Nick Carraway se muda a Nueva York en 1922 y se enreda en las vidas de su adinerado vecino, Jay Gatsby, y su prima Daisy Buchanan. A medida que se revelan las lujosas fiestas de Gatsby y su pasado ilícito, su desesperado intento de recrear la historia con Daisy se transforma en violencia, traición y el colapso del Sueño Americano.
Nick Carraway abre su historia con un consejo paterno que ha moldeado su carácter: cuando sienta la tentación de criticar a otros, recuerde que no todos han disfrutado de las mismas ventajas. Esta filosofía de tolerancia lo convirtió en confidente de almas atormentadas durante su juventud, pues la gente percibía en él una disposición a escuchar sin condena. Sin embargo, la costumbre tuvo un precio, exponiéndolo a revelaciones tediosas y a la carga de secretos que nunca estuvieron destinados a él. Ahora, al mirar hacia atrás en los acontecimientos que siguieron a su migración al este, Nick reconoce que incluso su paciencia tiene límites. El caos y la imprudencia moral que presenció lo dejaron agotado de la complejidad humana, excepto en el caso de Jay Gatsby, cuyo optimismo romántico escapó de alguna manera al desencanto de Nick.
Los Carraway han sido ciudadanos establecidos y prósperos de una ciudad del Medio Oeste durante tres generaciones. Nick se graduó de Yale en 1915 y después luchó en la Gran Guerra, regresando a casa con una inquietud que hizo que su entorno familiar le resultara de repente asfixiante. El Medio Oeste ya no parecía el centro vital de nada; se había convertido en un remanso provincial. En busca de reinventarse, Nick decidió probar fortuna en el negocio de los bonos. Su familia discutió el plan con la deliberación cautelosa que podrían haber aplicado a la selección de un internado, y su padre accedió a financiar un año de experimentación. En la primavera de 1922, Nick se dirigió hacia el este, con la intención de que el traslado fuera permanente.
Había planeado vivir en la ciudad, pero el clima cálido y los recuerdos del campo abierto lo llevaron a alquilar una casa modesta en West Egg, una península estrecha que se adentraba en Long Island Sound. La vivienda estaba deteriorada y carecía de distintivos, encajonada entre dos propiedades extravagantes. Una de estas propiedades vecinas eclipsaba todo lo cercano: una extensa imitación de una mansión provincial francesa, completa con una piscina de mármol y amplios jardines. Pertenecía a un hombre llamado Gatsby, aunque Nick aún no lo había conocido. Al otro lado de una pequeña bahía se encontraba East Egg, donde las familias de dinero antiguo mantenían sus palacios blancos en un aislamiento refinado. La geografía de las dos comunidades reflejaba su división social: idénticas en forma, vastamente diferentes en carácter.
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