un sueño agotado, con Annette velando a su lado.
CAPÍTULO II
El capítulo se abre con un epígrafe de Il Penseroso de Milton, que medita sobre el alma atrapada en un cuerpo mortal, y continúa con Emily despertando confundida, sin saber si los horrores de la noche anterior eran reales. Annette le asegura que sí lo eran, luego le explica que siguió a Emily hasta la terraza, se coló por la puerta detrás de Barnardine, la siguió por las bóvedas de la capilla hasta el patio del castillo, luego salió corriendo a buscar a Montoni y Cavigni cuando vio a los jinetes que esperaban. Emily, aún conmocionada, pide ver a Montoni para suplicarle que le permita regresar a Francia ahora que su tía ha muerto. Montoni envía un mensaje diciendo que la recibirá en una hora, y Emily pasa ese tiempo sumida en una duda angustiosa, temiendo su ira pero desesperada por marcharse. Cuando pasa la hora, Montoni envía un segundo mensaje en el que dice que no puede recibirla hasta el día siguiente, y ella siente alivio.
Esa noche, se queda despierta esperando la música misteriosa que escuchó semanas atrás, con la esperanza de encontrar consuelo. Justo después de la medianoche, escucha un gemido débil proveniente de la muralla inferior y ve una figura alta y silenciosa de pie en la terraza. Le hace señas para que se acerque, luego desaparece. Un centinela se acerca a su ventana para preguntarle si vio algo, y más tarde dos soldados pasan llevando a un compañero llamado Roberto, que se desplomó en un ataque después de ver a la figura. Los soldados insisten en que es el diablo, que ya lo habían visto antes y que ningún mortal podría entrar en el castillo después del anochecer. Emily está dividida entre el terror y la curiosidad, y decide vigilar la terraza de nuevo la noche siguiente.
El capítulo revela que el conde Morano es el cerebro del plan de secuestro: aún obsesionado con Emily y decidido a reclamar sus propiedades, sobornó al portero del castillo y a Barnardine para que la atrajeran hasta la puerta, con la intención de llevarla a Venecia y obligarla a casarse. Ahora Montoni sospecha que Morano también intentó envenenarlo.
CAPÍTULO III
El capítulo se abre con un escalofriante epígrafe de Comus de Milton, que evoca las sombras de los osarios y las tumbas recién cavadas, y continúa con Emily nerviosa esperando a que Montoni la haga llamar. Cuando lo hace, se dirige al salón de cedro donde Montoni se reúne con los oficiales Verezzi y Orsino. Sin darse cuenta, escucha que discuten sobre una redada inminente: Verezzi quiere liderar una carga directa, Orsino defiende que se haga una emboscada. Verezzi llama cobarde a Orsino, Orsino intenta apuñalarlo, pero Montoni lo detiene. Verezzi desenvaina su espada, acusando a Montoni de haber contratado asesinos, y Montoni se enfrenta a él en un duelo breve antes de que se reconcilien. Después, Montoni consulta asuntos privados con Orsino, dejando a Emily conmocionada.
Más tarde, Montoni le dice a Emily que su tía está encerrada en la torre del este. Ella le ruega poder verla, y él accede. Sube sola a la torre; las escaleras están resbaladizas por la sangre seca de un sirviente herido que había subido a Madame Montoni, y encuentra a su tía demacrada y con fiebre, abandonada a morir sin ningún tipo de cuidado. Madame Montoni explica que Montoni la encerró porque sospechaba que había intentado envenenarlo, y le ha negado todo tratamiento para acelerar su muerte y así poder apropiarse de sus bienes. Emily se queda con ella durante horas, después le ruega a Montoni que traslade a su tía a su propio apartamento. Al principio se niega, pero cede cuando ella le suplica.
Esa noche, Emily se queda velando a su tía, después regresa a su habitación, donde vuelve a ver la figura misteriosa en la terraza. Le hace señas, luego desaparece, y un centinela le dice que su compañero Roberto ha tenido otro ataque al verla. Los soldados insisten en que la figura es el diablo, y Emily se queda sin explicación alguna, mientras su miedo y su curiosidad crecen.
El capítulo también explica quiénes eran los condotieros: soldados mercenarios disueltos que recorrían Italia en esta época, contratados por estados en guerra para luchar a cambio de un pago, que se dedicaban al saqueo cuando no estaban empleados, y que solían tener su base en fortalezas remotas como Udolpho. Montoni, cuya fortuna se ha desplomado, ha decidido imitar a estos hombres, usando su castillo como base para el saqueo y el trabajo mercenario. El temor de Emily a que se trate de un barón ladrón es en parte acertado: es un condotiero, un capitán mercenario sujeto a las brutales normas de los estados en guerra italianos.
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